lunes, 3 de noviembre de 2014

LA POSESA

Me gusta mi profesión, sí, me gusta, aunque haya momentos en que mi espiritu salvador se torne asesino con según quién. Cuando estudiaba mi carrera, los profesores hablaban de la comprensión, de la dulzura, de la entrega de la enfermera a los cuidados de los pacientes. Hablaban y hablaban durante horas del buen método, de la paciencia, de los sentimientos compartidos. Nos repetían una y mil veces que la empatía era fundamental, que cuidado con el ponerse en el papel del paciente, que no compartieramos sentimientos, que nos mantuvieramos en nuestro lugar. Y prometo que lo he hecho, pero..., a veces el cuerpo te pide guerra. A que me refiero?. Lo aclaro...
Soy enfermera desde hace 20 años, afuuu, si miro la orla ya no me acuerdo ni a la vecina de fila. Y en todo este tiempo me he encontrado con pacientes que más que enfermos parecían poseidos. Lo juro. Os cuento. Mujer menor de edad en el Servicio de Urgencias acompañada por sus padres. Su patología es lo de menos, lo más preocupante es la educación. El aspecto era una mezcla entre "pilingui" y posesa. Sus movimientos descoordinados, su lengua viperina y su volumen de voz, de ese tipo chirriante que te produce un pitido en los oidos. Con este tipo de adolescentes suelo tener poca paciencia, la verdad. Después de dejarla que soltase por su boquita todo tipo de improperios a sus progenitores, asustara a los pobres pacientes que esperaban en la sala de espera, que sus gritos se oyeran en el exterior del servicio, la pasé a la consulta e invité a sus padres a que tomaran el aire fuera si les apetecía. Cualquier padre con dos dedos de frente le hubiese volcado encima un litro de agua bendita y hubiese salido de la consulta cual alma que lleva el diablo en busca de un cura. Estaban cansados de la niña, se les notaba, y salieron a ventilar su verguenza ajena. La niña me fundió con su mirada, bueno, eso creía ella. Su boca empezó a vomitar todo tipo de insultos, recuerdos a mis muertos, me llamó lo innombrable mientras su rabia aumentaba y su saliva salia disparada con cada palabra. Me dediqué a mirarla, esperando a que se le agotara la pila o la baba. Y coño, se le acabó antes la baba, y empezó a toser, y no era capaz de hablar, tenía la garganta seca, aunque yo creo que realmente la tenía fundida por el veneno. Aproveché para acercarme a ella y le pregunté si estaba mejor. Afu, la volví a activar, otra vez mis muertos, cambiando mi profesión y vuelta a las babas. Agotada su garganta de nuevo me acerqué a ella y le dije al oido: "si yo fuera tu madre te daba un par de xxxxxxx y te cerraba ipsofacto esa bocaza". La niña, que no tenía desperdicio me espetó: "si tu fueras mi madre me iría de casa". Es que me lo puso a huevo: "si tu fueras mi hija YO te echaría de casa, no soportaría tener una lercha así por hija y pasarme la vida avergonzada por tu pinta y tu lengua". En ese momento entró su madre, ella se calló y me miró desafiante como si hubiera ganado la batalla dialéctica, veía el triunfo en sus ojos...Su madre me miró, se giró hacia ella y le dijo: "Túmbate inmediatamente en la camilla, cierra esa boca asquerosa y ponte quieta porque soy capaz de atarte a la camilla yo misma". Fué una bocanada de aire fresco, mis ojos hacían chiribitas. La niña del exorcista ni pestañeó, se acabaron los gritos y los insultos.Por fin se calló.
Soy enfermera, me gusta mi trabajo, practico la empatía , intento cuidarles de la mejor forma, pero no soporto a este tipo de pacientes, no tengo porque soportarlos, esto no forma parte de mi trabajo.Así que seguiré siendo impasible con este tipo de elementos. Por cierto, me alegro que su madre haya despertado. Buena noche.

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