sábado, 17 de junio de 2017

MI GUERRA

Hola, me llamo Julia, tengo 50 años,soy madre de dos adolescentes estupendos,  narradora de este blog, enfermera vocacional, amiga de mis amigos hasta la médula, gran defensora de la sonrisa y de los abrazos, amante de los paseos por la playa, apasionada por la música, enamorada de la fotografía y desde hace diez días, enferma de cáncer.
Estoy segura que más de uno se acaba de echar las manos a la cabeza mientras piensa: ¿cómo puede decirlo así, de esta forma tan inpersonal, tan fría, tan clara?. Pues porque yo no me lo he buscado, simplemente él ha querido instalarse en mi pulmón, así, sin previa invitación. Creo que lo odio, no, lo sé, lo odio, y no lo quiero en mi cuerpo, ni cerca de mis hijos, ni tan siquiera en mi mundo. Pero ahí está, hasta ahora tan callado mientras crecía, sin darme la oportunidad de habérmelo cargado antes. Un fallo no, muchos, tres años de fallos. Y muchos oídos sordos. Desidia.
¿Y qué siento?. Pues no lo sé, una mezcla de sentimientos bestiales: miedo, odio, pena, ira, desesperanza, debilidad, incredulidad, frío, vértigo, angustia, y todo esto elevado a la enésima potencia. No ha sido una buena semana, demasiadas malas noticias, demasiada carga para una vida, demasiada condena.
Oigo una y otra vez palabras de ánimo, que agradezco de corazón. Me han abrazado hasta el ahogo, intentando exprimir el miedo. Me han enternecido sus lágrimas, curiosa reacción la mía, realmente ellos me emocionan mucho más que este extraño  que crece en mí.
Me sorprende como aprovechan mis movimientos y mis ausencias para preguntarle a los míos cómo es posible que mantenga el humor y la sonrisa intacta. Ni yo sabría contestar a eso en este momento.
Vivo en un tiempo de descuento hasta el día de la cirugía; no quiero pensar en verano, ni en navidad, ni más allá de dos días en mi vida. Sé lo que voy a hacer mañana y quizás pasado, pero no el otro .
He hablado con mis hijos,les he explicado lo que me ocurre, aunque no tengo claro que hayan entendido que esto será una guerra dura, de la que me gustaría protegerlos, a sabiendas de que no podré hacerlo. He visto llorar a mis amigos, he visto mi miedo en sus ojos, he secado sus lágrimas mientras mis manos temblaban y he tomado la decisión de mantener la serenidad y la esperanza.
En unos días comenzará una pelea dura, intentaré no decaer ni perder el hilo de la sensatez, prometo intentar esquivar los pensamientos grises y tornarlos de color, buscar la fuerza en la positividad, arañar la esperanza de la última capa de mi optimismo vital, soñar con la curación.
Y para esto os necesito, no tengo que decir quienes sois, eso lo sabeis, cada uno en su espacio, cada uno en su forma, pero todos necesarios. Un abrazo, unas palabras, esa mano que me sujete, el beso en la frente, una llamada, un lo siento o un no te dejaré caer, todo vale porque son piezas que encajan en esta situación de caos.
Hola, me llamo Julia, soy la autora de este blog y tengo cáncer. Y os prometo que lucharé para quedarme aquí hasta el final. Buena noche.


sábado, 3 de junio de 2017

LONDRES Y YO

Hace tanto tiempo que no escribo...quizás por no delatarme, por no querer demostrar lo que no quiero que se sepa, quizás por "esconder" mis sospechas. Pienso en mi vida, sí, a diario, cada etapa que he pasado, cada pena que he vivido, cada alegría de la que me he olvidado. Quizás mala suerte, quizás estaba escrito en el diario de mi vida, quizás alguien pasó algo por alto, maldita sea. A unas horas de disipar una duda que me está matando, me encuentro en una situación de indiferencia ante un futuro próximo. No, no es que me dé todo igual, es como si el tobogán por el que me deslizo fuese tan resbaladizo que sería un gasto de energía intentar frenar. Me resultaría más efectivo dejarme caer y ver que hay al final del descenso. Acepto lo que haya, estoy demasiado cansada para plantearme por qué, demasiado hastiada para pensar en un pasadomañana que me agota sólo con pensarlo. Y eso no significa que tire la toalla, no, ni hablar, sólo que necesito tiempo para que las cosas transcurran por una vía natural, y ver lo andado y las cosas desde la distancia. Pienso que he tenido una vida que quizás no me he merecido, eso si lo piendo egoistamente. Pienso que he hecho lo que he podido para solucionar los problemas de los más, que he luchado lo impensable por ayudar a mis hijos, que siempre que alguien me ha necesitado he corrido para estar en primera fila de su alivio y conseguir su bienestar. He mantenido todos mis sentidos alerta para que nada se me escapara, he cuidado en mi casa, a mi familia, a mis amigos, a mis pacientes...
He mantenido un luto invisible para muchos, he llorado en silencio y sin lágrimas, he gritado sin producir ningún sonido, sólo para que nadie supiera lo que que me dolía y cuanto.
Y siento miedo, como lo tendría cualquier persona en mis zapatos. Ella me dice : "no sé cómo lo haces, yo me volvería loca". Y no lo hago, mi querida amiga, sólo dejo que el tiempo transcurra, y con él el temor, porque si lo dejo correr es imposible pararlo, como la corriente al abrirse una puerta hueca y así imagino que pasará de largo.
Ultimamente pienso en que he vivido lo que me ha tocado, tanto bueno y tanto menos, pero lo que me tenía preparado el destino. A la pregunta de que si tengo miedo, la respuesta es NO. Ojalá la vida me tenga preparada gratas sorpresas, pero también estoy preparada para cargar con mi maleta a pesar de no haber reservado este billete. No me gustaría, pero sí lo haría si no tuviera más oportunidades. Si me preguntas que deseo pediría antes de irme, no podría pedir uno, por derecho debería de dejar varios deseos en el aire escritos, pero el primero ante todo sería para mis dos hijos, para que la vida los proteja, para que vivan el amor con sus amores elegidos, para que puedan abrazar a sus hijos como lo he hecho yo con ellos, para que envejezcan al lado de sus personas amadas, que lo poco y bueno que les he enseñado lo transmitan con la misma ternura con la que yo lo he intentado...
Aún pecando de contradictoria, me gustaría sentir sus vivencias, quizás por el egoismo de madre, quizás por llevarme ese sentimiento en mi maleta. Sé que allá no voy a estar sola, hay demasiadas personas pérdidas a las que echo mucho de menos, hay demasiados abrazos que han quedado pendientes, hay demasiadas almas que añoro...
Hoy no es un buen día, estoy escuchando las noticias de otro absurdo atentado que ha llenado las calles de Londres de vidas perdidas. Hablan de números, tan despersonalizado, tan poco valorados. A estas horas hablan de siete víctimas, así de frio, sin pensar en las familias, amigos, compañeros que aún no habiendo perdido sus vidas, han visto como sus normalidad ha sido atacada a acuchilladas, si no cortantes, igual de hirientes.
No quiero religiones que maten, no quiero dioses llenos de sangre, no quiero muertos ni familias heridas para siempre, no quiero irme, no quiero dejar a los míos, no quiero en el caso de que deba hacerlo, irme con miedo. Buena noche, aunque ni la vida ni el terrorismo nos lo permita hoy.

sábado, 25 de febrero de 2017

PELUQUERIA II

Ayer me levanté como cada mañana esquivando peligrosamente los marcos de las puertas, encendí la luz del baño y entonces vi un reflejo en el espejo que no me gustó. Pasé los dedos por aquellas profundas ojeras, intenté recolocar un flequillo indescriptible... !!!alto, esta no puedo ser yo!!. Corrí como una posesa hacia el teléfono y llamé a MI peluquería.
Esta mañana me levanté temprano, desayuné y me fuí a mi refugio, la peluquería de mi Cris. Me recibió una chica desconocida. Reconozco que no me gusta que alguien que no me conoce me trate como si tuviera mi sangre: "hola, Julia, qué tal te va". Primera reflexión mientras me quitaba el abrigo: ¿que qué tal me va, de qué?, ¿qué sabes de mi vida?, ¿quién vienes siendo?, ¿no me tocarás tú la cabeza, no?...
Me sentó en un sillón distinto, no era MI sillón, pero por qué me desubicas, si yo siempre me siento en el mismo sitioooo...Cojo aire, le haré caso, no puedo ser así de puntillosa, o sí, no sé...
Me siento como una reina destronada y dejo que coloque la toalla y el protector sobre mis hombros. Se va, y yo espero a mi Cris, que está acabando de peinar a otra clienta. De pronto se acerca "la nueva" por mi espalda arrastrando un carro lleno de pinceles y botes de colorante, al grito de "qué quieres que te hagaaaa". Giré mi silla a la velocidad de la luz y la frené en seco: "NADA, quiero que me atienda mi Cris". Así como llegó, salió espantada conduciendo de forma  peligrosa aquel carro lleno de instrumentos del demonio.
En cinco minutos llegó MI peluquera, la única peluquera a la que le permito que me toque la cabeza después de todas las barrabasadas que me han ocurrido en otras ocasiones. Me puso la mano en el hombro como intentando relajar aquel cuerpo tenso. ¿Hacemos lo de siempre?. Sí, sólo le dije sí y ella entendió todo lo que yo quería hacerme. Es que MI Cris me conoce  hasta sin hablar...
Allá se fue a mezclar sus cremas y sus colores, volvió a mi lado y comenzó su trabajo. En veinte minutos tenía mi pelo repleto de papel de aluminio, su pincel había coloreado mi pelo con su ternura habitual, y con su voz  muy baja me dijo: ahora, Julia, esperaremos un rato. Levanté la vista y me miré en el espejo, girando mi cuello hacia los dos lados, y pensé: "ni el mismísimo Rey León tendría este aspecto". Para no ver aquella imagen tan cómica, cogí una revista de la canasta. Estaba  insimismada con la revista de cotilleos cuando una voz chirriante hizo que mi revista se cerrara de golpe. Levanté la vista y todo mi espejo quedó ocupado por una enorme mujer llena de mechas rubias hasta en el bigote. Sentí como cada vértebra de mi columna se fusionaba contra el respaldo de MI NO sillón. Con un grito agudo comunicó a toda la peluquería, a todo el vecindario, a todo la comarca del Salnés, que solo venía a darse un retoque. Reconozco que quedé aliviada, solo serían unos minutos.Y así fue, mientras "la retocaban" sólo tuvo tiempo de hablar de que una conocida, que se había palpado un bulto en la ingle, la habían diagnosticado de un linfoma, que no era un tumor ni como una leucemia, que era malo pero tampoco tanto, porque tenía un grado II, que sería peor un IV, pero que con un par de pinceladas de quimio, todo iría perfecto. Además, le había hecho una PER (creo que se refería a un PET), allí en el hospital de Vigo, una prueba de esas en los que te hinchan de agua el día anterior y que no te dejan comer azúcar, porque cuando te la hacen, te meten azúcar porque las células malas se la tragan toda...Así siguió contando cosas durante su retoque. por cierto, su madre jamás le llamó guapa, ni a ella ni a sus hemanas, decía que eran normalitas y por esa razón ella a su nieto le llamaba precioso, para no ser como su madre...En fin, así acabó, se levantó y gritó a los cuatro vientos que se veía monísima con su retoque. Juró que levanté la vista para mirar aquella obra de arte y pensé: dios santo, está exactamente igual que cuando entró, pero con veinte litros menos de saliva...
Esbocé una sonrisa y la despedía mentalmente. Mi Cris pasó a buscarme para llevarme a la zona de lavado, por fín. Me recosté, elevó mis piernas y empezó a retirarme todo aque papel de aluminio que me protegió de las malas ondas de la del chillido. Empezó a mojarme el pelo con agua caliente, a una temperatura perfecta, eso me relajó. Dejé mi mente en blanco, estaba en la gloria hasta que oí una vocecilla de niña preguntar al aire: ¿qué te vas a hacer?. Pensé: "vaya, una niña perdida que me confunde con su madre".Cómo se daría cuenta de que yo no era aquella persona que buscaba, ni le contesté. En tres segundos me dió un golpe en el brazo y volvió a repetir la misma pregunta. Abrí los ojos, no, abrí las cuencas de los ojos, giré la cabeza y le dije entre dientes: "voy a cortarme el pelo al cero". Creí que mi contestación la haría huir horrorizada, pero no, aquella niña tenía cara de sádica y decidió seguir allí sentada. "¿Te llamas Julia, no?. Me hice la dormida mientras la peluquera le decía: sí, se llama julia,pero  déjala dormir que es enfermera y esta noche trabajó. Maldita la hora a la que MI Cris le dió tal dato. Tras esa información llegaron las mil reguntas: que cómo se llamaba la primera persona que atendía aquella noche, que en qué hospital trabajaba, que cuántos años hacía que era enfermerá, que...!!!ALTOOOOO!!!!, me senté en el sillón y le dije: ¿Tú no tienes madre o qué?...
Creí haber espantado a esta criatura de la KGB , juro que lo pensé, pero no fué así. A esa niña le atraía la tortura psicológica, estoy segura. Me levanté después de no dejarme disfrutar de mi merecido masaje capilar y me volví a sentar en MI NO sillón. Como un fantasma la vi reflejada en el espejo, estaba detrás de mí, como si de un fantasma se tratara. Me miraba sonriendo,  tenía un aire macabro, afú...
A la velocidad del rayo, cogí una revista del cesto y la arrojé al sillón libre que tenía al lado, marcando mi territorio y suspiré con la seguridad de que aquella hija del mismísimo santanás no se me acercaría más. Mal pensado, la niña aprovechó que MI peluquera tenía las tijeras en la mano y me recortaba el flequillo para coger la revista y sentarse sonriendo a mí lado. No tardó ni un segundo en abrir aquella boca llena de dientes de leche: "¿tienes hijos, te gusta tu trabajo, eres de Villagarcía, te gusta esta peluquería,por qué no me hablas, eres muda, o sorda...?. Le agarré la mano a MI Cris y le dije: !espera!.Me giré hacia la muñeca diábolica y le dije con una sonrisa forzada:" Mira guapita, soy enfermera, y en mi trabajo me dedico a pinchar a los niños con agujas gordas en los brazos y a coser las heridas como la que se va a hacer tu hermano pequeño en los dedos como nadie le quite la cuchilla con la que está jugando mientras tu madre está atontada leyendo una revista de cotilleo".
Benditas palabras. La madre levantó la vista , me miró con cara de malas pulgas, llamó a aquel gnomo puñetero y conseguí mi libertad.
Dos minutos después salí de aquella habitación del terror y me fui a la calle. Cogí aire, sonreí y me volví a mi mundo.
Buena noche.

sábado, 21 de enero de 2017

EL VAGÓN

Era tarde y estaba cansada. Subí en aquel tren que me alejaba de mi vida, dejándo allí mi motivo. Me acurruqué en el vagón, rodeada de gente pero sola, sin importarme nada de lo que ocurría en aquel lugar,o eso creía yo. Ella entró ocupando un espacio inexistente, tropezando casi intencionadamente con aquellas sombras que se acomodaban para el viaje. Se sentó desparramando su cuerpo en un asiento casi ridículo para aquel pedazo de vida teñida de un rubio casi imposible. Lo que debía ser algo imperceptible se convirtió de repente en mi curiosidad. Se quitó la cazadora como si se estuviera retirando toda la piel de su cuerpo, sin importarle aquel chico de rizos que intentaba esquivarla de sus airados y sinuosos movimientos. Se convirtió en un segundo en la niña de mis ojos. Abrió aquel mundo de bolso y comenzó a montar su mesa quirúrgica: el "Diario de Ana Frank" a la derecha, su móvil dorado a la izquierda, su megacámara de fotos plateada enfrente y su inmensa melena apoyada sobre su hombro y ya de paso, sobre el hombro de su anónimo compañero de viaje. Ni decir que me conquistó desde el primer momento, ansiosa por saber con que instrumento comenzaría su viaje. Cogió el libro, tapas blandas sin un solo uso, lo abrió como si del mismísimo Quijote se tratara, y cerrando ligeramente sus ojos comenzó a leerlo por la primera página. Me tardaba la segunda cuando diez minutos después con un desparpajo desorbitado, cerró el libro como si de una concha de ostra asustada se tratará y esbozó un suspiro. Ya, ya lo había leido, era suficiente por hoy. Llegó el momento del móvil dorado, tecleando con una sola mano y componiendo una melodía en cada toque de letra, orgullosa de su dominio. Tentada estuve de intentarlo yo, pero no, sólo tengo tres falanges en cada dedo, ella no, estoy segura. De pronto, algó falló en aquella máquina del diablo, resopló y me temí lo peor, y eso ocurrió: cual mismísimo demonio empezó a desmenuzar el teléfono. Fuera tapa posterior, fuera batería, fuera tarjeta de memoria, fuera ... todo fue arrojado a aquel bolso sin fondo. Le atacó la desesperación, agarró su espesa melena, y la arrojó hacia su hombro izquierdo arreándole a su compañero de viaje un golpe con su pelo, que lo hizo despertar de su hibernación. Juró por dios que  pensé no bajarme del tren así llegara a mi punto de destino, sin saber como acababa aquella historia de sadismo. Me acomodé en el respaldo, miré mi reloj y me alegré al saber que aún me quedaba tiempo para ver el final de aquella historia. Me miró, sentí como con sus ojos me empujaba hacia el respaldo de mi asiento, casí me dió miedo, casi. Cerró sus ojos con fuerza, suspiró ruidosamente y se dejó caer sobre el respaldo quedando en un semicoma cuasipreocupante. Se mantuvo en este trance durante un par de minutos, la veía respirar cosa que me tranquilizó, lo juro. Este estado le debió provocar un destemple corporal, y en un tris se levantó de su asiento golpeando nuevamente a su víctima-compañero de viaje para coger en la repisa superior la piel que tiempo atrás se había arrancado. Me dió la risa, siento confesarlo con tanta sorna, pero temí por la vida del pobre vecino. Llegaba a mi destino, me aseguré de llevarme todas mis pertenencias, y confieso que casi me apetecía seguir encajada en aquel teatro de vida. Allí se quedó la rubia, con su melena volante, su móvil destrozado, su libro casi no estrenado y con su víctima aún respirando. Buena noche.

domingo, 1 de enero de 2017

2017

Juana, tengo que decirle una cosa... !!!Feliz año!!!. Así fue mi comienzo de año, agarrando una jeringa en una mano y acariciando la cara de, llamémosla Juana, con la otra mano. Los últimos minutos del año los dediqué a escuchar la historia de aquella valiente mujer.Su año de nacimiento hay que rescatarlo del siglo pasado, 1923, allá tan lejano. Creció en una familia de clase media y se casó joven con un guapo amigo. Vivió años muy felices al lado de su amor, tuvo varios hijos hasta que la guerra le robó  su compañero de viaje. Triste, sola y con varios pequeños dependientes de ella, sacó fuerza de sus recuerdos y prometió salir adelante. Y así lo hizo. Montó un negocio de hostelería y sobrevivió a lo que ella llamaba imposible. Y así la premiaron, a la mujer emprendedora, yo hubiese añadido el adjetivo valiente, ante todo. Tiró siempre hacia delante, con mucha tranquildad como si el tiempo no contara para ella. Y allí la tenía a mi lado, contándome su vida mientras le hacía la gasometría, con aquella actitud paciente y entregada. Miré el reloj de mi muñeca, y poniendo mi mano izquierda en aquella tersa piel de 94 años le dije: Juana, tengo que decirle una cosa...Ella me miró con aquellos ojos llenos de bellas historias y dijo: "dime, mi ángel". Sentí su ternura clavarse directamente en mi corazón, reconozco que nubló mis ojos más de lo que yo hubiese deseado en ese momento, pasé mi mano suavemente por su mejilla y le dije: !!!Feliz año!!!. Juana sonrió con sus ojos, bella, tranquila y dulce: "Feliz año, deseo que este año solo te traiga cosas buenas". Me quedé mirándola, me atraía aquella serenidad, me preguntaba si realmente había visto en mí algún rastro de dolor enquistado, no lo sé. Salí del box para tramitar sus pruebas y allí la dejé, acompañada de su templanza. Un rato después volví a asomarme por allí, Juana estaba acompañada por una de sus hijas, una chica con la misma sonrisa dulce de su madre y casi sin darme tiempo a reaccionar, mi paciente le dijo a su acompañante: "mírala, es mi ángel". Me acercé a retirarle la vía, ya se iba de alta, todo había salido bien. estaba feliz por  irse y yo me alegré de que el primero de año estuviera con los suyos. Se despidió agitando su mano desde la silla de ruedas. La vi irse, quizás no la vuelva a ver, igual su edad no le tiene reservadas muchas oportunidades, pero sí pensé: "ahí va una mujer valiente, una dulce dama plateada". Buena noche.

martes, 20 de diciembre de 2016

VICTIMA 48

Se llamaba Ana,...una mujer nacida libre, conviviente en un país que presume de ser democrático y seguro, con unas leyes de protección a la mujer frente a la violencia de género. Ana estaba ilusionada con su cena de Navidad, la imagino eligiéndo el modelo para esa noche, la sombra de ojos, la barra de labios. Se habrá mirado en el espejo y se encontraría bella. Mal sabía la pobre que se estaba arreglando para que la hiena de su vida le robara lo más preciado unas horas después. Seguro que Ana estaba llena de ilusiones, algún regalo de navidad guardado en su armario, en sólo una semana estaría sentada en una bonita mesa adornada de navidad, ya habría hablado con los suyos para organizar estas fechas..., pero ella no pudo elegir, solo entró en el portal mientras su lobo feroz la esperaba pacientemente para demostrarle que a él no se le deja, que ella no era tan libre como creía, que tenía derecho a matar por un amor enfermizo. Ana decidió dejar aquella relación de gritos y vejaciones, quiso volver a sus abrazos de antes, con la persona que la quería y con el que ella consideraba su amor. El lobo feroz no lo quiso así, "si no eres mía Caperucita, no serás de nadie", así modificó el cuento, a su antojo, de la misma forma que hizo con su vida. Un cuchillo y mucha ira acabaron con la vida de Ana, vestida para la fiesta, sola, en un frío portal, a unos pasos de su cálido hogar. Y su lobo se dió media vuelta y se fue, dejándola en el suelo, al supuesto amor de su vida, ese malnacido que se creyó con el derecho a decidir sobre la vida y la muerte de la que no le quería, y  allí la dejó, seguramente pasando por su cabeza la película de esa noche en la que bailó, felicitó y abrazó. Ojala esos fueran sus últimos pensamientos, los de la noche de su fiesta, de su noche feliz. Ana ha muerto asesinada por una hiena cruel, le arrebató la vida un criminal enfermo de amor propio, no sólo acabó con ella, borró de un plumazo ilusiones, futuro, familia, sentimientos, olores, recuerdos, abrazos..., maldito cobarde. No sólo se llamaba Ana, 48 personas han sido asesinadas este año al grito de "eres mía", demasiadas vidas perdididas, ni una justificada porque el asesinato por amor es contranatura, es lo imposible. Hoy escribo nombrando a Ana, pero lo hago por cada víctima, por cada noche de terror, por cada insulto, por cada lágrima de una mujer valiente en manos de un maldito cobarde. No os calleis, usad vuestra voz para pararlos. Es mejor que tengais miedo y podamos ayudaros, a callaros y morir en silencio.
No es buena tarde. No lo es.

domingo, 18 de diciembre de 2016

NO TENGO TIEMPO

Esta mañana leía el facebbook de mi vida, un recuerdo de hace un año, un escrito hecho desde el dolor, la rabia y la impotencia. Sabes, ese tipo de recuerdos que puedes volver a compartir en tu página años después. Leí el texto, lo leí y releí,y sentí pena, pena por lo que había vivido mi hijo, por lo que habíamos sentido todos, por la tristeza que revolvían mi alma un año después, y tomé una firme decisión: no tengo tiempo.
Casi llegando ya a los 50, he pasado el ecuador de mi vida, he pasado momentos realmente duros, desesperantes, amargos, pero también he disfrutado de otros llenos de vida. Lo he pensado fríamente, lo he recapacitado y he decidido que el tiempo que me quede intentaré que sea un tiempo feliz. Seguramente la vida aún me tiene guardada alguna perrería,esas cosas no son controlables, pero la otra parte, la que yo decido será lo mejor que pueda ser. Quiero ver a mis hijos crecer rodeados de risas y abrazos mágicos, con despertares a su lado, te quieros a diario y caricias espectaculares. Quiero tomar unos vinos con mis amigos, con los de verdad, esos que saben quitarte la sonrisa en un día gris, los que saben de que hilo hay que tirar para sacar lo mejor de cada uno, sin olvidar cómo somos cada uno, los que saben que siempre estás con ellos para lo bueno y lo malo. Quiero trabajar sintiéndome necesaria para mis pacientes, calmar las ansiedades que produce la enfermedad, tocar sus manos cuando las retuercen en un pañuelo, levantar sus miradas cuando se sientan agotados, y que noten mi compañía en sus pesares.
Quiero que mi familia sepa que yo también soy de carne y hueso, con defectos, muchos y seguramente cometedora de grandes errores, pero con un buen fondo, donde pueden acudir cuando sientan pena, pero también para la risa, los recuerdos y para pasar un cálido momento.
Quiero caminar por la calle mirando al frente, tropezando como siempre, con mi despiste tan habitual, mirando el cielo y los edificios, esos que cada vez me parecen distintos, y correr hacia el muelle cuando vea que el cielo comienza a ponerse rojizo, como si de una carrera se tratara.
Quiero desayunar mirando por mi ventana, esa que cada día me da un nuevo espectáculo de luz y sombras, tomándome mi tiempo, parando el reloj de la vida durante un espacio para disfrutar de mi momento.
Quiero escuchar música, como sea, me da igual,en directo, en mi mp, en la radio, en mi cabeza. Quiero bailar en pijama por la casa cuando nadie me ve, inventarme las letras, chapurreando un inglés imposible, reirme cuando me paro delante de un espejo para dedicar el concierto.Me da vida, no concibo un día sin el payaseo y mi música...
Quiero playa en invierno, mis paseos a solas, recogiendo pensamientos de la arena, buscando mi propio colgante, o tu regalo de cumpleaños, mientras veo como otro día se va, lento pero cálido, como llega la noche, mi noche...
Quiero tumbarme en el sillón y taparme con la manta hasta la nariz, recolocar mi todo en ese espacio reconfortante, y ver películas domingueras, una tras otra comiendo regalices hasta que el sueño acabe con el día.
Quiero mirar mi pared llena de las fotografías de los míos, de los que están y de los que ya no, no físicamente, pero sí en mi pared, en mi alma. Quiero recordar momentos con ellos, situaciones que producen escalofríos, sentimientos de los que no hay caducidad y que se mantienen inalterables a lo largo de los años. Quiero apoyar mi mano allí, como si de aquella pared saliera el calor de sus recuerdos. Lo quiero y te quiero.
Quiero comer lo que me gusta, sin cuestionarme si debo o no debo, si me hará engordar o adelgazar, sólo hacerlo por el gusto que da saltarte las normas, como cuando de pequeño conseguías engañar a tus padres y salías vencedor con la boca llena hasta el ahogo de leche condensada.Es un milagro que haya sobrevivido a eso ...
Quiero ir a aquella clase que tantas veces retrasé por entregar el tiempo a los demás, ponerme aquel jersey viejo prohibitivo por normas ridículas de elegancia, salir a la calle con zapatillas de tenis aunque llueva, ponerme aquellos pendientes de araña que asustan a medio mundo y subirme los calcetines hasta las rodillas porque tengo frío.
Quiero reirme hasta llorar, esa risa que tanto sorprende a la gente y que confunden con pena. Quiero mirarte a los ojos, hasta leer en ellos tu interior, hasta sentir lo que te duele y lo que te alivia, así, sin palabras, en silencio.
Quiero tantas cosas, quiero hacer tanto, que a veces cero que no tengo tiempo...
Buena tarde.