jueves, 20 de noviembre de 2014

LA DUQUESA

Ha muerto Maria del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz- James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay. Ha muerto la marquesa de España, así, tan callando. La televisión en su "prime time" repasando su vida, de arriba a abajo, de derecha a izquierda, alabando sus obras benéficas, sus devociones, sus rarezas y excentricidades. La Duquesa, sus hijos, esas prolongaciones de su vida un poco faltos de apego familiar, de calor de hogar, de abrazos de madre, de los de verdad, de los que confortan. Un padre distante, un padrastro que  no aceptan, una vida de marquesa de hielo. Hasta se entiende su rebeldía, ese "paso de todo y hago lo que me da la gana", que fué lo que la caracterizó en sus últimos años, o eso creo. Claro que con una fortuna de mas de 3000 millones de euros, palacios, castillos, terrenos agrícolas, valores bursátiles, joyas, obras de arte y nada menos que 51 títulos nobiliarios, podía hacer lo que le diera la gana. Ya me gustaría verla con ese estar volátil si sus bolsillos sonaran como los de los millones de españolitos de a pie. Y claro, de todo ese patrimonio "historico", solo se declaraba un 10%, ya que el 90% restante estaba exento de pago de impuestos. Vamos, como cualquier españolito. A la muerte de la duquesa, los ducados, condados, cortijos, fincas se desmembran entre los hijos, se reparten los titulitos como un juego de naipes.
Hay quien ha ido a las puertas del Palacio de Dueñas a llorar a la duquesa porque la consideraban muy cercana, muy alegre, muy rebelde. Cada uno es libre para hacer lo que quiera, pero lo considero demasiado folclórico para el convulso momento que estamos viviendo. Me viene ahora a la memoria una denuncia presentada contra la Casa de Alba por tener contratados de forma irregular a varios jornaleros (algunos extranjeros) en fincas de Córdoba y Sevilla, sin darles el alta en la Seguridad Social, o la recepción irregular de ayudas de la Unión Europea, o incluso el uso de esas ayudas para urbanizar el suelo rústico en vez de usar el pecunio para el pago de sus jonaleros. Puedo decir que siento su muerte, pero lo siento como ser humano, porque la muerte a pesar de ser un paso inexcusable produce un dolor punzante. Sus hijos la llorarán, sus amigos la echarán de menos, las revistas se quedarán sin unos de sus suculentos personajes estivales, pero la vida seguirá con o sin ella. Mañana saldrá su vida y milagros en todas las televisiones, las cadenas de radio blindarán sus programas para repasar su vida en todas las direcciones, los rotativos empapelaran sus portadas con la muerte de la marquesa, pero el mundo seguirá girando, y el día será día y la noche, buena noche.

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