jueves, 13 de noviembre de 2014

ADOPTANDO AL ODIOSO GORRILLA

No lo entiendo, de verdad que no lo entiendo. Pago mis impuestos religiosamente,a los que me obliga este pais de...vamos a dejarlo, y los de mi pueblo, ciudad o lo que sea este pedazo donde vivo. Ayer llovían cubos de agua, daba vueltas con mi coche y mi niño pequeño, buscando un sitio donde aparcar. De pronto lo ví, allí estaba esperándome, el sitio perfecto, uno de esos sitios que envidias cuando ves que otro acaba de llegar y ya aparca. Pues bien, era mi sitio, estaba allí para mi. Pues no. Si yo quería aparcar en "mi sitio", tenían que pagarle a un yonki gorrilla el "eurillo" que cobran por dejarte aparcar en "tu sitio". Aparqué, claro que aparqué, pero de repente tenía unos ojos colocados en mi ventanilla, unos ojos que decían: "has aparcado en  mi aparcamiento y tienes que pagarme un eurillo para que yo no te pinche las cuatro ruedas del coche". Reconozco que fuí un poco macarra. Lo miré fijamente, arranqué mi coche manteniendole la mirada, metí la marcha atrás con la mano derecha mientras mi mano izquierda sufría un espasmo y mi dedo medio quedaba erecto. Me largué de allí mientras mi hijo se reía y yo blasfemaba en contra de las políticas permisivas. Dí una vuelta más hasta que vi un cohe con el intermitente puesto. Aparqué en doble fila, este si que sería mi sitio, nadie me cobraría por el, nadie me miraría por la ventanilla con cara colocada. Era "mi sitio" y me estaba esperando...Estaba yo a la espera para que el lentisimo conductor sacara su coche del deseado sitio cuando de pronto, un coche que venía por detrás puso el intermitente. Me mordí los labio y me dije: "ni de coña, chaval". Cuatro intermitentes, porque no podía lanzar unas bengalas y llamar al ejercito, era mi sitio. Marcha atrás, rápido, ya casi estás, vamos, es lo que deseas, es tuyoooo....Aparqué, claro que aparqué, mientras eché una mirada desafiante al listillo que intentaba robarme lo mio. Le mantuve la mirada, el tambien lo hizo, como una hiena que no quiere compartir su caroña. Lo siento, guapito, te he ganado.
Bajé del coche con el pecho hinchado, lo había conseguido, mi triunfo, cuando a lo lejos volví a ver esos ojos de yonki gorrilla. Me giré, le mantuve la mirada, quería fundirlo. Algo debió ver en mis ojos, porque cuando estaba a punto de llegar hasta donde estaba dió un giro de 180 y se perdió entre la lluvia. Había ganado. Buena noche.

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