jueves, 29 de junio de 2017

VAYA DIA

Mal día el de ayer, podía ser un día cualquiera, pero no, todo, absolutamente todo, tuvo que torcerse.  Uno no hace bien su trabajo, otro no respeta los turnos, otro busca y sólo encuentra excusas, otro te llama la atención en mi propia casa, bah!.
Esa mañana salí a la calle y me encontré con mi informático preferido. Me preguntó mientras me daba un beso: ¿cómo estás?. Yo que estoy en un momento de sinceridad absoluta, le contesté: "mal, tengo  cáncer". Y la jodí, vaya si la jodí. Me miró con ojos de cordero degollado, me abrazó con fuerza, acarició mi espalda como intentando consolarme y me dijo: "Ya me has jodido el día, ya no voy al mercado, ya me has dejado sin ganas de nada" y con la misma, volvió a abrazarme con más fuerza. Mientras, con el poco aliento que me permitía la situación, le dije: "vaya, lo siento, ya sabía yo que tenía que haber pasado por la otra calle", intentando quitarle hierro al asunto. Me soltó de golpe y vi sus ojos; si hubiese repirado una sola vez más, mi amigo, mi informático de cabecera, comenzaría a llora. Le acaricié la cara con toda la dulzura posible, me giré y le dije adiós con la mano. No quise llorar, no allí.
Más tarde me fuí con mi hijo a un ortopeda. Estabamos allí sentados, a la hora que nos habían dicho, siempre cumplidores, cuando al rato llegó un nuevo cliente con muletas, arrastrando una pierna dificil de encajar en aquel cuerpo. La ironía, su "fetor enólico", vaya, que el susodicho cojo apestaba a aguardiente barato y casi ni revolvía la lengua, salvo para saludar al ortopeda cada vez que pasaba por delante, claro que ambos se conocían, no sé si de siempre o por "el miembro". Total, llegó nuestro turno y el "colega" le dijo al cojitranco que pasara a la consulta tras darle una palmadita en la espalda. Yo, que soy nieta de militar y que últimamente mi paciencia acaba al contar 1, me levanté y  con los brazos en jarra reclamé mi turno, dispuesta a luchar contra dos marimachos hasta mi último aliento. Era de esperar que al colega no le gustara eso de no permitirle al cojitranco ebrio ganarme en la carrera cuya meta era su despacho. Era nuestro turno, soy una mujer que acude con su hijo, el colega no sabe de nuestras miserias, ni de nuestras enfermedades, ni de..., me importa un bledo, es nuestro turno y ya está. Al rato, salimos del despacho. Miré al cojo, le di una palmadita en la espalda y nos fuimos airosos.
Aquel fontanero era la tercera vez que venía a casa a solucionar la misma avería y llegaba con dos horas de retraso. Así como entró por la puerta, con las manos en los bolsillos, sin bolsa/maleta/caja de herramientas, lo seguí hasta el baño, la cuna del futuro enfrentamiento. No debía tener más de 25 años,con esa prepotencia que les da la edad, giró la cabeza y me dijo: !!pues a mí no me huele mal!!. A ver como lo explico: si meto un lobo hambriento en un gallinero y me aparecen las gallinas muertas, ¿puedo culpar al lobo o a las gallinas?. Pues el deserebrado fontanero adolescente, tuvo la osadía de decir: si el baño huele mal, no es mi culpa. Y yo, que soy nieta de sargento coronel, hizo que mi sangre hirviera en 0,2 segundos y le dije: "Oye guapito, admito que no sepas/puedas arreglar ese desaguisado, y si es así, yo me encargaré de traer a la persona que sepa hacerlo, pero no te permito que entres en mi casa a culparme de tus limitaciones técnicas", por supuesto, manteniendo mis brazos en jarra. Un airiño de sensatez le hizo cerrar el pico de adolescente deslenguado e hizo su trabajo. Ahora correctamente, al fin, eso espero.
El otro se presentó como Técnico de Calidad de mi compañía de seguros. Lo acompañé hasta el baño y tras hacer una encuesta digna de un comité de selección de personal de la Nasa, sacó una cámara de fotos del bolsillo y comenzó a fotografiar cada pieza de loza que había en aquel baño. A la pregunta sencilla de : ¿pero qué haces?, le empezó a temblar el labio superior y esbozó una sonrisa nerviosa mientras decía: "tranquila señora, estas fotos son para mí". Ese es el problema, animal de bellota, que esas fotos sean para ti, fotos de MI ducha, de MI lavabo,de MI taza..., depravado técnico de calidad.
Se puso tan nervioso que se movía como un hamster en una jaula intentando encontrar la salida. Si no llega a encontrar la puerta, lo hubiese metido en una jaula con una noria.
El resto del día, me hubiese gustado pasear por mi playa en silencio, con mi silencio y mi libertad, que en el fondo es lo único que me pertenece y me respeta. Si bien es cierto que necesito a los míos cerca en este momento, necesito mi espacio vital, mi individualidad y mi aire. Y esa mano, que allí buscaré. Buena noche.

sábado, 17 de junio de 2017

MI GUERRA

Hola, me llamo Julia, tengo 50 años,soy madre de dos adolescentes estupendos,  narradora de este blog, enfermera vocacional, amiga de mis amigos hasta la médula, gran defensora de la sonrisa y de los abrazos, amante de los paseos por la playa, apasionada por la música, enamorada de la fotografía y desde hace diez días, enferma de cáncer.
Estoy segura que más de uno se acaba de echar las manos a la cabeza mientras piensa: ¿cómo puede decirlo así, de esta forma tan inpersonal, tan fría, tan clara?. Pues porque yo no me lo he buscado, simplemente él ha querido instalarse en mi pulmón, así, sin previa invitación. Creo que lo odio, no, lo sé, lo odio, y no lo quiero en mi cuerpo, ni cerca de mis hijos, ni tan siquiera en mi mundo. Pero ahí está, hasta ahora tan callado mientras crecía, sin darme la oportunidad de habérmelo cargado antes. Un fallo no, muchos, tres años de fallos. Y muchos oídos sordos. Desidia.
¿Y qué siento?. Pues no lo sé, una mezcla de sentimientos bestiales: miedo, odio, pena, ira, desesperanza, debilidad, incredulidad, frío, vértigo, angustia, y todo esto elevado a la enésima potencia. No ha sido una buena semana, demasiadas malas noticias, demasiada carga para una vida, demasiada condena.
Oigo una y otra vez palabras de ánimo, que agradezco de corazón. Me han abrazado hasta el ahogo, intentando exprimir el miedo. Me han enternecido sus lágrimas, curiosa reacción la mía, realmente ellos me emocionan mucho más que este extraño  que crece en mí.
Me sorprende como aprovechan mis movimientos y mis ausencias para preguntarle a los míos cómo es posible que mantenga el humor y la sonrisa intacta. Ni yo sabría contestar a eso en este momento.
Vivo en un tiempo de descuento hasta el día de la cirugía; no quiero pensar en verano, ni en navidad, ni más allá de dos días en mi vida. Sé lo que voy a hacer mañana y quizás pasado, pero no el otro .
He hablado con mis hijos,les he explicado lo que me ocurre, aunque no tengo claro que hayan entendido que esto será una guerra dura, de la que me gustaría protegerlos, a sabiendas de que no podré hacerlo. He visto llorar a mis amigos, he visto mi miedo en sus ojos, he secado sus lágrimas mientras mis manos temblaban y he tomado la decisión de mantener la serenidad y la esperanza.
En unos días comenzará una pelea dura, intentaré no decaer ni perder el hilo de la sensatez, prometo intentar esquivar los pensamientos grises y tornarlos de color, buscar la fuerza en la positividad, arañar la esperanza de la última capa de mi optimismo vital, soñar con la curación.
Y para esto os necesito, no tengo que decir quienes sois, eso lo sabeis, cada uno en su espacio, cada uno en su forma, pero todos necesarios. Un abrazo, unas palabras, esa mano que me sujete, el beso en la frente, una llamada, un lo siento o un no te dejaré caer, todo vale porque son piezas que encajan en esta situación de caos.
Hola, me llamo Julia, soy la autora de este blog y tengo cáncer. Y os prometo que lucharé para quedarme aquí hasta el final. Buena noche.


sábado, 3 de junio de 2017

LONDRES Y YO

Hace tanto tiempo que no escribo...quizás por no delatarme, por no querer demostrar lo que no quiero que se sepa, quizás por "esconder" mis sospechas. Pienso en mi vida, sí, a diario, cada etapa que he pasado, cada pena que he vivido, cada alegría de la que me he olvidado. Quizás mala suerte, quizás estaba escrito en el diario de mi vida, quizás alguien pasó algo por alto, maldita sea. A unas horas de disipar una duda que me está matando, me encuentro en una situación de indiferencia ante un futuro próximo. No, no es que me dé todo igual, es como si el tobogán por el que me deslizo fuese tan resbaladizo que sería un gasto de energía intentar frenar. Me resultaría más efectivo dejarme caer y ver que hay al final del descenso. Acepto lo que haya, estoy demasiado cansada para plantearme por qué, demasiado hastiada para pensar en un pasadomañana que me agota sólo con pensarlo. Y eso no significa que tire la toalla, no, ni hablar, sólo que necesito tiempo para que las cosas transcurran por una vía natural, y ver lo andado y las cosas desde la distancia. Pienso que he tenido una vida que quizás no me he merecido, eso si lo piendo egoistamente. Pienso que he hecho lo que he podido para solucionar los problemas de los más, que he luchado lo impensable por ayudar a mis hijos, que siempre que alguien me ha necesitado he corrido para estar en primera fila de su alivio y conseguir su bienestar. He mantenido todos mis sentidos alerta para que nada se me escapara, he cuidado en mi casa, a mi familia, a mis amigos, a mis pacientes...
He mantenido un luto invisible para muchos, he llorado en silencio y sin lágrimas, he gritado sin producir ningún sonido, sólo para que nadie supiera lo que que me dolía y cuanto.
Y siento miedo, como lo tendría cualquier persona en mis zapatos. Ella me dice : "no sé cómo lo haces, yo me volvería loca". Y no lo hago, mi querida amiga, sólo dejo que el tiempo transcurra, y con él el temor, porque si lo dejo correr es imposible pararlo, como la corriente al abrirse una puerta hueca y así imagino que pasará de largo.
Ultimamente pienso en que he vivido lo que me ha tocado, tanto bueno y tanto menos, pero lo que me tenía preparado el destino. A la pregunta de que si tengo miedo, la respuesta es NO. Ojalá la vida me tenga preparada gratas sorpresas, pero también estoy preparada para cargar con mi maleta a pesar de no haber reservado este billete. No me gustaría, pero sí lo haría si no tuviera más oportunidades. Si me preguntas que deseo pediría antes de irme, no podría pedir uno, por derecho debería de dejar varios deseos en el aire escritos, pero el primero ante todo sería para mis dos hijos, para que la vida los proteja, para que vivan el amor con sus amores elegidos, para que puedan abrazar a sus hijos como lo he hecho yo con ellos, para que envejezcan al lado de sus personas amadas, que lo poco y bueno que les he enseñado lo transmitan con la misma ternura con la que yo lo he intentado...
Aún pecando de contradictoria, me gustaría sentir sus vivencias, quizás por el egoismo de madre, quizás por llevarme ese sentimiento en mi maleta. Sé que allá no voy a estar sola, hay demasiadas personas pérdidas a las que echo mucho de menos, hay demasiados abrazos que han quedado pendientes, hay demasiadas almas que añoro...
Hoy no es un buen día, estoy escuchando las noticias de otro absurdo atentado que ha llenado las calles de Londres de vidas perdidas. Hablan de números, tan despersonalizado, tan poco valorados. A estas horas hablan de siete víctimas, así de frio, sin pensar en las familias, amigos, compañeros que aún no habiendo perdido sus vidas, han visto como sus normalidad ha sido atacada a acuchilladas, si no cortantes, igual de hirientes.
No quiero religiones que maten, no quiero dioses llenos de sangre, no quiero muertos ni familias heridas para siempre, no quiero irme, no quiero dejar a los míos, no quiero en el caso de que deba hacerlo, irme con miedo. Buena noche, aunque ni la vida ni el terrorismo nos lo permita hoy.