miércoles, 27 de mayo de 2015

MADUREZ EN LA PELUQUERIA

He nacido en una añada de rioja muy buena, no lo digo yo, lo dicen las guías de vinos, os lo juro que lo he visto el otro día en una revista en la peluquería. Confieso que cuando lo leí me salió una pícara risita, miré al espejo para ver si alguien miraba mientras me recolocaba en aquel sillón de tortura y mi cabeza se cocía en aquel secador que emulaba el mismísimo infierno. Allí lo ponía muy claro, la cosecha del 67 era una delicia para los paladares más exigentes. Otra risa, que calor me estaba dando aquel maldito secador. En la página siguiente, articulazo de peluquería: " como afrontar los cincuenta", que perros son los redactores, que forma de joderte el día, para que fuí yo ese día allí, para queeee?
Pasé la página de aquella enciclopedia del ingenio, ensayé una mirada asesina en el espejo, y me coloqué los cascos de música para que el aire no recalentase mis tímpanos. Reconozco que el puñetero artículo me hizo pensar. A ver, tengo 48 años, un trabajo fijo que me encanta, dos hijos que son todos mis motivos, vivo bien, la verdad, disfruto de la vida todo lo que puedo...esa edad en la que ya no me callo nada y en la que pocas cosas me escandalizan. Si, vale, es el principio de la madurez, es esa zona de la vida en la que la balanza puede desequilibararse en cualquier momento, en el que todo puede cambiar de un plumazo sin tiempo a digerirlo, pero aún así, me encuentro en una edad que me encanta y en la que me encuentro perfectamente cómoda. Atrás han quedado aquella epoca en la que te fijabas más en aquella arruga que se marcaba cuando sonreías, aquella en la que te untabas más crema hidratante que a las mismísimas tostadas, cuando la ducha era un ritual de cremas, aceites y untos varios.
No me quiero desviar del tema, volvamos a la peluquería. Allí estaba yo sentada empapándome de sapiencia infinita con aquella revista y con aquella idea morbosa de saber que era "una delicia para los paladares más exigentes" , aquella que se reflejaba en el espejo con la cabeza llena de papel de plata, aquella...era yo y me sentía más que genial en aquel cuerpo que rondaba la madurez.Que sí, con mi edad, mis arrugitas, mis ojeras... pero con una rebeldía fantástica que no he tenido jamás, con unas ganas de vivir hasta donde me permita la vida, con una pisada todo lo fuerte que pueda y siempre con una sonrisa.
El sonido salvador, el secador ha acabado de freirme el cerebro, ahora me lavarán la cabeza con agua helada, para hacer contraste y congelarme la parte de las neuronas que no me han cocido con aquella olla ardiente.Llega el momento del masajito en la cabeza, uno de esos masajes que te hacen cerrar los ojos y en el que te escurres un poquito para que todo sea de lo más placentero hasta llegar a un escalofrio que te hace volver de golpe a la realidad. El resto, todo muy rápido. Corte, secado, un poco de espumita y listo.
Bajo las escaleras pensando lo bien que me han dejado, la melena perfecta. El resto como siempre.. Genial. Paso por delante de aquella vinoteca y me rio al recordar que estoy en esa edad del vino en la que "es una delicia para los paladares más exigentes". Me rio. Buena noche.

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