domingo, 25 de octubre de 2015

MUJERES

Se sentó de forma neviosa frente a mí. Su respiración estaba entrecortada por un llanto ansioso, de esos en los que no hay lágrimas, no por falta de ganas, sinó porque ya ha llorado tanto en los últimos años que ya no hay más lágrimas que derramar. Sus manos nerviosas apretaban un pañuelo de papel que se rompía en pedazos mientras me contaba su historia. La dejé hablar, levanté las manos del teclado, apoyé mis brazos en la mesa y agarré su mano mientras ella me relataba su historia. Sus ojos eran terriblemente tristes, mordía su labio inferior como intentando sacar las palabras de su boca, aquellas que le estaban doliendo tanto pronunciar, su cabello despeinado por una ausencia total de preocupación por si misma...
Seguía relatando su historia, se movía en su silla como si ya no hubiera una postura cómoda y relajada en su vida, su ropa poco arreglada, agarrando el cuello de la camisa como queriendo evitar provocar deseos equivocados. La interrumpí, le dí mi opinión: " ... la cuestión es que o ganas tú o le das toda la fuerza a él ... ". Por un momento dejó de moverse, me miró con aquellos ojos almendrados tristes y me dijo: " yo, gano yo". Me alegró su respuesta. No sé hasta donde llegará su valentía, pero aquella tarde las dos nos sentimos un poco mejor.

Ella no era capaz de hablar sin que sus ojos se nublaran con un mar de lágrimas que tragaba sin descanso,a veces tan a punto de ahogarla, otras tan cerca de derramarse...Escuchaba como le contaban otras experiencias, como se ponían en su lugar, como todo el mundo opinaba de un tema que sólo era suyo. A veces la veías perdida, con los ojos mirando a lo lejos, mucho más lejos de aquella pared, con sus manos metidas en sus bolsillos donde siempre lleva algo para entretener sus manos, con su labio inferior mordido una y otra vez, ya como una costumbre al hablar de su vida, como su sello de identidad.
Siempre tenía una mueca en su cara que hacía que se le marcara aquel hoyuelo en su mejilla, era su marca de identidad, solo ella lucía aquel hoyuelo con tanto significado. No era su mes, ni su día, ni su momento, ni su ..., no era un tiempo bonito, ni agradable, ni tampoco tenía muchas ganas de luchar, se dejaba deslizar por una vida sin motivos que la hicieran frenar y reflexionar.
Prometió un día, un ayer o un hoy, que sus ojos no volverían a nublarse. Se lo deseo. Ojalá. Buena noche.




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