viernes, 9 de octubre de 2015

ESTA MAÑANA

Me apasionan los desayunos de café solo con tostadas de pan fresco y amaneceres en los que la luz provoca en mi mente un revoltijo de sensaciones. Hoy, un día de esos. Fué una noche en las que te duele el cuerpo de dar vueltas, tan frecuentes ultimamente, tan hechas ya a mi cuerpo. Descanso, poco. Dolor, el suficiente para recordarme que es lo habitual. Recuerdos, los de siempre, los añoros de mi vida.
Sonó el despertador y volví a girarme pensando: "jooo, un poquito más". Me levanté con esa inestabilidad tan habitual de mi cuerpo, con la imposibilidad de abrir los ojos para diferenciar los marcos de las puertas de amplisimos pasillos, y claro, el porrazo correspondiente que provoca el despertar más cruel. Aún frotando mi frente, camino hasta la habitación de mi hijos y enciendo la luz: "joooooo, maaaaaa". Casi impasible, abro el armario con la esperanza de que la ropa salte a mis brazos, se combine sola...Abro un ojo, es mejor que los rayos solo dañen uno de mis ojos, mejor el izquierdo, sí, casi mejor ese...
Visto a mi hijo pequeño de forma inconsciente, él y yo, ninguno de los dos habita aún en este mundo, aún nos quedan unos minutos de inconsciencia. Mi otro hijo está tumbado. Guiñando un ojo para no deslumbrarme, siempre pienso: "por dios, a vuelto a crecer esta noche, dónde lo voy a meter cuando ya no quepa en la cama,¿en el armario?. Mañana lo pienso".
Camino de la cocina, perfilo un par de marcos de puertas más, suficiente para el despertar más cruel. Preparo sus desayunos mientras ellos siguen tumbados en sus camas. Ya está todo listo: !!!niñossss!!!.
Caminan como "walking dead", ellos son jóvenes, ellos evitan los marcos, por los pelos. Encienden la radio, su música, un ritual, su pan tostado el uno, sus galletas el otro y su tiempo, con calma, lo necesitan. Comienzan las prisas, el desayuno siempre se prolonga una canción más, una cadena de bostezos interminables, un " estoy deseando que llegue el viernes"...
Dientes, mochilas, cazadoras, besos y camino de la última jornada de esta semana.
Ahora es mi momento. Preparo las tostadas, un preciado café solo y mi amanecer. Un rutina de la que no puedo precindir por las mañanas. Como si ello me diera vida. Me la da. No tengo duda.
Y ciclicamente la cabeza empieza a ordenar mis tareas de hoy: acabar de ver el amanecer, echar de menos, oler la colonia de mi infancia, pararme frente a mi pared de los recuerdos, prometerme ser feliz, dejarme querer, reir a carcajadas con mis dos motivos, desear que todo vaya bien... y acordarme de proteger los marcos de las puertas, también.
Acaba de amanecer, así que hoy y sólo por hoy, buen día.


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