jueves, 15 de octubre de 2015

MIL PALABRAS

Mil palabras en la mente, las que me acompañan. Palabras que acarician y arañan en un mismo día, que consuelan y hieren en aquella madita frase, las que curan y enferman en un momento. Las que prometen y apartan en la misma conversación, las que aman y odian de la misma forma. Palabras que abrigan y desnudan los cuerpos deseados, las que provocaron una sonrisa y un llanto aquella tarde. Las que hablaban de futuro quedándose en el pasado, las que provocaron un sueño innecesario para convertirse en una pesadilla. Las que esperanzan rompiendo la piel en cada deseo, las que se acompañan de miedo por no querer olvidar el ayer ni el mañana, las palabras que prometian verdades a medias, las que no acaban de decir todo lo cierto, las que adivinaban los deseos que nunca eran. Las que le invitaban a entrar en una vida que no era la suya, las que decía mientras le acariciaba aquellas manos que siempre se escondían, las que le hacían cerrar los ojos mientras le susurraba al oido. Las del último aliento, las del  adiós, las del no me dejes nunca, las del me tengo que ir, las del final. Aquellas que le hicieron volver a creer en algo que creía olvidado, perdido, aquello a lo que ya no tenía derecho, aquellas que retumbaban en sus oidos todas las noches, las que le decían que se dejara llevar, que confiara, que se acurrucara allí, en su rincon seguro, las que le acariciaban el cabello mientas los susurros le hacían desvanecerse, las que están cargadas de vida, sosiego y dulzura. Las que hieren más que el propio dolor, las palabras mudas acompañadas de silencios eternos, las que hacen temblar hasta los pilares más sólidos, las que provocan una lluvia de lágrimas que juran un nunca más. Aquella letra de aquella canción que le hizo creer suya, y que sin embargo ya tenía dueño, la que escuchó una y otra vez intentando encontrarse entre aquellas cuerdas, la que le hizo soñar un día una media verdad llena de  música y quedó reducida a un sueño fugaz. Palabras que construyeron aquella historia de la que ahora vive cada día, de su sueño mágico del que no debería nunca despertar. Mil palabras que eran solo suyas. Buena noche.

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