martes, 15 de marzo de 2016

A UN AÑO

Hoy podría ser un día triste, sin embargo le prometí aquella tarde en la que nos comimos todo el chocolate existente sobre la tierra, que no lo recordaría con pena. Me levanté temprano, tan pronto que el amanecer aún no había aparecido en el día. Allá a lo lejos las nubes dibujaban junto con la claridad un horizonte tendente que pretendía ser bello. Miré hacia la cafetera, esa generadora de vida que hace que me recomponga de sueños eScasos, de miedos de noche, de impotencia de día anteriores. Ya con el café calentándome en extremo mis manos, vi el amanecer. Cualquier otro día hubiese corrido hacia mi teléfono para hacer varias fotos de esa luz mágica, sin embargo hoy la miré con calma mientras daba sorbos al café ardiente y me dije :" hoy, mi querido amigo, es para ti". Sentada frente a la ventana esperé hasta que el sol me cegó casi por completo, se presentaba un día duro de recuerdos. Con él vi la magia de las algas fluorescentes que bañaban la orilla una noche de verano la playa de la Lanzada, canté mis primeras canciones mientras él manejaba la mesa de mezclas, me acompañó en mis momentos más triste...
Después de comer, cerré la puerta de casa porque tenía algo que hacer. Me fuí hacia aquel sitio frío, lleno de despedidas eternas, silencioso, con unas cuantas almas en pena mirando las lápidas de sus seres, como si de un cuadro difícil de entender se tratara. Caminé por los pasillos mirando hacia el suelo, con ese andar lento pero sabiendo hacia donde debía dirigirme, y allí estaba el lugar donde los creyentes creen que descansa el alma de los suyos, sinó porque se sientan en frente rezándoles a las frías lápidas. Pues bien, llevaba en la mano aquella rosa roja de la que tantas veces habíamos hablado. No tiene una lápida con su nombre, no, demasiado caro grabar su nombre en la lápida de la familia, mejor una chapita metálica que reza su nombre y la fecha que la vida decidió hacerlo dormir para siempre. Me agaché y toque aquella placa, más bien la acaricié y le dije:" hola amigo, te he traido la rosa de la que habíamos hablado". Allí la apoyé, al lado de su nombre y de aquella maldita fecha. No recé, no soy religiosa, pero si le dije: "te echaba de menos. Te quiero". Me fuí de allí acelerando el paso para escaparme de las mirados curiosas. Me paré, recordé algo que me había dicho unos días antes de dejarse ir, sonreí y seguí mi camino.
El me prohibió estar triste, y así lo cumplí. Tú tienes tu rosa y yo a tí por siempre jamás. Te quiero mucho mi niño. Descansa tu sueño en paz amigo. Buena noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada