lunes, 2 de mayo de 2016

PREADOLESCENCIA Y HORMONAS

Soy madre. Sí, lo soy, y reconozco que me gusta la sensación que producen en mi mis dos "pimpollos". Siempre quise ser madre, incluso sin previo traumatismo craneal alguna vez me planteé la posibilidad de ser madre de familia numerosa, pero la vida siempre pone unas comillas en el momento oportuno "¿te has vuelto loca?"...
Tengo dos hijos, el mayor está en ese época en la que te preguntas mil veces el por qué han quitado la mili, aquella institución donde los mandabas niños y volvían hechos unos hombres de provecho. Por lo menos las madres librábamos de ese momento traumático de ver como las hormonas transforman aquel querubín en un ángel del infierno, llegaban vacunados, peinados y echos una piltrafa, pero ya nos encargábamos nosotras de volver a mal criarlos. Pues bien, mi hijo mayor está en esa etapa en la que ya me quita una cabeza, en la que cuando le riño por algo no me mira, deja caer los ojos como haciéndome más pequeña (diosssss, no soporto esa mirada), abraza como si te arrojaran un pulpo crudo a los brazos, besa con la mejilla, los labios están reservados para engancharlos en los brakets de "su princesa", lleva a cuestas esa tablet llena de dedos con más grasa que un campo de olivares y poniendo en ella esa música reggaetón, que me horroriza y hace que mis tímpanos tengan vida propia. "¿te importaría mucho bajar el volumen, hijooooo?". Lo sorprendente en que a pesar de llevar auriculares, de esos con amortiguación, deja una oreja fuera y sé que me escucha, pero no hay contestación ni reacción. Juro ante la constitución que no voy a pagarle la cirugía estética de esa oreja así le quede perpendicular a su sien. También tiene otro defectillos el chiquillo, el acné. Y entiendo que es mala suerte que su piel se llene de granos que se infectan una y otra vez, pero creo que la naturaleza no es inteligente. Los adolescentes deberían tener unos sensores en las puntas de los dedos que le provocaran una descarga eléctrica cada vez que se tocan los granos delante del espejo del baño, no digo de alta tensión,sería una asesina, pero sí que les provocara una pequeña descarga cada vez que negasen a sus madre la clara evidencia de que están todo el día dándole al granito en cuestión. Y por supuesto, está en esa bonita edad en la que no puedes quedar con él para nada, SIEMPRE tiene algo más importante que hacer, que si los colegas, que si un partido, que si ahora no puedo...coño, ya está bien, que el día que te parí no te dije "ahora espera, churumbel, que tengo cosas que hacer", me puse a ello y te traje al mundo, a ese mismo mundo en el que te aprietas los granos, escuchas reaggetón y en el que no te pagaré la cirugía estética de la oreja desviada.
Mi hijo pequeño es la parte pensante del dúo. Es un tipo ardilla, mezclado con la insensatez de sus 12 años, y aderezado con una genialidad que a veces roza lo peligroso. Es ocurrente, de hecho el otro día celebramos su primer pelo como el paso de iniciación a su preadolescencia (señor, dame fuerzas), !!!!casi hacemos una fiesta en el parque de las bolas!!!!. Aún no tiene la rebeldía de su momento "pre", así que puedo aprovechar para achucharlo y besarlo antes de que la hormona loca me despoje de su cariño. Me encanta la sensación de compartir baños y duchas con él, a pesar de que acabamos contracturados porque mi pequeño se está desplegando...
Nadie puede decir que no he hecho todo por ellos, si hasta me he tirado por montañas rusas, yo, su madre, sabiendo el vértigo que tengo, que hasta me marea mirar la fila de los botones del ascensor, por dios...He comido hamburguesas-cadáveres de esas marcas américanas, he ido al museo del Barça, así como lo leeis, a ver las copas de alpaca que tiene que costar un huevo limpiarlas cuando se llenan de esas manchas amarillent...vale, pero he ido y no he hiperventilado, no en su presencia...
Y me he tirado por toboganes de agua, así, valiente, quedándome casi sin bikini en el intento, pero lo he hecho, de ahí el valor: "por mis hijos, vamos, lo que sea, hasta topless".
La verdad es que mis hijos son mis dos mitades, mis motivos, mi vida, pero tengo que confesar que echo de menos no haber tenido una hija, de esas que de vez en cuando te dan la razón, te llevan de compras y te cubren esa parte femenina que todas las madres tenemos, aunque no lo creáis, o ni os lo planteeis. A veces me teneis hasta las narices con vuestras únicas conversaciones en las que indefectiblemente tiene que haber la palabra "pelota", cuando sólo se celebran los goles o cuando te dicen que te calles para escuchar el ruido de los motores en una carrera de carricoches...
Todo lo que siento lo tengo en ellos, su sonrisa, su ilusión, su alegría,... pero coño, necesito calma en sus tormentas hormonales, que una ya está cuesta abajo y necesito el tan merecido día de la madre.
Buena tarde, o noche, o lo que esto sea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario