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martes, 7 de noviembre de 2017

CUATRO PALABRAS

Mientras desayunaba, leía las palabras que el actor Antonio Banderas le dedicaba a su madre tras el fallecimiento hace unos días. Eran palabras llenas de recuerdos y con un aviso de esos que se te clavan en carne: "Dile que la quieres". En cero coma dos mi cabeza completó esa frase: " dile que la quieres mientras la tienes, repíteselo mil veces a los ojos, mira como te acaricia con las palabras, abrázala intensamente, ocupa todo tu tiempo en ella, huélela, saboréala, disfrútala, porque después la echarás de menos y todo te faltará. Ese es el error que cometemos una y otra vez, creyendo que siempre tendremos a todos a nuestro lado. No la sueltes, baila con ella, mírala a los ojos y dile que la querrás siempre". 
Y me hizo pensar y correr hacia el ordenador para escribir sus palabras, y con cada palabra, una bofetada a todos los que dejan escapar vidas entre sus manos. El paso de tener a recordar y añorar es parte de la vida, pero lo convertimos en una simpleza casi burda e insultante. Recuerda y añora cuando no esté, pero cuando hayas consumido hasta el último segundo con esa persona a la que le dedicas las palabras más emotivas, sea quién sea, disfruta con el tipo de amor correspondiente al añorado. Está bien respetar silencios, con ellos respetas la íntima libertad de la persona que tienes a tu lado, pero a veces, o casi siempre es una pérdida de tiempo. ¿Cuánto darías ahora por escuchar la voz del que ya no está, mantener una conversación aunque fuera por unos segundos, cuánto no darías por abrazarlo, olerlo, sentir su calor, cuánto no darías por aquellas risas interminables que acababan en un llanto trágico-cómico cuando llevábais la conversación hasta la parte más absurda del sinsentido, cuánto no darías por caminar a su lado tropezando o exagerando un empujón sólo por ese contacto de un segundo que hace que lo recuerdes toda la vida?.
Cúantas palabras quedaron por decir, las que no te atreviste a pronunciar nunca, las que callabas con tristeza porque no era el día, o simplemente tendían siempre a la mala interpretación. Cuántos silencios absurdos al ver pasar a gente que ni si quiera conoces, buscando algo en el aire en lo que fijarse, dándole espacio a tu compañero de mesa.
Los silencios deben ser personales, íntimos, de sofá y manta, de soledad, de un vino consigo mismo o contigo. Cuando tengas a tu lado a tu amor, sea quién sea, al que quieras, a la persona a la que ames, a quien te erice la piel por tenerlo cerca, le aconsejo que disfrute de tu olor, de tu calor, que te revuelva el alma y te ponga la vida patas arriba. Abrázala, siéntela, bésala, cuéntale, dile, acaríciala, memoriza cada parte de su cuerpo, cada lunar, cada sonrisa, y guárdala ahí, dónde los sentimientos no se pierden, donde los recuerdos se graban a cincel y martillo, dónde reposan y sedimentan los recuerdos.
Siempre alguien se irá, la marcha es una cola sin orden, es un fino hilo que se rompe de pronto, un paso de un momento a otro, y eso supone un desastre para los que se quedan, porque nunca te han preparado para ese momento, nunca se acaba de contar todo lo que te hubiera gustado que supiera, y no hay vuelta atrás, lo que no se ha dicho no permanece. Así que habrá que olvidarse de tanto silencio personal, de tanto intimismo de postín, de tanta introspección innecesaria y comenzar a decir lo que nos hierve dentro. Dile que la quieres, pero díselo YA.
 Buena noche.

lunes, 2 de mayo de 2016

PREADOLESCENCIA Y HORMONAS

Soy madre y reconozco que me gusta la sensación que producen en mí mis dos "pimpollos". Siempre quise ser madre, incluso sin haberme golpeado la cabeza alguna vez me planteé la posibilidad de ser madre de familia numerosa, pero la vida siempre pone a alguien delante en el momento oportuno y te susurra ¿te has vuelto loca?...
Tengo dos hijos, el mayor está en esa época en la que te preguntas mil veces qué ha pasado con la mili, aquella institución donde "los mandabas niños y volvían hechos unos hombres de provecho". Por lo menos las madres librábamos de ese momento traumático cuando las hormonas transforman a aquel querubín en un ángel del infierno. Llegaban vacunados, más altos y hechos una piltrafa, pero ya nos encargábamos nosotras de volver a mal criarlos otra vez. Pues bien, mi hijo mayor está en esa etapa en la que ya "me quita una cabeza", en la que cuando le riño por algo ni me mira a la cara, sólo deja caer los párpados para demostrarme su cansancio maternal, abraza como si te arrojaran un pulpo vivo al pecho, besa con la mejilla, los labios están reservados para engancharlos en los brakets de "su princesa", lleva a cuestas esa tablet llena de dedos con más grasa que un olivar y no hace más que poner en ella esa música reggaetón, que me horroriza y hace que mis tímpanos chirríen. ¿Te importaría mucho bajar el volumen, cariño mío?. Lo sorprendente es que a pesar de llevar auriculares, de esos con amortiguación, deja una oreja fuera y sé que me escucha, pero no hay contestación ni reacción. Juro ante la constitución que no voy a pagarle la cirugía estética de esa oreja así le quede perpendicular a su sien. 
Mi hijo tiene la mala suerte de sufrir de acné, de que su piel se llene de granos que se infectan una y otra vez, a veces acentuados porque ignoran las palabras de sus madres. Los adolescentes deberían tener unos sensores en las puntas de los dedos que le provocaran una descarga eléctrica cada vez que se tocaran los granos delante del espejo del baño, no digo de alta tensión,sería una asesina, pero sí que les provocara un pequeño calambre cada vez que negasen a sus madre la clara evidencia de que están todo el día dándole que te pego al granito en cuestión. También está en esa bonita edad en la que no puedes quedar con él para nada porque SIEMPRE tiene algo más importante que hacer, que si los colegas, que si un partido, que si ahora no puedo... !coño, ya está bien!, que el día que te parí no te dije "ahora espera bonito, que tengo cosas que hacer y no puedo atenderte", me puse a ello y te traje al mundo, a ese mismo mundo en el que te aprietas los granos, escuchas reaggetón con el volumen altísimo y en el que no te pagaré la cirugía estética de la oreja desviada.
Mi hijo pequeño es la parte pensante del dúo. Es tipo ardilla, mezclado con la insensatez de sus doce años, y aderezado con una genialidad que a veces roza lo peligroso. Es muy ocurrente, de hecho el otro día celebramos que le salió su primer pelo en el mentón como el paso de iniciación a su preadolescencia (señor, dame fuerzas), !!!!casi hacemos una fiesta en el parque de las bolas!!!!. Aún no tiene la rebeldía de su momento "pre", así que puedo aprovechar para achucharlo y besarlo antes de que la hormona loca me despoje de su cariño. Me encanta la sensación de compartir baños y duchas con él, a pesar de que acabamos contracturados porque mi pequeño se mete en la bañera y se despliega ...
Nadie puede decir que no he hecho todo lo posible por ellos, hasta me he tirado por montañas rusas con el vértigo que tengo, tanto que hasta me marea mirar la fila de los botones del ascensor, por dios... He comido hamburguesas-cadáveres de esas de marca americana, he ido al museo del Barça a ver las copas de alpaca que tiene que costar un huevo limpiarlas cuando se llenan de esas manchas amarillentas...,  vale, me estoy quejando, pero he ido y no he hiperventilado, no por lo menos en su presencia...
Me he tirado por toboganes de agua quedándome con medio bikini en el intento, pero lo he hecho, eso demuestra mi valor, "por mis hijos lo que sea, hasta topless si es necesario"...
La verdad es que son mis dos mitades, mis dos motivos, mi vida entera, pero tengo que confesar que echo de menos no haber tenido una hija, una mujer en casa que de vez en cuando te dé la razón, te lleve de compras sin convulsionar y que te cubran esa parte femenina que pierdes al doblar miles de calzoncillos que se multiplican en cada lavadora. A veces me tienen hasta las narices con las únicas conversaciones en las que indefectiblemente tiene que haber la palabra "pelota", cuando sólo se celebran los goles por todo lo alto o cuando te dicen que te calles porque no escuchan el ruido de los motores en la carrera de fórmula uno...
Todo lo que siento lo tengo en ellos, su sonrisa, su ilusión, su alegría,... pero coño, podía haber un poco de calma en sus tormentas hormonales, que una ya está cuesta abajo y necesito el tan merecido descanso, aunque sólo sea el día de la madre.
Buena tarde, o noche, o lo que sea esto.

jueves, 21 de abril de 2016

YO NO LLORO

Ya no lloro, a no ser que algo me duela mucho, muchísimo y no en la parte orgánica, sino en esa zona donde se esconden los sentimientos. Y sacar el dolor de esa parte tan íntima, y hacerlo delante de personas desconocidas que te escuchan en silencio asintiendo con la cabeza y mirándote a los ojos cuando ya no eres capaz de tragar más lágrimas, es como desnudarte en un teatro lleno de gente que te observa en silencio. A  veces no queda más remedio que girar la cabeza y perder tu mirada en una ventana con cristal salpicado en lluvia, como si al otro  lado del cristal estuviera la solución a tu desesperación, como si de esa forma le dieras a tu oyente una tregua más necesaria para él que para tí. Y te mira, juntando sus manos delante de la boca, quizás para callar lo que piensa, quizás intentando buscar una respuesta al por qué no lo ayudan, o quizás para..., ya no lo sé.
Ayer conté su historia, su periplo sin fin de una pesadilla ralentizada por la falta de empatía. Allí estaba yo y allí estaba él pidiéndome que continuara, que le contase toda la historia hasta el aún innato final. No tenía prisa, eso me sorprendió ya que acostumbran a poner el punto y final ignorando el agotador tiempo de dolor. Pero no fue así, mantuvo un tono pausado, reconfortante, casi gritando en silencio un "cómo me duele tu dolor". Y son mis lágrimas, pero el dolor es el de mi hijo, yo lo vivo con él, me duele todo mi hijo, todo lo que él significa para mí, todo y cada uno de sus momentos. Ayer por la noche me dijo: "mamá, si no aguanto el dolor más, llévame al hospital, por favor". ¿Hasta dónde le tiene que doler a un niño para que haga tal petición?. Pues hasta el "ya no puedo más", y lo entiendo. La capacidad de resistencia, de contención, de gestión del dolor es algo que me asombra, me sorprende, me mata...
Sus doce años le convierten en un adulto envejecido a pesar de tener su piel tersa y de abrazarme apretando sus brazos con una fuerza de juventud malherida, con un "saber estar" que suma a su mérito y a su vida,  puntos de admiración.
Yo no suelo llorar, pero debo reconocer que el dolor de mi hijo consigue revolver mi interior, consigue sacar de la profundidad la astilla que se me clava y dejarla a ras de piel, llega a la parte más honda del pozo de mí y saca todo a la superficie. A mi hijo le duele su dolor, a mí me duele su sufrimiento, la duda, la impotencia, el miedo, el trato injusto, la sospecha y la desidia. Yo no suelo llorar, y seguro que volveré a hacerlo, pero lloraré mientras lucho con y por él, que nadie dude de nuestra fuerza.
Buena noche, o lo que sea esto.

domingo, 22 de noviembre de 2015

FIN DE SEMANA

Me encuentro en un momento desordenado. Reconozco que siempre por estas fechas me cuestiono más los comportamientos. No sé, serán la puñetera navidad, esa época en la que por narices tienes que volverte más vulnerable un año sí y el siguiente más. Tendré que hacérmelo mirar...
Ayer una preadolescente que supuraba alcohol y vómito por los poros de su piel, le gritaba a su madre llorosa y asustada que la dejara en paz, que le dolía la cabeza lo suficiente para no tener que aguantar sus rollos de madre histérica. Y claro, aquella  "gritona maleducada" era mi paciente, maldita suerte la mía. Yo la había recibido, desnudado, pinchado, sondado y todas las " -ado" que os podéis imaginar. Y su madre estaba en la cabecera preguntándose por qué le había mentido, por qué aquella noche se inventó "amigas de salida", quién le había facilitado el alcohol y las otras sustancias prohibidas a su hija menor de edad, por qué su hija flotaba en aquella camilla ...
Y me acerqué a ella, porque vi a una madre asustada y le dije, "cuidado, eso es lo que necesita, pero no aquí, cuidado en tu casa. Es una menor, es muy fácil manipularla, ya ves, hoy lo han hecho y ella ha pagado las consecuencias de su inmadurez y te ha hecho sentir traicionada". Me miró y me dio las gracias. Ojalá fuese la última vez, ojalá tenga esa improbable suerte.
Hace un par de días le comenté a un amigo, "no me gusta ese tipo de mujeres". No comprendo a las mujeres inmaduras que caminan de puntillas por la cuarentena, sabiendo que tienen esa edad y se empeñan en que nadie se dé cuenta. Reconozco que esa edad es la época de cambios, que es una época "jodida" en la que dejas de anotar fechas en el calendario, en la que las hormonas no sabes si suben, si bajan, o si se han vuelto en tu contra. Una época en la que dudas de todo, en la que no crees en el amor como sentimiento, en la que desconfías hasta de tí misma, en la que necesitas tanto un abrazo como un "déjame en paz", en la que te sientas a desayunar mirando a través de una ventana sin ver más allá de esos dedos marcados en el cristal, en la que te da igual si hace frío o si hay una ciclogénesis explosiva tras la puerta de tu casa. Tú seguirás sintiendo un calor pegajoso, sí, pero todo esto no justifica que te arrojes cual adolescente despendolada al primer pantalón que se te ponga delante, y menos si tienes a tu lado al pantalón que tú has elegido para tener a tu lado desde hace años. No sé si me explico, vamos a ver. Yo, a nada de entrar en la cincuentena ya he pasado por toda esa tormenta "imperfecta", han quedado atrás (y tan atrás) aquellos comportamientos en los que salías de casa a comerte el mundo, en los que te tomabas dos copas y pensabas que el principe azul estaría esperándote en un pub apoyado en la barra tomándose un JB, que aquel que te miraba con ojos "de cordero degollado" había visto en tí la luz divina. Patochadas. Pero si eso estaba permitido en la adolescencia, pasado los cuarenta me parece PATÉTICO. 
Vive la vida, estoy de acuerdo, pero en tu tiempo, en tu hora, en tu momento, con cuarenta, con cincuenta, con la edad que tengas, pero coherentemente. No hay nada más triste que ver una mujer madura comportándose como una adolescente alocada. O eso creo yo, no sé, igual estoy equivocada...
Ha sido un fin de semana largo, de esos que duran de más, pero productivo en experiencias y pensamientos, con muchos sentimientos encontrados que te hacen recanalizar las vivencias, las ideas, los sueños... Dos historias separadas por años, pero cercanas en equivocaciones.  Buena noche, o así...


martes, 25 de agosto de 2015

MIL Y UNA



Salí a comprar el pan. La misma tienda, el mismo dependiente, yo intentando mirar de reojo aquel periódico... y entonces entraron ellos. Dos niños igualitos, repeinados y de la mano, uno tendría diez años y el otro no llegaba a seis. Le susurraron una limosna al dependiente. Él, mirada al suelo seguida de un leve movimiento lateral de cabeza.
Los miré y pensé que podrían ser mis hijos. Les pregunté si querían una barra de pan recién hecha. Me miraron con unos impresionantes ojos color café y dijeron un sí ilusionante. Dame una barra de pan recién hecha, le dije..., y ya de paso, la bolsa más grande de regalices que tengas.
Se fueron como entraron, de la mano, repeinados, pero con un brillo fantástico en sus ojos. Salí de la tienda y fuí consciente de que sonreía. Esta parte de la vida es tan jodida como mágica...


Mi hijo pequeño lleva unos días diciendo que no le importaría cambiar de familia.Lo dice riendo y mirándome con una cara más que cuestionable. Le he dicho,"muy bien,vete con esa familia, con ese apellido tan feo, pero que sepas que te acostarán a las diez y esa madre, esa, es mucho mas seria que yo y no sabe hacer croquetas".
"Es que sabes mamá, a mí me gustaría llevar el apellido Buceta. Es elegante, imagínate, Gabriel Buceta, suena muy bien...". Pero Gabri, esa familia no se apellida Buceta, no sabes lo que dices... Bueno,pues me quedo en esta familia. Anda mamá,vamos al sillón y nos tumbamos juntos.Tu apellido tampoco está tan mal. ¿Mañana me haces croquetas?"



Hoy 30 de marzo de 2015,es el cumpleaños de la mujer de mi vida, mi madre. No hay palabras para decirte cuanto te quiero mamá. Gracias por tenerme nueve meses en tu barriga, por esos miles de bocatas que me hiciste, por quedarte despierta cuando estaba malito, por soportar mis enfados, mis tristezas y mis alegrías, por las largas tardes estudiando conmigo, por llevarme a cientos de lugares distintos, por comprarme ropa sin quejarte, por las frías tardes que estabas en el pabellón para animarme, por darme tantos consejos sobre las mujeres, por salvarme cuando me metía en problemas,por darme una educación, por todo lo que me enseñaste de la vida, como que no se puede juzgar a una persona por su apariencia, por comprarme la play 3, por tus abrazos cuando más los necesitaba... 
Gracias por ser mi madre. Te quiero mamá, y te prometo que siempre voy a estar ahí. No me faltes nunca.

"Mamá, a lo mejor voy hoy a dar una vuelta en bici...
Con quien vas?
Con Manu,Jako y con el Niño Rata
Vale,vale,ya me quedo más tranquila.......
Dios santo, con el Niño Rata!!!!!!".


"Mamaaaaaaá, estoy mal, me duele la cabeza, la espina dorsal y hay mucha gente en mi habitación que están liando todo".
Es gracioso hasta con fiebre....ains!!!

Concierto de God Save the Queen. Indescriptible. El espectáculo debe continuar. Emoción y un golpe de recuerdo. Me gusta esta sensación. Al salir del concierto,mi hijo pequeño me decía, "mamá, que voz". Una señora se acercó a él y comenzaron los dos a hablar del concierto, de lo mucho que les había gustado, de las voces, de la música. Podría haber entre ellos 60 años de diferencia, y a los dos les había maravillado la misma voz. Eso es magia...

La vi venir por la calle hacia mí con los brazos abiertos. No levantaba un palmo del suelo y caminaba con sus pañales de una forma muy graciosa. Era una de esas niñas negritas con pelo afro. Ella me gritó, !oye chicaaaa,chicaaaaa!. Me agaché y me abrazó cogiéndose de mi cuello y sin más me dijo, "te amo". La abracé y le dije "yo también a tí, mi vida".
Siguió caminando de lado, saludándome con la mano sin parar de mirarme.
Que os puedo contar de aquel momento, fue algo maravilloso y mágico.

No era un buen día y salí a que me diera el aire. Vi a mi compadre saliendo del garage. Me preguntó que qué tal estaba. Lo miré, juro que no abrí la boca y el me dijo, "yo también estoy estresado".
A dónde vas?. A comprarme un paquete de tabaco, necesito un cigarro. Me acompañó, salimos los dos con una cajetilla. ¿Por qué fumas, Julia?. Lo miré y no pude reprimir decirle, ¿y tú?. Me miró de reojo y dijo, por lo mismo, creo...
Fue una conversación tiernamente absurda, pero me hizo sonreír...

Lo llamé, pasó con su madre de acogida y se sentó. Tenía 10 años. Le pregunté que le pasaba. Unos ojos negros en forma de almendra, preciosos. "Vomité", me dijo.
Su "madre" enpezó a contarme, "come mucho, demasiado, nunca le llega y luego vomita porque no puede más y quiere volver a comer, y así una y otra vez...".
Leí los informes que me entregó "su madre". Mientras los leía  os juro que odié, amé, se me revolvió el alma, insulté, todo lo hice mentalmente, en silencio. La madre salió al sonarle el móvil. Le cogí de la mano y le dije, "nadie te va a hacer daño, no te volverá a faltar nada, come más despacio que tendrás tiempo, nadie te quitará la comida, me entiendes?. Dijo sí, sólo dijo sí. Pero aquellos ojos lo decían todo.
Espero que alguien este enterrado en un hoyo muy profundo....

Hoy mi hijo pequeño tuvo una discusión en el patio del colegio con unos compañeros.
Gabri dijo, "cuando sea mayor voy a ser conde". Sus amigos se rieron y le dijeron que eso era imposible, que nunca sería conde, que eligiera otra cosa...
Y Gabri les espetó, "si Rajoy llegó a presidente, YO VOY A SER CONDE".
Vamos a ver como se lo explico al señor político este, " mire usted, mi hijo tiene diez años de edad, sus razonamientos me dejan anonadada infinidad de veces, le preocupa que haya compañeros suyos que no llevan merienda al colegio, me pregunta si alguien puede echarnos de nuestra casa, en el súpermercado compara precios e incluso a veces rechaza una golosina que le ofrezco. Nunca pide ropa de marca, ahorra céntimo a céntimo en una hucha y recicla su material escolar del año pasado. Le preocupa que su amigo Pablo y que es ciego, no tenga una profesora de la Once que le ayude a estudiar, que a su amigo Gonzalo se le muera la almeja del vivero, que Luna haya crecido y que no lo haya visto y ayer me ha dicho que hay que cuidar los libros que le han prestado este año porque el año que viene le tocarán a otro niño que los necesite...
Y qué quiero decir con todo esto?. Pues que usted será presidente porque lo han votado, pero mi hijo con su corta edad tiene la cabeza bastante mejor amueblada, que siente y vive la crisis que usted ignora, que se preocupa por sus amigos y por los que no lo son....
Ojala tuviera tan sólo una parte de lo grande que es mi hijo.

Acabo de leer que han agredido a un auxiliar de enfermería en el Clínico de Santiago. No me sorprende la noticia, me apena leer que pasa una y otra vez. Miren ustedes, hace unos días un chaval de 16 años, uno de esos que se comen el mundo porque no ha tenido unos padres que le marcaran los límites, llegó a mi servicio con signos evidentes de ingesta enólica. Pues bien, después de insultar al personal, escupir a todo lo que se movía, ofrecer tocamientos obscenos a mi compañera... me cansé. Me acerqué a él y le pedí que cerrara la boca, a lo que me respondió, "cállate tú, puta catalana". No sé que parte de la frase hizo despertar en mí el cariño. Abrí la cortina del box, me acerqué a él, su madre huyó hacia la entrada y entonces le dije, "yo no soy tu madre y si lo fuera te arreaba una...xxxxxxx... en esa bocaza que llegabas a casa sin tocar el suelo, no sin antes pasearte por todo el hospital para que todo el mundo vea como un machote como tú, tiene puesto un pañal por si se hace pipí de camino a casa, y me cruzaría de brazos para ver de primera mano la verguenza que te iba a hacer pasar".
Yo no sé si lo que le dije lo oyó, lo absorvió o le resbaló, pero cinco minutos después, se abrazaba a su madre llorando como un niño normal.
Esto, que puede hacer reír a muchos, es una agresión verbal, es una vejación hacia el personal sanitario, y nos duele este desprecio. Yo tengo que entender en que condiciones llega el paciente, si está nervioso, si tiene ganas de darte dos hostias o si tiene ganas de recordar a mis muertos. Pero amigo, esa persona que te cuida también tiene días, enfermedades, preocupaciones, muertos, heridas abiertas y llantos silenciados. Y esta ahí para tí, para ayudarte, no por un sueldo patético, sino porque ha decidido ejercer esa profesión. Así que respétame, no puedo quitarte la pena, el dolor, la angustia desde el momento cero, dame tiempo para hacerlo e intentaré reconfortarte lo antes posible. Soy enfermera, no puta, no lo olvides chaval.

Esta mañana antes de llevarlos al campamento mi hijo pequeño me dijo, "mami, no sé que me pasa en los ojos, que no paran de echar agua y no es de alergia. A ver, abrázame por si así se me pasa, por si es frío. Sabes mamá, te voy a echar de menos, a tí y a... tus croquetas!!!!!!. Ahí fue cuando me mató.
Buena noche.

domingo, 19 de julio de 2015

MIS DOS MITADES Y MEDIA

Soy madre, nunca pensé que sería algo tan mágico. Mi vida es un todo con dos mitades, cada una de ellas me ha conquistado desde el momento cero, tan pequeños, tan frágiles y generando uno de las mejores sensaciones de mi vida. Son aceleradores de sentimientos, multiplicadores de vida, mis sentidos más desarrollados. El uno, mi mitad mayor, mi niño sempiterno, mi ruptura con el pasado , mi mano derecha, mi media sonrisa, mi hemisferio dominante. El otro, mi motivo cada mañana, mi confirmación de esperanza, mi caricia preferida, mi injerto deseado. Los dos, mi todo, mi vida.
Los días pasan, a veces me pregunto por qué va todo tan rápido, necesito más tiempo, aún no les he escrito la receta de las croquetas...
 Aún los veo con tanta necesidad de "te quieros"... 
Cada noche se arriman  en el sillón en busca de una caricia, una mano en su cabello, un roce en sus espaldas, de esos que estremecen y reconfortan. Y me gusta tenerlos así, injertados en mis piernas, sujetándose a ellas como si soltarse significara perderse, como una prolongación de mi vida.
A veces me sorprendo mirándolos, o mejor dicho admirándolos, como si no los conociera del todo, como si cada día descubriera en ellos algo curioso y fantástico, en esas vidas tan mías.
Sólo puedo hablar de ellos en presente o pasado, el futuro lo escribirán ellos. Y me gustaría que crezcan llenos de sentimientos de los buenos, de aquellos que dan calor, de los producen escalofríos de ternura, como en los mejores cuentos "hasta siempre jamás". Y cuando crezcan y decidan compartir sus vidas, quiero que acaricien, que miren a los ojos, que descubran la verdad en las miradas, que sepan leer las manos que acaricien, que disfruten de los silencios abarrotados de sentimientos, que sus dedos recorran lo que desean, que busquen la paz en mi luna...
Que vivan historias verdaderas donde puedan tocar los sueños, que caminen firmemente por suelos de madera desgastada donde en los finales sólo haya felicidad , que abracen a su amor cuando tenga frío o tengan miedo ..., quiero que sean felices. Y si hay algo que los perturbe, que los asuste o que les produzca vértigo, que sepan que ahí estaré, aunque ya no esté aquí, para agitar su atrapasueños y hacer de su pesadilla un hermoso sueño.
Quiero a mis hijos, mis dos mitades, mis dos motivos, realmente quiero a mis dos mitades y media, pero eso ya lo sabes, verdad?. Buena noche.







sábado, 11 de octubre de 2014

¿Y TU ME JUZGAS COMO MADRE?

Enfadada no es la palabra, quizás asombrada sería más acertada. Hoy un amigo en ese momento, me espetó varias frases que me dejaron como poco perpleja. Pero hubo una de ellas, que jamás hubiese esperado escucharla de esta persona: "no eres tan buena madre como tú crees". 

Esta es mi historia. Tengo dos fantásticos hijos de 10 y 14 años, vaya eso por delante.
Hace 15 años recibí la bonita noticia de mi primer embarazo. Debido a problemas de salud, lo que debía ser un embarazo normal se convirtió en uno de alto riesgo, con sus miedos, sus lágrimas y sus risas.

Y por fin, un frío día de enero nació mi primer hijo. No importó el dolor, mi niño
 estaba bien. Diez días después del nacimiento, mi pequeño enfermó gravemente. Corrimos con él hacia el hospital, el pediatra de guardia nos llevó a una sala para comunicarnos su estado. Miedo. Era tan pequeño, tan indefenso...

Debía ingresar, le besé en frente mientras lo mecía en mis brazos y sin parar de llorar, se lo di a una enfermera que se lo llevo a la UCI neonatal. Era de noche, una auxiliar me dijo que no me quedara en la sala de espera, que me fuese a casa a descansar que hasta mañana no me dejarían estar con él.

Fue la despedida más terrible de mi vida, no sabía si mañana mi niño "estaría" o no. Un dolor indescriptible. Durante los quince días siguientes acampé en la sala de espera, en mis manos los patucos de mi niño, que olía una y otra vez. Recién parida, con las hormonas revolucionadas y una angustia infinita. No soy creyente, pero por él me fui a la capilla del hospital e hice un trato sin levantar los ojos del suelo. Mi hijo se curó.

Un mes después mi madre, una mujer joven y muy necesaria, enfermó. Hicimos turnos maratonianos entre para estar con ella hasta el final. Ocho meses en el hospital, un dolor inimaginable, la pena, el desgaste...
Se fue un día de noviembre.

Cuatro años después nació mi segundo hijo. Con tres meses  hizo una convulsión y después de algunos estudios, se le diagnosticó un problema que trató neurocirugía durante dos largos años. Estaba agotada, no podía más. 

Mis hijos fueron creciendo, mientras yo trabajaba, llevaba una casa y adaptaba mis turnos de trabajo a sus actividades. Estudié una oposición sentada en las gradas de un polideportivo mientras practicaban su deporte favorito. Estudiaba en el coche esperando a que mi hijo mayor saliera del colegio, cuando salía de guardia de noche, cocinaba con los apuntes en las manos y me ahogaba en café para aprovechar las mañanas.

Aprobé la oposición con buena nota, un trabajo fijo cerca de casa.

Mi padre falleció en este período. Y mi mejor amiga, mi niña, mi hermana, se la llevó un accidente de tráfico una noche, sin tiempo para decirle que la quería.

He educado a mis hijos lo mejor que he podido y creo que no lo he hecho mal. Son muy buenos estudiantes, correctos, educados y adoran el deporte. Tienen un corazón hecho de mucho cariño,  son sensibles y muy buena gente.
 
Cuando ya no puedo con el cuerpo me tumbo en mi sofá verde, y rápidamente se encaraman pidiéndome mimos. Para ellos, siempre.

 Les he enseñado a decir "te quiero" con normalidad y jamás se acuestan sin mis besos y sin que les falte un "te quiero, yo también".

No seré la mejor madre, eso seguro, pero he intentado hacerlo lo mejor posible. Y creo que he conseguido que sean dos bellas personas, de los que me siento terriblemente orgullosa.

Así que, mi querido examigo, estoy convencida de haber educado de forma correcta a mis "dos motivos". Creo que te has confundido con tus argumentos. Te recomiendo no dejarte llevar por el rencor y que pienses bien tus palabras antes de vomitar idioteces como las que has dicho. Te pierde la lengua y la vida te lo ha demostrado.

Buena noche.