Esta es mi historia. Tengo dos fantásticos hijos de 10 y 14 años, vaya eso por delante.
Hace 15 años recibí la bonita noticia de mi primer embarazo. Debido a problemas de salud, lo que debía ser un embarazo normal se convirtió en uno de alto riesgo, con sus miedos, sus lágrimas y sus risas.
Y por fin, un frío día de enero nació mi primer hijo. No importó el dolor, mi niño
estaba bien. Diez días después del nacimiento, mi pequeño enfermó gravemente. Corrimos con él hacia el hospital, el pediatra de guardia nos llevó a una sala para comunicarnos su estado. Miedo. Era tan pequeño, tan indefenso...
Debía ingresar, le besé en frente mientras lo mecía en mis brazos y sin parar de llorar, se lo di a una enfermera que se lo llevo a la UCI neonatal. Era de noche, una auxiliar me dijo que no me quedara en la sala de espera, que me fuese a casa a descansar que hasta mañana no me dejarían estar con él.
Fue la despedida más terrible de mi vida, no sabía si mañana mi niño "estaría" o no. Un dolor indescriptible. Durante los quince días siguientes acampé en la sala de espera, en mis manos los patucos de mi niño, que olía una y otra vez. Recién parida, con las hormonas revolucionadas y una angustia infinita. No soy creyente, pero por él me fui a la capilla del hospital e hice un trato sin levantar los ojos del suelo. Mi hijo se curó.
Un mes después mi madre, una mujer joven y muy necesaria, enfermó. Hicimos turnos maratonianos entre para estar con ella hasta el final. Ocho meses en el hospital, un dolor inimaginable, la pena, el desgaste...
Se fue un día de noviembre.
Cuatro años después nació mi segundo hijo. Con tres meses hizo una convulsión y después de algunos estudios, se le diagnosticó un problema que trató neurocirugía durante dos largos años. Estaba agotada, no podía más.
Mis hijos fueron creciendo, mientras yo trabajaba, llevaba una casa y adaptaba mis turnos de trabajo a sus actividades. Estudié una oposición sentada en las gradas de un polideportivo mientras practicaban su deporte favorito. Estudiaba en el coche esperando a que mi hijo mayor saliera del colegio, cuando salía de guardia de noche, cocinaba con los apuntes en las manos y me ahogaba en café para aprovechar las mañanas.
Aprobé la oposición con buena nota, un trabajo fijo cerca de casa.
Mi padre falleció en este período. Y mi mejor amiga, mi niña, mi hermana, se la llevó un accidente de tráfico una noche, sin tiempo para decirle que la quería.
He educado a mis hijos lo mejor que he podido y creo que no lo he hecho mal. Son muy buenos estudiantes, correctos, educados y adoran el deporte. Tienen un corazón hecho de mucho cariño, son sensibles y muy buena gente.
Cuando ya no puedo con el cuerpo me tumbo en mi sofá verde, y rápidamente se encaraman pidiéndome mimos. Para ellos, siempre.
No seré la mejor madre, eso seguro, pero he intentado hacerlo lo mejor posible. Y creo que he conseguido que sean dos bellas personas, de los que me siento terriblemente orgullosa.
Así que, mi querido examigo, estoy convencida de haber educado de forma correcta a mis "dos motivos". Creo que te has confundido con tus argumentos. Te recomiendo no dejarte llevar por el rencor y que pienses bien tus palabras antes de vomitar idioteces como las que has dicho. Te pierde la lengua y la vida te lo ha demostrado.
Cuatro años después nació mi segundo hijo. Con tres meses hizo una convulsión y después de algunos estudios, se le diagnosticó un problema que trató neurocirugía durante dos largos años. Estaba agotada, no podía más.
Mis hijos fueron creciendo, mientras yo trabajaba, llevaba una casa y adaptaba mis turnos de trabajo a sus actividades. Estudié una oposición sentada en las gradas de un polideportivo mientras practicaban su deporte favorito. Estudiaba en el coche esperando a que mi hijo mayor saliera del colegio, cuando salía de guardia de noche, cocinaba con los apuntes en las manos y me ahogaba en café para aprovechar las mañanas.
Aprobé la oposición con buena nota, un trabajo fijo cerca de casa.
Mi padre falleció en este período. Y mi mejor amiga, mi niña, mi hermana, se la llevó un accidente de tráfico una noche, sin tiempo para decirle que la quería.
He educado a mis hijos lo mejor que he podido y creo que no lo he hecho mal. Son muy buenos estudiantes, correctos, educados y adoran el deporte. Tienen un corazón hecho de mucho cariño, son sensibles y muy buena gente.
Cuando ya no puedo con el cuerpo me tumbo en mi sofá verde, y rápidamente se encaraman pidiéndome mimos. Para ellos, siempre.
Les he enseñado a decir "te quiero" con normalidad y jamás se acuestan sin mis besos y sin que les falte un "te quiero, yo también".
No seré la mejor madre, eso seguro, pero he intentado hacerlo lo mejor posible. Y creo que he conseguido que sean dos bellas personas, de los que me siento terriblemente orgullosa.
Así que, mi querido examigo, estoy convencida de haber educado de forma correcta a mis "dos motivos". Creo que te has confundido con tus argumentos. Te recomiendo no dejarte llevar por el rencor y que pienses bien tus palabras antes de vomitar idioteces como las que has dicho. Te pierde la lengua y la vida te lo ha demostrado.
Buena noche.
aqui no hay me gusta, pero me gusta.
ResponderEliminarVane