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sábado, 13 de septiembre de 2025

EL COCHE AZUL

Dormir una noche sin que nada la despertara se había convertido en un deseo casi imposible, sin embargo aquella no había sido una de las peores. Aún así, a media mañana el cuerpo le pesaba un poco más de lo ya habitual, los pasos no parecían ágiles y una niebla espesa orbitaba a su alrededor, todos ellos sutiles indicios de que el cuerpo suplicaba una pequeña desconexión.

Agarró la botella de agua y bebió como si aquel sorbo le proporcionara el empujón definitivo de vitalidad que necesitaba. Y así siguió pasando la mañana, con minutos que se iban multiplicando en cada segundo hasta que llegó la hora de volver a su mundo. 

Cerró la puerta con las últimas fuerzas que le quedaban ese día, un portazo inútil que hizo que la puerta volviera a abrirse, como si quisiera burlarse de su debilidad. Suspiró una última vez, cogió aire profundamente, la agarró con ambas manos, frunció el ceño para mostrar su enfado, empujó está vez con una rabia foribunda hasta conseguir cerrarla de un golpe seco. No faltó una mirada atrás para comprobar que nadie hubiera presenciado aquel gesto tan poco femenino...

Llegó al vestuario como si hubiese atravesado cinco valles, tres ríos y dos veredas. Introdujo la llave en la cerradura de la taquilla y sintió como si hubiera abierto un sendero hacia la libertad. Sonrió tímidamente cuando echó un ojo a la ropa que colgaba de las perchas, todo liviano; sandalias, sol, mar, aún se respiraba verano, lo que parecía devolverle a la vida.

Salió a la calle para recibir el primer bofetón de calor, colocó las gafas de sol sobre sus eternas ojeras y tomó el camino entre los árboles que la llevarían hasta el aparcamiento. Una suave brisa, el ruido chirriante de unas ruedas sobre el asfalto y el final del camino que acababa en un paso de peatones. Miró a la derecha, a la izquierda y se dispuso a cruzar. De nuevo volvió a escuchar el chirriante ruido, levantó la mirada y vio como un coche azul se acercaba a toda velocidad. Tuvo un mal presentimiento, apuró el paso y al llegar a la acera, el conductor dio un volantazo injustificado dirigiendo el coche hacia dónde estaba ella. Dos fugaces segundos para pensar ¡corre!. Y así lo hizo, dudando de la agilidad tantas veces cuestionada y de si realmente le daría tiempo a esquivar un atropello seguramente mortal. Sus pies volaron hasta la acera mientras otro volantazo hizo que aquel descerebrado conductor corrigiera su trayectoria. Ella quedó paralizada mientras aquel coche se dirigía de nuevo hacia una segunda "víctima" que se encontraba unos metros más allá. 

Aún con el susto en el cuerpo, se  sentó al volante en silencio, intentando entender aquella actitud. Había sido una larga jornada de trabajo y sus pies pesaban más que cualquier otro día. Deseaba volver a casa, comer algo y descansar olvidando todo lo ocurrido. Pero no pudo evitar pensar en las consecuencias de aquel errado alcance, quizás no hubiese llegado hasta la acera, ni al coche o ni tan siquiera a su casa. 

Quizás hubiesen alertado a su hijo de una salida en ambulancia para atender un atropello cerca del hospital. Él nunca sospecharía quién era la víctima a la que debía atender, o simplemente quién sería la persona que ya no necesitaba ser atendida. Y mientras se enfrentaba a uno de los peores momentos de su vida, el conductor del coche azul estaría sentado a la mesa en su casa con la familia sin inmutarse por la barbaridad cometida.

Ella ya no estaría, sus hijos habrían perdido a su madre, mil planes quedarían aplazados para siempre, muchas palabras sin decir y abrazos que flotarían perdidos en el aire.

El coche volvió a pasar por delante de aquella mujer asustada con la actitud chulesca de un adolescente que quiere comerse el mundo. Mal sabe que la propia vida puede devorarlo en una décima de segundo. Se fue cómo vino, vacío, cruel y dañino. 

Ella tuvo suerte, llegó a casa y llamó a su hijo. Sólo necesitaba oír su voz otra vez y decirle que lo quería de todas las formas queribles. Él escuchaba en silencio sin entender el motivo de aquella llamada. Ella colgó el teléfono y se tumbó en el sofá verde, aquel que curaba todas las heridas de vida. Y se quedó dormida 

Buena noche.

martes, 29 de agosto de 2023

TU CHARLA

¿Te acuerdas cuándo te dije que en cuanto llegara a las diez mil lecturas, haría público el blog?. Pues olvídate de eso. Y no, no me da vergüenza que las personas que lo lean descubran quién está detrás de la historia. No creo que encuentren grandes pensamientos, sí quizás reflexiones de momentos un poco abstractos. Lo he estado pensando seriamente y lo que me pide el cuerpo son mil entradas más.

Fuiste uno de los primeros en conocerlo. Aquel día me armé de valor, no estaba en casa, ni tan siquiera en mi ciudad. Hacía calor, mucho calor, y yo, ya sabes que cuando me tomo dos cervezas se vuelve la boca loca. Tú tiraste hábilmente del hilo, yo me dejé liar, y todo esto aderezado con tu labia envolvente, hizo que sin pensarlo dos veces, te mandara el enlace a estos pensamientos tan locamente personales. 

 Cuando te lo mandé tuve un ataque de vergüenza adolescente, quise que la tierra me tragara entera, hasta la propia sombra. Un sofocón de calor por todo el cuerpo, una mordida de uñas nerviosa, un tiempo de reflexión en tenso silencio y me silencié en tu llamada imaginando, pensando como estarías tapándote la boca con las manos para que yo, al otro lado, no escuchara la temida y explosiva carcajada.

Entré en el bar, agarré la caña y le di un soberano sorbo, uno de esos absurdos tragos que acaba provocando que la cerveza baje a la misma velocidad que sube el gas (de primero de física, lo sé). Los ojos enrojecidos y la gente con la que estás, pensando erróneamente que tu reacción  responde quizás a las lágrimas  reprimidas porque tu marido acaba de decirte que le ha comprado un gato al niño, él que juró amarte y escucharte hasta que la muerte os separara, pero que aún no se ha enterado de que su hijo es alérgico al pelo del animalito en cuestión, o cualquier cosa así, yo que sé. Sólo era el gas de la cerveza saliendo por los lacrimales, sólo eso...

!Ay, perdón querido, te he dejado con la palabra en la boca, es que se me están quemando las lentejas!. Sí, ya sé que cocinar lentejas a las once de la noche no es muy normal, me lo has dicho mil veces, pero es que no he tenido tiempo y mañana tengo fisioterapia, se me lía todo y si no, acabaré haciendo los macarrones con tomate de siempre. Además, sabes que ya no uso reloj, me da igual la hora que sea, ya no importa.

Por cierto, no te he contado que me he descargado un tutorial para hacer fotos de la luna, lo tenía desde hace unos días, hoy me he parado y lo he leído con detenimiento. Esto viene  a cuento porque se me han quemado un poco las lentejas, he abierto la ventana de la cocina y ahí en frente, como puesta para mí, estaba tu luna. He corrido hacia el salón y no te lo vas a creer, ni un tropezón, los dedos de los pies enteros, no me he caído, aún no me lo creo.

Me lío, bueno, total que he cogido el móvil, lo he configurado como decía el tutorial, he enfocado a la luna y me ha salido perfecta. A ver, hice todo lo que decía el manual que debía hacer: parámetros, oscuridad, fijar la imagen y de primera impresión, todo perfecto. Demasiado perfecto me parecía cuando vi que la luna estaba en cuarto creciente y la que fotografié era una luna llena. Te juro que a veces parece que los astros se conjuran contra mí, menuda sensación de torpeza, estoy empezando a pensar que últimamente hago demasiadas cosas absurdas en tiempo record. ¿No te parece?.

 !!!Qué mal, qué mal, no te lo vas a creer, menudo error!!!. Pues nada, que al darle al zoom me di cuenta del pequeño, minúsculo , inapreciable error para el ojo humano. ¿Te puedes creer que aquella luna llena tan perfecta, fotografiada con tanto esmero, no era más  que la imagen de una farola de la casa negra de enfrente, esa tan horrorosa, la que decías que tenía un punto tétrico?. Así como te lo digo, "un plagio de luna" por culpa de la vecina y su manía de encender las farolas en noches de luna llena. Total, que no ha podido ser hoy, qué  rabia, pero no te preocupes, mañana lo intentaré de nuevo aunque tenga que manipular su cuadro eléctrico.

Espera un momento, creo que tengo que cambiar las lentejas de tartera, siempre me pasa lo mismo, siempre se me pegan, que manía oye. Vuelvo ahora, espérame, eh.

Ya estoy aquí. Todo arreglado en la cocina, bueno, menos el desorden que dejan mis hijos. ¿Te acuerdas cuando te decía que ellos dos eran mis motivos y que mi vida, si no estaban a mi lado, no tenía sentido?. Pues siguen siendo mis motivos pero creo que fui un poco exagerada con la afirmación, o por lo menos no me hacen sentir en este momento tan necesitada, sobre todo cuando me apetece  hablar con alguno y me espeta un "mamá, no ves que estoy en medio de una partidaaaa". Cuando están enfermos, tienen miedo o necesitan algo, siempre me tienen, aunque esté cansada, rompiéndome la cabeza por mis problemas con la administración o pensando en qué pasará en un futuro cercano, siempre estoy ahí. Ellos no tienen la misma sensación de "falta de tiempo" que siento yo, la necesidad de que me miren y me sonrían , de que me abracen sin motivo alguno, de que hablen conmigo sin que medie un teléfono móvil con el tintineo de sus mil whatsapps que tienen que responder de forma urgente, como si la subsistencia de la humanidad dependiera de ese odioso ruidito. A veces pienso que no existe mucha diferencia entre que estén en casa o no, sólo veo dos sombras que cruzan hacia la cocina en busca de avituallamiento para volver de nuevo a "la gruta". Es inevitable mi enfado, entiéndeme, me hacen sentir que soy transparente para ellos, entonces me sale la vena de divorciada y les propongo que se vayan a casa de su padre, pero la comodidad les puede, aún a consta de ver mi agotamiento físico y moral cada día que pasa. "Son todos iguales" me dicen los padres de sus amigos, pero esa frase tan manida ya no me sirve, no son todos iguales, cada uno es lo que aprende y mama, y yo no les he enseñado a ser así, yo he dedicado toda mi vida a ellos, a los otros y hasta a los que no eran míos, ...,  pero ésta es una historia que no voy a repetir, es demasiado rancia...

Es muy tarde, pero antes de acostarme quiero que sepas de mi consciencia absoluta de que ya no estás aquí, sé que estoy "hablándote" desde el pensamiento y el recuerdo, que seguiré haciéndolo siempre (sigues siendo mi Pepito Grillo), y no porque aún esté metida en un duelo crónico (como piensa alguno que yo me sé), sino porque necesito que sigas "cubriendo" esa parte de mí a la que llamabas "imposible de alcanzar". Fíjate, que tarde te lo permití.

 No te alejes demasiado, que sean los futuros fallos en mi memoria los que te diluyan de mis recuerdos en el tiempo.

Que sepas que las lentejas me han salido buenísimas.

Buena noche, cielo.


viernes, 31 de diciembre de 2021

2021, TE ODIO

2021, te odio. No contaré todo lo que ocurrido este año, no me repetiré, pero si explicaré cómo me he sentido. Maldito año, como me has herido. Has marcado a fuego un dolor absoluto, has querido borrarme de este mundo, me has separado de los míos impidiéndome sanar "mis rotos". Has mandado ráfagas de filos cortantes que han llenado mi cuerpo heridas, te has llevado a la persona a la que amaba con pasión, has hecho daño a mis motivos, me has llenado de cicatrices, maldito seas...

2021, has tenido la capacidad destructora de una guerra, sin posibilidad de defensa. Te odio por lo que sigues provocando a día de hoy, porque has dañado a mis hijos, los has asustando hasta el llanto, les has provocado un daño que no se merecen, has herido, a mis dos motivos, a lo que más quiero en esta vida, te detesto tanto...

2021, si fueras una persona, sería capaz de desearte todo el dolor asumible y te dejaría en esa frontera para que el sufrimiento te durara de forma infinita. Sería  capaz de sentarme a ver como te lapidan sin parpadear para no perderme ni un solo lamento.  Acabaría contigo sin tener el más mínimo sentimiento de piedad ni culpa.

2021, me has roto el corazón de dos formas salvajes, a traición, dejando en mi mente pensamientos que provocan escozor y me queman, que me resquebrajan y me ahogan. Has hecho que cada lugar, nombre, situación, sonido, canción o escalofrío me traiga a la memoria momentos cuyos recuerdos me arrasan con una tristeza tan profunda como el pozo más oscuro.

2021, te aborrezco y  lo haré siempre, seguramente durante toda mi vida, sin dar posibilidad a que el olvido diluya mi pena. 

Y al año que entra, si desear vale de algo, sólo te pediría que nos dejaras en paz, que mis motivos sean intocables, que podamos recuperarnos del desastre que has  provocado en nosotros, que lo que hoy nos desespera, mañana nos duela un poco menos menos y que de una vez, tengamos la vida que ya nos merecemos. 

Buena noche.

lunes, 4 de julio de 2016

MIL PALABRAS

Había sido un día complicado... no había luna llena, no podía verla...el silencio a veces duele...la soberbia acaba matándolo todo... mis hijos son mis motivos para siempre... cuando necesitaba un apoyo, ni ellos supieron ponerse de acuerdo... el invierno fue cálido, aunque siempre temblabas... te prometí una rosa y allí estaba yo, no ella, la llorona... los niños y los borrachos no mienten... me acusaron de querer hacerle daño... ella siempre ha sido así, hasta cuando nuestras camas eran gemelas... la echo de menos todos los días, era mi madre... que lejos queda la plaza de las aspas y cuanto dejas que se aleje... volver a mi trabajo me dará vida... aquel coche me separó de ella, se la llevo para siempre, maldito día... el color de sus ojos cambiaba según la luz, eso me decía... un día me regaló la luna, después se fue... he aprendido a como no quiero ser... estaré hoy, no para el día siguiente... él le ha dado una lección a todos los dioses de blanco... necesitaba volver a ser el primogénito, no por el orden, por ser simplemente él, mi niño... cada día intenta salvar a Martita, su chica, y eso me emociona... el sillón les cura las penas y los dolores... me gusta nuestra complicidad, los tres luchadores... necesito tiempo, aún no están preparados... tenía los labios perfectamente perfilados, se reía cuando se lo decía, era verdad... lo mejor, hablarle en carne... un paseo de madera que hace temblar... aquella complicidad en los sueños callados... despertares tempranos que buscan a su madre... navidades llenas de faltas insoportablemente queridas... notas de agradecimiento y calor... ventanas abiertas por las que no entra ni pizca de aire... días sin palabras, sin sentido, sin letras... terrazas vacías de lo que hubo ayer y no hoy... preguntas sobre el interior y el "corazoncito"... mis hijos, mi vida, mi todo... un vino cada seis meses para conservar una de mis amistades preferidas... no expresa, solo habla en silencio... la mecí en su cuna y luego la vi crecer, ahora es "mi niña"... yo también pasé miedo, no se nace, se hace... no me mires, mira hacia el cielo... deja de flotar en el mar como si fuese tu medio natural... no te calles, no me calles nunca... largas charlas que te reconfortan... no debí dejarla ir aquel día... tengo miedo a no ser capaz... a veces voy allí a sentirlos cerca... y cuando ya no sea, búscame allí donde pensaba. Mil palabras. Buena noche.

lunes, 2 de mayo de 2016

PREADOLESCENCIA Y HORMONAS

Soy madre y reconozco que me gusta la sensación que producen en mí mis dos "pimpollos". Siempre quise ser madre, incluso sin haberme golpeado la cabeza alguna vez me planteé la posibilidad de ser madre de familia numerosa, pero la vida siempre pone a alguien delante en el momento oportuno y te susurra ¿te has vuelto loca?...
Tengo dos hijos, el mayor está en esa época en la que te preguntas mil veces qué ha pasado con la mili, aquella institución donde "los mandabas niños y volvían hechos unos hombres de provecho". Por lo menos las madres librábamos de ese momento traumático cuando las hormonas transforman a aquel querubín en un ángel del infierno. Llegaban vacunados, más altos y hechos una piltrafa, pero ya nos encargábamos nosotras de volver a mal criarlos otra vez. Pues bien, mi hijo mayor está en esa etapa en la que ya "me quita una cabeza", en la que cuando le riño por algo ni me mira a la cara, sólo deja caer los párpados para demostrarme su cansancio maternal, abraza como si te arrojaran un pulpo vivo al pecho, besa con la mejilla, los labios están reservados para engancharlos en los brakets de "su princesa", lleva a cuestas esa tablet llena de dedos con más grasa que un olivar y no hace más que poner en ella esa música reggaetón, que me horroriza y hace que mis tímpanos chirríen. ¿Te importaría mucho bajar el volumen, cariño mío?. Lo sorprendente es que a pesar de llevar auriculares, de esos con amortiguación, deja una oreja fuera y sé que me escucha, pero no hay contestación ni reacción. Juro ante la constitución que no voy a pagarle la cirugía estética de esa oreja así le quede perpendicular a su sien. 
Mi hijo tiene la mala suerte de sufrir de acné, de que su piel se llene de granos que se infectan una y otra vez, a veces acentuados porque ignoran las palabras de sus madres. Los adolescentes deberían tener unos sensores en las puntas de los dedos que le provocaran una descarga eléctrica cada vez que se tocaran los granos delante del espejo del baño, no digo de alta tensión,sería una asesina, pero sí que les provocara un pequeño calambre cada vez que negasen a sus madre la clara evidencia de que están todo el día dándole que te pego al granito en cuestión. También está en esa bonita edad en la que no puedes quedar con él para nada porque SIEMPRE tiene algo más importante que hacer, que si los colegas, que si un partido, que si ahora no puedo... !coño, ya está bien!, que el día que te parí no te dije "ahora espera bonito, que tengo cosas que hacer y no puedo atenderte", me puse a ello y te traje al mundo, a ese mismo mundo en el que te aprietas los granos, escuchas reaggetón con el volumen altísimo y en el que no te pagaré la cirugía estética de la oreja desviada.
Mi hijo pequeño es la parte pensante del dúo. Es tipo ardilla, mezclado con la insensatez de sus doce años, y aderezado con una genialidad que a veces roza lo peligroso. Es muy ocurrente, de hecho el otro día celebramos que le salió su primer pelo en el mentón como el paso de iniciación a su preadolescencia (señor, dame fuerzas), !!!!casi hacemos una fiesta en el parque de las bolas!!!!. Aún no tiene la rebeldía de su momento "pre", así que puedo aprovechar para achucharlo y besarlo antes de que la hormona loca me despoje de su cariño. Me encanta la sensación de compartir baños y duchas con él, a pesar de que acabamos contracturados porque mi pequeño se mete en la bañera y se despliega ...
Nadie puede decir que no he hecho todo lo posible por ellos, hasta me he tirado por montañas rusas con el vértigo que tengo, tanto que hasta me marea mirar la fila de los botones del ascensor, por dios... He comido hamburguesas-cadáveres de esas de marca americana, he ido al museo del Barça a ver las copas de alpaca que tiene que costar un huevo limpiarlas cuando se llenan de esas manchas amarillentas...,  vale, me estoy quejando, pero he ido y no he hiperventilado, no por lo menos en su presencia...
Me he tirado por toboganes de agua quedándome con medio bikini en el intento, pero lo he hecho, eso demuestra mi valor, "por mis hijos lo que sea, hasta topless si es necesario"...
La verdad es que son mis dos mitades, mis dos motivos, mi vida entera, pero tengo que confesar que echo de menos no haber tenido una hija, una mujer en casa que de vez en cuando te dé la razón, te lleve de compras sin convulsionar y que te cubran esa parte femenina que pierdes al doblar miles de calzoncillos que se multiplican en cada lavadora. A veces me tienen hasta las narices con las únicas conversaciones en las que indefectiblemente tiene que haber la palabra "pelota", cuando sólo se celebran los goles por todo lo alto o cuando te dicen que te calles porque no escuchan el ruido de los motores en la carrera de fórmula uno...
Todo lo que siento lo tengo en ellos, su sonrisa, su ilusión, su alegría,... pero coño, podía haber un poco de calma en sus tormentas hormonales, que una ya está cuesta abajo y necesito el tan merecido descanso, aunque sólo sea el día de la madre.
Buena tarde, o noche, o lo que sea esto.

viernes, 9 de octubre de 2015

ESTA MAÑANA

Me apasionan los desayunos de café solo con tostadas de pan fresco y amaneceres en los que la luz provoca en mi mente un revoltijo de sensaciones. Hoy, un día de esos. Fué una noche en las que te duele el cuerpo de dar vueltas, tan frecuentes ultimamente, tan hechas ya a mi cuerpo. Descanso, poco. Dolor, el suficiente para recordarme que es lo habitual. Recuerdos, los de siempre, los añoros de mi vida.
Sonó el despertador y volví a girarme pensando: "jooo, un poquito más". Me levanté con esa inestabilidad tan habitual de mi cuerpo, con la imposibilidad de abrir los ojos para diferenciar los marcos de las puertas de amplísimos pasillos, y claro, el porrazo correspondiente que provoca el despertar más cruel. Aún frotando mi frente, camino hasta la habitación de mi hijos y enciendo la luz: "joooooo, maaaaaa". Casi impasible, abro el armario con la esperanza de que la ropa salte a mis brazos, se combine sola... Abro un ojo, es mejor que los rayos sólo dañen uno de los dos, mejor el izquierdo, sí, casi mejor ese...
Visto a mi hijo pequeño de forma inconsciente, él y yo, ninguno de los dos habita aún en este mundo, aún nos quedan unos minutos de inconsciencia. Mi otro hijo está tumbado. Guiñando un ojo para no deslumbrarme, siempre pienso: "por Dios, a vuelto a crecer esta noche, dónde lo voy a meter cuando ya no quepa en la cama, ¿en el armario?. Mañana lo pienso".
Camino hacia la cocina, perfilo un par de marcos de puertas más, suficiente para el despertar más cruel. Preparo sus desayunos mientras ellos siguen tumbados en sus camas. Ya está todo listo: !!!niñossss!!!.
Caminan como en la serie de "walking dead", ellos son jóvenes, ellos evitan los marcos, por los pelos. Encienden la radio, su música, un ritual, su pan tostado el uno, sus galletas el otro, y su tiempo, con calma, lo necesitan. Comienzan las prisas, el desayuno siempre se prolonga una canción más, una cadena de bostezos interminables, un " estoy deseando que llegue el viernes"...
Dientes, mochilas, cazadoras, besos y camino de la última jornada de esta semana.
Ahora es mi momento. Preparo las tostadas, un preciado café solo y mi amanecer. Una rutina de la que no puedo precindir cada mañana. Como si ello me diera vida. Me la da, no tengo duda.
Y ciclicamente la cabeza empieza a ordenar mis tareas de hoy: acabar de ver el amanecer, echar de menos, oler la colonia de mi infancia, pararme frente a mi pared de los recuerdos, prometerme ser felíz, dejarme querer, reír a carcajadas con mis dos motivos, desear que todo vaya bien... y acordarme de proteger los marcos de las puertas, también.
Acaba de amanecer, así que hoy y sólo por hoy, buen día.


lunes, 31 de agosto de 2015

ELLOS



Hoy me he metido en Instagram a echar un vistazo, un poco nostálgica quizás, y me he encontrado una imagen de mi hijo mayor junto a un amigo. Mi hijo y yo, dicho sea de paso, llevamos una época de discusiones y desencuentros, y hoy escribió a pié de foto lo siguiente:
"Cuando todo parezca nublarse,tu amistad me ayuda a ver con claridad. Cuando los problemas agobien, sé que en tí puedo confiar".
Su amigo le contestó,"te quiero, tío".
Siempre he intentado educar a mis hijos en el cariño y respeto hacia los demás. Les he inculcado que los sentimientos no sólo se demuestran, sino que hay que reciclarlos día a día, y decir te quiero, te aprecio, aquí me tienes, no me busques porque siempre estaré... con palabras, y en voz alta para que no haya dudas y siempre de frente, para que la persona que te necesite sepa que tú estás ahí.
Hoy me ha demostrado que ha entendido mi mensaje. Te quiero Guille.
Y mi otro yo, lleva días levantándose a las mil y metiéndose en mi cama muerto de frío. Lo hace como escapando de algo, buscando el calor de forma insistente, el contacto de la calidez. Me acerco a él y lo abrazo, y en segundos su respiración se templa y se relaja. No sé quien necesita más ese contacto, si él o yo misma. 
Me gusta lo que he parido, dos hermosas personas que transmiten sentimientos hasta el escalofrío. Alguien me ha dicho alguna vez que es todo un logro haber sabido transmitir a mis hijos lo que siempre he echado yo de menos. Sólo quiero que nunca carezcan de "los te quieros", que no tengan hambre de abrazos, que sepan tan solo mirando a los ojos de otra persona que existen necesidades más allá de las básicas, que el silencio a veces calla penas horribles, que hay días de te necesito y de estoy aquí...
Hoy los miro, los admiro, el mérito no es mío, es exclusivamente suyo. Ellos han dejado abierta esa puerta a veces tan recóndita, tan lejana, y ese espacio es por dónde han dejado pasar todo lo bueno que tienen dentro. Me siento orgullosa, me hacen respirar hondo, los miro y sonrío. Buena noche.

martes, 25 de agosto de 2015

MIL Y UNA



Salí a comprar el pan. La misma tienda, el mismo dependiente, yo intentando mirar de reojo aquel periódico... y entonces entraron ellos. Dos niños igualitos, repeinados y de la mano, uno tendría diez años y el otro no llegaba a seis. Le susurraron una limosna al dependiente. Él, mirada al suelo seguida de un leve movimiento lateral de cabeza.
Los miré y pensé que podrían ser mis hijos. Les pregunté si querían una barra de pan recién hecha. Me miraron con unos impresionantes ojos color café y dijeron un sí ilusionante. Dame una barra de pan recién hecha, le dije..., y ya de paso, la bolsa más grande de regalices que tengas.
Se fueron como entraron, de la mano, repeinados, pero con un brillo fantástico en sus ojos. Salí de la tienda y fuí consciente de que sonreía. Esta parte de la vida es tan jodida como mágica...


Mi hijo pequeño lleva unos días diciendo que no le importaría cambiar de familia.Lo dice riendo y mirándome con una cara más que cuestionable. Le he dicho,"muy bien,vete con esa familia, con ese apellido tan feo, pero que sepas que te acostarán a las diez y esa madre, esa, es mucho mas seria que yo y no sabe hacer croquetas".
"Es que sabes mamá, a mí me gustaría llevar el apellido Buceta. Es elegante, imagínate, Gabriel Buceta, suena muy bien...". Pero Gabri, esa familia no se apellida Buceta, no sabes lo que dices... Bueno,pues me quedo en esta familia. Anda mamá,vamos al sillón y nos tumbamos juntos.Tu apellido tampoco está tan mal. ¿Mañana me haces croquetas?"



Hoy 30 de marzo de 2015,es el cumpleaños de la mujer de mi vida, mi madre. No hay palabras para decirte cuanto te quiero mamá. Gracias por tenerme nueve meses en tu barriga, por esos miles de bocatas que me hiciste, por quedarte despierta cuando estaba malito, por soportar mis enfados, mis tristezas y mis alegrías, por las largas tardes estudiando conmigo, por llevarme a cientos de lugares distintos, por comprarme ropa sin quejarte, por las frías tardes que estabas en el pabellón para animarme, por darme tantos consejos sobre las mujeres, por salvarme cuando me metía en problemas,por darme una educación, por todo lo que me enseñaste de la vida, como que no se puede juzgar a una persona por su apariencia, por comprarme la play 3, por tus abrazos cuando más los necesitaba... 
Gracias por ser mi madre. Te quiero mamá, y te prometo que siempre voy a estar ahí. No me faltes nunca.

"Mamá, a lo mejor voy hoy a dar una vuelta en bici...
Con quien vas?
Con Manu,Jako y con el Niño Rata
Vale,vale,ya me quedo más tranquila.......
Dios santo, con el Niño Rata!!!!!!".


"Mamaaaaaaá, estoy mal, me duele la cabeza, la espina dorsal y hay mucha gente en mi habitación que están liando todo".
Es gracioso hasta con fiebre....ains!!!

Concierto de God Save the Queen. Indescriptible. El espectáculo debe continuar. Emoción y un golpe de recuerdo. Me gusta esta sensación. Al salir del concierto,mi hijo pequeño me decía, "mamá, que voz". Una señora se acercó a él y comenzaron los dos a hablar del concierto, de lo mucho que les había gustado, de las voces, de la música. Podría haber entre ellos 60 años de diferencia, y a los dos les había maravillado la misma voz. Eso es magia...

La vi venir por la calle hacia mí con los brazos abiertos. No levantaba un palmo del suelo y caminaba con sus pañales de una forma muy graciosa. Era una de esas niñas negritas con pelo afro. Ella me gritó, !oye chicaaaa,chicaaaaa!. Me agaché y me abrazó cogiéndose de mi cuello y sin más me dijo, "te amo". La abracé y le dije "yo también a tí, mi vida".
Siguió caminando de lado, saludándome con la mano sin parar de mirarme.
Que os puedo contar de aquel momento, fue algo maravilloso y mágico.

No era un buen día y salí a que me diera el aire. Vi a mi compadre saliendo del garage. Me preguntó que qué tal estaba. Lo miré, juro que no abrí la boca y el me dijo, "yo también estoy estresado".
A dónde vas?. A comprarme un paquete de tabaco, necesito un cigarro. Me acompañó, salimos los dos con una cajetilla. ¿Por qué fumas, Julia?. Lo miré y no pude reprimir decirle, ¿y tú?. Me miró de reojo y dijo, por lo mismo, creo...
Fue una conversación tiernamente absurda, pero me hizo sonreír...

Lo llamé, pasó con su madre de acogida y se sentó. Tenía 10 años. Le pregunté que le pasaba. Unos ojos negros en forma de almendra, preciosos. "Vomité", me dijo.
Su "madre" enpezó a contarme, "come mucho, demasiado, nunca le llega y luego vomita porque no puede más y quiere volver a comer, y así una y otra vez...".
Leí los informes que me entregó "su madre". Mientras los leía  os juro que odié, amé, se me revolvió el alma, insulté, todo lo hice mentalmente, en silencio. La madre salió al sonarle el móvil. Le cogí de la mano y le dije, "nadie te va a hacer daño, no te volverá a faltar nada, come más despacio que tendrás tiempo, nadie te quitará la comida, me entiendes?. Dijo sí, sólo dijo sí. Pero aquellos ojos lo decían todo.
Espero que alguien este enterrado en un hoyo muy profundo....

Hoy mi hijo pequeño tuvo una discusión en el patio del colegio con unos compañeros.
Gabri dijo, "cuando sea mayor voy a ser conde". Sus amigos se rieron y le dijeron que eso era imposible, que nunca sería conde, que eligiera otra cosa...
Y Gabri les espetó, "si Rajoy llegó a presidente, YO VOY A SER CONDE".
Vamos a ver como se lo explico al señor político este, " mire usted, mi hijo tiene diez años de edad, sus razonamientos me dejan anonadada infinidad de veces, le preocupa que haya compañeros suyos que no llevan merienda al colegio, me pregunta si alguien puede echarnos de nuestra casa, en el súpermercado compara precios e incluso a veces rechaza una golosina que le ofrezco. Nunca pide ropa de marca, ahorra céntimo a céntimo en una hucha y recicla su material escolar del año pasado. Le preocupa que su amigo Pablo y que es ciego, no tenga una profesora de la Once que le ayude a estudiar, que a su amigo Gonzalo se le muera la almeja del vivero, que Luna haya crecido y que no lo haya visto y ayer me ha dicho que hay que cuidar los libros que le han prestado este año porque el año que viene le tocarán a otro niño que los necesite...
Y qué quiero decir con todo esto?. Pues que usted será presidente porque lo han votado, pero mi hijo con su corta edad tiene la cabeza bastante mejor amueblada, que siente y vive la crisis que usted ignora, que se preocupa por sus amigos y por los que no lo son....
Ojala tuviera tan sólo una parte de lo grande que es mi hijo.

Acabo de leer que han agredido a un auxiliar de enfermería en el Clínico de Santiago. No me sorprende la noticia, me apena leer que pasa una y otra vez. Miren ustedes, hace unos días un chaval de 16 años, uno de esos que se comen el mundo porque no ha tenido unos padres que le marcaran los límites, llegó a mi servicio con signos evidentes de ingesta enólica. Pues bien, después de insultar al personal, escupir a todo lo que se movía, ofrecer tocamientos obscenos a mi compañera... me cansé. Me acerqué a él y le pedí que cerrara la boca, a lo que me respondió, "cállate tú, puta catalana". No sé que parte de la frase hizo despertar en mí el cariño. Abrí la cortina del box, me acerqué a él, su madre huyó hacia la entrada y entonces le dije, "yo no soy tu madre y si lo fuera te arreaba una...xxxxxxx... en esa bocaza que llegabas a casa sin tocar el suelo, no sin antes pasearte por todo el hospital para que todo el mundo vea como un machote como tú, tiene puesto un pañal por si se hace pipí de camino a casa, y me cruzaría de brazos para ver de primera mano la verguenza que te iba a hacer pasar".
Yo no sé si lo que le dije lo oyó, lo absorvió o le resbaló, pero cinco minutos después, se abrazaba a su madre llorando como un niño normal.
Esto, que puede hacer reír a muchos, es una agresión verbal, es una vejación hacia el personal sanitario, y nos duele este desprecio. Yo tengo que entender en que condiciones llega el paciente, si está nervioso, si tiene ganas de darte dos hostias o si tiene ganas de recordar a mis muertos. Pero amigo, esa persona que te cuida también tiene días, enfermedades, preocupaciones, muertos, heridas abiertas y llantos silenciados. Y esta ahí para tí, para ayudarte, no por un sueldo patético, sino porque ha decidido ejercer esa profesión. Así que respétame, no puedo quitarte la pena, el dolor, la angustia desde el momento cero, dame tiempo para hacerlo e intentaré reconfortarte lo antes posible. Soy enfermera, no puta, no lo olvides chaval.

Esta mañana antes de llevarlos al campamento mi hijo pequeño me dijo, "mami, no sé que me pasa en los ojos, que no paran de echar agua y no es de alergia. A ver, abrázame por si así se me pasa, por si es frío. Sabes mamá, te voy a echar de menos, a tí y a... tus croquetas!!!!!!. Ahí fue cuando me mató.
Buena noche.

domingo, 19 de julio de 2015

MIS DOS MITADES Y MEDIA

Soy madre, nunca pensé que sería algo tan mágico. Mi vida es un todo con dos mitades, cada una de ellas me ha conquistado desde el momento cero, tan pequeños, tan frágiles y generando uno de las mejores sensaciones de mi vida. Son aceleradores de sentimientos, multiplicadores de vida, mis sentidos más desarrollados. El uno, mi mitad mayor, mi niño sempiterno, mi ruptura con el pasado , mi mano derecha, mi media sonrisa, mi hemisferio dominante. El otro, mi motivo cada mañana, mi confirmación de esperanza, mi caricia preferida, mi injerto deseado. Los dos, mi todo, mi vida.
Los días pasan, a veces me pregunto por qué va todo tan rápido, necesito más tiempo, aún no les he escrito la receta de las croquetas...
 Aún los veo con tanta necesidad de "te quieros"... 
Cada noche se arriman  en el sillón en busca de una caricia, una mano en su cabello, un roce en sus espaldas, de esos que estremecen y reconfortan. Y me gusta tenerlos así, injertados en mis piernas, sujetándose a ellas como si soltarse significara perderse, como una prolongación de mi vida.
A veces me sorprendo mirándolos, o mejor dicho admirándolos, como si no los conociera del todo, como si cada día descubriera en ellos algo curioso y fantástico, en esas vidas tan mías.
Sólo puedo hablar de ellos en presente o pasado, el futuro lo escribirán ellos. Y me gustaría que crezcan llenos de sentimientos de los buenos, de aquellos que dan calor, de los producen escalofríos de ternura, como en los mejores cuentos "hasta siempre jamás". Y cuando crezcan y decidan compartir sus vidas, quiero que acaricien, que miren a los ojos, que descubran la verdad en las miradas, que sepan leer las manos que acaricien, que disfruten de los silencios abarrotados de sentimientos, que sus dedos recorran lo que desean, que busquen la paz en mi luna...
Que vivan historias verdaderas donde puedan tocar los sueños, que caminen firmemente por suelos de madera desgastada donde en los finales sólo haya felicidad , que abracen a su amor cuando tenga frío o tengan miedo ..., quiero que sean felices. Y si hay algo que los perturbe, que los asuste o que les produzca vértigo, que sepan que ahí estaré, aunque ya no esté aquí, para agitar su atrapasueños y hacer de su pesadilla un hermoso sueño.
Quiero a mis hijos, mis dos mitades, mis dos motivos, realmente quiero a mis dos mitades y media, pero eso ya lo sabes, verdad?. Buena noche.







sábado, 11 de octubre de 2014

¿Y TU ME JUZGAS COMO MADRE?

Enfadada no es la palabra, quizás asombrada sería más acertada. Hoy un amigo en ese momento, me espetó varias frases que me dejaron como poco perpleja. Pero hubo una de ellas, que jamás hubiese esperado escucharla de esta persona: "no eres tan buena madre como tú crees". 

Esta es mi historia. Tengo dos fantásticos hijos de 10 y 14 años, vaya eso por delante.
Hace 15 años recibí la bonita noticia de mi primer embarazo. Debido a problemas de salud, lo que debía ser un embarazo normal se convirtió en uno de alto riesgo, con sus miedos, sus lágrimas y sus risas.

Y por fin, un frío día de enero nació mi primer hijo. No importó el dolor, mi niño
 estaba bien. Diez días después del nacimiento, mi pequeño enfermó gravemente. Corrimos con él hacia el hospital, el pediatra de guardia nos llevó a una sala para comunicarnos su estado. Miedo. Era tan pequeño, tan indefenso...

Debía ingresar, le besé en frente mientras lo mecía en mis brazos y sin parar de llorar, se lo di a una enfermera que se lo llevo a la UCI neonatal. Era de noche, una auxiliar me dijo que no me quedara en la sala de espera, que me fuese a casa a descansar que hasta mañana no me dejarían estar con él.

Fue la despedida más terrible de mi vida, no sabía si mañana mi niño "estaría" o no. Un dolor indescriptible. Durante los quince días siguientes acampé en la sala de espera, en mis manos los patucos de mi niño, que olía una y otra vez. Recién parida, con las hormonas revolucionadas y una angustia infinita. No soy creyente, pero por él me fui a la capilla del hospital e hice un trato sin levantar los ojos del suelo. Mi hijo se curó.

Un mes después mi madre, una mujer joven y muy necesaria, enfermó. Hicimos turnos maratonianos entre para estar con ella hasta el final. Ocho meses en el hospital, un dolor inimaginable, la pena, el desgaste...
Se fue un día de noviembre.

Cuatro años después nació mi segundo hijo. Con tres meses  hizo una convulsión y después de algunos estudios, se le diagnosticó un problema que trató neurocirugía durante dos largos años. Estaba agotada, no podía más. 

Mis hijos fueron creciendo, mientras yo trabajaba, llevaba una casa y adaptaba mis turnos de trabajo a sus actividades. Estudié una oposición sentada en las gradas de un polideportivo mientras practicaban su deporte favorito. Estudiaba en el coche esperando a que mi hijo mayor saliera del colegio, cuando salía de guardia de noche, cocinaba con los apuntes en las manos y me ahogaba en café para aprovechar las mañanas.

Aprobé la oposición con buena nota, un trabajo fijo cerca de casa.

Mi padre falleció en este período. Y mi mejor amiga, mi niña, mi hermana, se la llevó un accidente de tráfico una noche, sin tiempo para decirle que la quería.

He educado a mis hijos lo mejor que he podido y creo que no lo he hecho mal. Son muy buenos estudiantes, correctos, educados y adoran el deporte. Tienen un corazón hecho de mucho cariño,  son sensibles y muy buena gente.
 
Cuando ya no puedo con el cuerpo me tumbo en mi sofá verde, y rápidamente se encaraman pidiéndome mimos. Para ellos, siempre.

 Les he enseñado a decir "te quiero" con normalidad y jamás se acuestan sin mis besos y sin que les falte un "te quiero, yo también".

No seré la mejor madre, eso seguro, pero he intentado hacerlo lo mejor posible. Y creo que he conseguido que sean dos bellas personas, de los que me siento terriblemente orgullosa.

Así que, mi querido examigo, estoy convencida de haber educado de forma correcta a mis "dos motivos". Creo que te has confundido con tus argumentos. Te recomiendo no dejarte llevar por el rencor y que pienses bien tus palabras antes de vomitar idioteces como las que has dicho. Te pierde la lengua y la vida te lo ha demostrado.

Buena noche.