martes, 27 de junio de 2023

MÍA

 "La gente buena no se entierra, se siembra", me encanta esta estrofa, es de un músico que me chifla. Me la quedo, con su permiso.

Ella los miraba mordiéndose el labio superior, eran preguntas repetidas, deshilvanadas, cada una de su madre, difíciles de contestar una a una y demasiado espesas para hacerlo de golpe. Pero les estaba escuchando, seguramente con la mente en otra parte, dejando que se mezclaran las preguntas con algún pensamiento fugaz, o quizás intentado recordar el título del libro que aún tenía sin leer. 

Y los dejaba hablar:

"¿Por qué siempre tienes una sonrisa en los labios?. Esa ironía, no es tan sana como haces creer. ¿Cómo puedes mezclar el llanto con la risa?. ¿Pero tú eres consciente de todo lo que te ha pasado?. Vamos a tomar una cerveza. ¿Por qué no hablas de él?. Llevas unos cuantos años de mierda, amiga. ¿Cómo haces para mantenerte en pie?. Es que eres valiente, ojalá yo tuviera la mitad de tu fuerza. Estás muy delgada. ¿Cómo vas a hacerlo más adelante, estás loca?. Tienes que ir a la peluquería. ¿Qué es lo qué siempre te empuja a seguir?. Me agotan tus fuerzas. ¿Cuándo vas a volver?. ¿Pero no te sientes sola?. Bueno, tú y tu soledad buscada. ¿Tienes miedo?. No quiero hacerte daño. !!No puedo creer que te hayas atrevido a hacer eso!!. ¿Qué te has ido de fin de semana así, a las bravas, sin contármelo?. Mi amiga me mandó un whatsapp para decirme que su tumor no ha crecido, !!pero  cómo no voy a querer abrazarla!!. Eres muy especial, sensibilidad y carisma. Formas parte de él, "ese es tu lugar". Sabes hijo, nos quedaremos con tu sueño. Aunque estaba callada, en su mente había un batiburrillo de voces. Los dos compartíamos nuestros mares revueltos. No volví a saber de ella, yo también la echo de menos. Eres un ser de luz".

Erase una vez que se era, no, así comienzan los cuentos y ésta es una historia real. Ella era un ser que nació en un supuesto mundo fácil, lleno de colores, de risas y silencios cómplices, tres hermanos que sólo coincidían en los genes, de padre poco activo y de una madre superada por la vida. Ella era el ser de esta historia, recordaba detalles de hace "for a long long time", y su sonrisa, era una fina capa que le protegía de los fantasmas más temidos. 

Aprendió a hablar mucho y a callar más. Eso le proporcionaba el tiempo suficiente para pensar respuestas absurdas que ocupaban los huecos que no quería rellenar de palabras sentidas, agujeros que eran sólo suyos, y en su contenido, algo de ironía  y mucho más de todo ...

Tal mezcla de sentimientos y tan desordenados, que la risa le hacía llorar y el llanto lo remataba con una sonada carcajada, si la necesitaba, y vaya si la necesitaba ...

Siempre consciente de todo aquello que  había pasado, no le gustaba hablar de ello, por eso sabía manejar las palabras a su antojo. Prefería mantenerse en el hoy, dejando el ayer para otros momentos , para si misma. Era como aquella vitrina llena de cosas heredadas de la que no fue capaz de deshacerse, nunca fue de "tirar recuerdos", odiaba hacerlo, cosa  que le resultaba "tannnn familiar"...

No hablaba de él, o si lo hacía, era de una forma casi imperceptible para todos, menos para ella misma. Su vida, la de ambos, eran muy suyas, no necesitaban demostrarle al mundo "sus sentires", se llegaban los dos solos para serlo todo, había un feedback perfecto entre ambos, una intimidad impenetrable, o quizás eso creía ella, pero eso ya nunca lo sabremos. Y aunque apenas se notaba, todos los días hablaban de mil recuerdos ,y así siguieron haciéndolo incluso cuando él se fue para ya no volver, porque en cierta forma, nunca desapareció ese hilo transparente que los mantenía unidos, incluso tras su muerte. A veces "se miraban", sentados cada uno en una  esquina del sofá y se sonreían con la complicidad que tanta vida le daba a ella ...

Aprendió a caminar sola por todos los caminos, senderos y montañas. Era muy torpe, tropezaba, caía, se levantaba y así en más de cien ocasiones, pero en cada una de ellas, lo hacía con más ansia y más rabiosa. Creo que eso le daba más fuerza para seguir el camino. Es cierto que llegaba llena de heridas, daños y rabias, pero continuaba, nunca entendí por qué lo hacía...

Y la pregunta no era por qué, sino por quién. En realidad, no sé si lo hacía por ella ...

"Luchas contra molinos de viento, eres cómo Don Quijote", no hacía más que repetirle, una y otra vez. "No vas a poder con todo, acabarás con tu salud y tu vida, no sigas haciéndote daño". Un eco chirriante tremendamente molesto hacia su tocada paciencia. No eran buenos momentos, se acercaba peligrosamente la fecha nunca deseada, la del último día en la vida de él y el primero de la triste vida de ella...

Y el que la reprendía, no se daba cuenta de que no era ella el objetivo  de sus críticas. Él era la debilidad, el derrotismo no reconocido, el Sancho de la obra dónde, sin permiso, quiso hacer que ella fuese el personaje. Se retorcía con cada frase como una posesa, se enojaba, pero siempre sacaba de no sé dónde, la suficiente fuerza para ignorar las palabras hirientes y seguir luchando por sus verdades y certezas, defendiendo su realidad, que no era una ilusión como creía su amigo.

Ella era pura lucha y cabezonería, con un carácter modelado por lo injusto y por un incansable deseo de volver a "nacer" para escapar de un pasado doliente y colocar de una vez por todas las piezas del puzzle de su vida en la posición correcta. Así era ella, siempre apasionada y por momentosp loca. Pero una loca sensata.

Pronto pasó el día, un descenso por el tobogán casi vertical de los recuerdos, una llegada al final del día agotada, con la suficiente fuerza aún para cortar una gardenia, ponerla en la mesita en su esquina del sofá y guiñarle el ojo al que siempre se "quedaría con ella". Y así fue.

Buena noche.


miércoles, 8 de marzo de 2023

ABRAZOS

Los abrazos sostenidos, aquellos que por momentos te vacían todo el aire del interior, los que juntan cuerpos con una descarada indecencia, aquellos que cierran los labios pero hablan por si solos. Soy muy de abrazar, sobre todo a la gente que me los saca de dentro, quizás cuando necesito decirle "pensé que me moría", "quizás no vuelva a tener otra oportunidad para dártelo", "quizás me importas más de lo que te hice creer". Pues bien, cuando existe un "aprecio mutuo unilateral" y se ponen excusas año tras año, de esas que parecen  una regurgitación, por sentido común acabo por tirar la toalla,y quizás tenga razón y no valga la pena insistir. Imagino que para esas personas se inventaron los tanatorios, para ese tipo de abrazo, mejor los cumplidos allí y no en mí. 

Hace un tiempo, en una reunión de  personas dispares, coincidimos cinco de ellas en una sobremesa en la que yo era la única desemparejada. Eso no influyó para que la comida fuera muy agradable, de charlas cruzadas, de sonrisas silenciosas y quizás de muecas que lo decían todo. Y llegaron las bebidas espirituosas, esas que potencian los sentimientos hasta una sinceridad larga en desvergüenza y rica en contenido, esa que hace que las palabras calen como la lluvia, revuelvan sentimientos e incluso hagan volar cuchillos cortantes e injustos.

Empezó él, no se encontraba bien, tenía la sensación de que lo preparado con tanta dedicación no estaba perfecto, o quizás realmente lo pensaba y necesitaba la aprobación con unos "aplausos vocalizados", no lo sé. Poco después de forma  sorpresiva se desmoronó, sus lágrimas caían al mantel como granizos, no pude evitar intentar borrarlas de su cara con mis manos. Tiempo de calma hasta que empezó a sonar una música nada acorde con la situación, demasiado intencionada, que provocó  que otro comensal comenzara un nuevo llanto, también lleno de emoción poco contenida desde el principio y liberada por desbordamiento más tarde. Nunca le había visto llorar y lo conozco de toda la vida, cosa que provocó en mí una amigable ternura. Fue una reacción en cadena, mis ojos se llenaron de lágrimas, de esas que quieres devolver al interior de los ojos para que no broten y evitar así que se hagan públicas. No lo conseguí, tiré de las palmas de mis manos para secar lo inevitable. 

La conversación que siguió al momento fue perdiendo luz y ganando sombra, estaba cargada de muchos sentimientos distintos en un orden caótico; empezamos hablando de la falta de fe, de por qué no, de un " porque no me da la gana", de un "no sabes lo que dices", de un "sé lo que digo porque yo lo he vivido", de "tienes que creer en algo más que en las personas", de un "no intentes convencerme", de una pérdida de lógica en su argumento, de un agotamiento emocional, de un seguir golpeando dónde me estaba haciendo daño, de un no creo porque lo que le ha pasado "al mío" me ha parecido muy injusto,..., hasta que tuvo una reacción de lo más estúpida al darse cuenta de que su perorata no conseguiría convencerme, pero siendo consciente de la dirección de los cuchillos que estaba lanzando y de cómo me los clavaba con indiferencia. Entonces se levantó de la silla con desaire, la apartó a un lado y se puso a bailar sevillanas, como si allí no hubiera pasado nada, como si la ofensa "al mío", "al que ya la tierra le es leve", mereciera el estúpido taconeo y un airoso movimiento de brazos. Me contuve por un momento, "lo juro por el supremo al que ella defendía", pero no lo pude evitar, y de manera silenciosa y sin modificar la expresión de mi cara, sólo utilizando mi mente, dibujé un adjetivo para ella, y ahí lo dejé flotando mientras intentaba no volver a ahogarme en  lágrimas.

Acabó la jornada, me levanté, despedí al emocionado amigo que había generado en mí una ternura infinita, me acerqué para darle dos besos heridos cuando de pronto, él decidió cambiarlos por un abrazo, de esos fuertes y contenidos, de los que cuesta separarse. Mientras, susurró en mi oído algo que me hizo cerrar los ojos mientras en voz baja me dijo: "sí existe un cielo, cosa en la que creo firmemente, estoy seguro de que TU ÉL está allí". Entonces se separó, me besó la mejilla y se fue. Y allí me quedé yo, tragando lágrimas y entregándome al último sorbo de la copa de vino.

Esta semana he recibido varios abrazos, de todo tipo, de varias intensidades y cada uno de ellos, transmitiendo sentimientos distintos. Todos me han gustado, pero el que nunca olvidaré mientras viva, es el que me dio MI ÉL el último día que nos vimos. Me acompañó hasta el coche, me envolvió en sus brazos con la misma ternura de siempre y escuché su te amo, el último te amo que dejo resonando en mi cabeza una y otra vez. Ese abrazo y su música, para siempre. 

Ahora sigue taconeando todo lo que quieras morena, pero sobre los tuyos, a los MÍOS ni tocarlos.

Buena noche.

viernes, 17 de febrero de 2023

PARA TATA

Hoy hicieron llorar a mi amiga y estoy enfadada. Estoy haciendo un esfuerzo titánico para no decir realmente lo que pienso con las palabras que realmente me saldrían. Voy a ser prudente con mi boca pero muy clara. Lo que más me endemonia es que lo veía venir, le repetí hasta la saciedad que no se fiara, que las víctimas no tienen voces mimosas, que los valientes no se esconden en sus despachos. La semana pasada quise enseñarle a decir NO, a usar la mirada para "matar al mensajero", a girar sobre su pierna buena con desaire, a no fiarse de las hienas que sólo buscaban despellejarla, que lo importante en su vida es ella, que no se le arroja galletas a media mañana a los monos del zoo para callarlos,  que no se perdona la maldad, que no tenía que haber buscado el fondo bueno en un pozo que sólo atufaba a podredumbre desde el inicio. Pero lo hizo, porque ella es una buena persona y se cree que todo el mundo tiene esa cualidad.

Hoy le hicieron daño a mi amiga y estoy enfadada. No perdono la traición, la falsa "amistad" que pisotea a la compañera para llegar a lo alto de un fantasioso podium, a las personas que justifican un "mal ser" por  celos enfermizos, a la falsa recepcionista de folletín que no vale ni un cuarto de lo que se cree, a la absurda diana sin dardos ni premio, a la niñata que envían ramos de flores mientras acuchilla por la espalda al ser más indefenso. Porque este tipo de "bichos" deberían permanecer metidos en un bote con formol y olvidarlos en el fondo de un estante de por vida.

Hoy le han faltado al respeto a mi amiga y  estoy enfadada. Da igual lo que seas en la vida, no va con la profesión ni con el cargo, da igual si ha sido por oposición o por empollón, el imbécil es imbécil por cómo es, no por ser quién cree ser. No se puede ser una "ratilla de despacho" cuando los mares están en revueltos de puerta a fuera, cuando sabe que al otro lado se está lapidando a una persona que hace y hace mucho por su empresa, cuando esa es la única empleada que cumple de forma fiel y es la que está pagando los errores de la pánfila compañera. Ella defendería a cualquier "ente" de aquel despacho arriesgando su puesto de trabajo y para rematar tiene un superior que es un "desperfecto" jefe.

A la impresentable compañera, sólo sé de tus necedades, de cada dardo que has lanzado hacia mi amiga, de cada " falso dolor" que has exagerado. He tenido que buscar el lado bueno de tus palabras muchas veces sin encontrarlo, y sabes, eres oscura, pegajosa, maloliente, ruín, egoísta, MALA.

Al impresentable del despacho del fondo, al que supuestamente era "el amigo de mi amiga", al cobarde que jamás dio un pisotón en el suelo para poner orden en ese gallinero, al que aún no se ha enterado que es víctima de sus maquiavélicos empleados y no de sus males como él cree, a ese cordero de carnaval, sólo decirte que  mereces quedarte con quién te quedas, ya tendrás tiempo para darte cuenta de que la única persona que te respeta en ese circo, era la que ya no está, tu amiga. Has hecho caso a las llantos de sirena y el mar te va a tragar, PÁNFILO

Mi amiga está triste y estoy muy enfadada, pero ella me tiene aquí, siempre, sin cortapisa, como diría alguien muy sabio que ya no está. Podría ir a su casa y darle un abrazo, pero desde mi "debilidad" temo romperla aún más. Podría llamarla, sí, pero no quiero hacerle llorar, podría hacer mil cosas para intentar "curar" su pena, pero hoy no es el día. Ella sabe que me tiene, que basta con un hilillo de su voz para que yo active por ella todos los botones rojos del mundo, que buscaría en este momento la forma de provocar en su cara una bonita sonrisa, así que desde mi mejor ironía, les aconsejo a "ambos" que escuchen una canción de Xoel López que se titula "Todo lo que merezcas", para ellos esa letra.
Y para tí, mi niña, mil besos.
 Buena noche.

miércoles, 8 de febrero de 2023

VOLVER

 Entonces el aire se volvió un poco más respirable, más transparente, más lúcido y sin darse apenas cuenta, volvió a la vida que creyó perder un día. Pero ese cambio no pasó de forma sorpresiva, notó que quería estirar sus brazos melódicamente al aire, quitarse de nuevo los zapatos en la playa y sentir las cosquillas que la arena  provocaba en sus pies, quería dejar que las olas la mojaran a su antojo, necesitaba decirle a todo el mundo que lo estaba consiguiendo. Echaba de menos bailar descalza en la calle con alguien que quisiera acompañarla en su locura, pisar los charcos y dejar que la lluvia la mojara hasta necesitar el abrazo de quién quisiera darle calor. Su vida se revolvió por pura necesidad, ya no importaba el tiempo, los días empezaban con la mirada en su ventana y terminaban al tercer bostezo. Había aprendido que no hay dos lados en la cama, que era toda suya, que la otra almohada podía acabar en el banco del piano, debajo de sus piernas o ser arrojada fuera de su espacio para acabar en la otra esquina de la habitación. Quiso cambiar todo su entorno, todo lo que era "la otra vida", quería querer pero sin ser querida, no recordar espacios, olores, miradas, sonrisas, dudas...

Empezó a comprar libros como si de ganar tiempo se tratara, a caminar por la calle levantando la mirada, a devolver sonrisas a personas desconocidas, a tomar un vino sin tener un motivo que celebrar, a sentarse al final del espigón al que nunca había llegado y ver el final del día. 

Dejaron de existir las canciones malditas, los sonidos que se encerraban de forma enfermiza en su cabeza, se enfrentó enfurecida a sus recuerdos y decidió volver, a la vida. Hoy es capaz de caminar sola, sin agarrar una mano, con las suyas en los bolsillos de sus pantalones desafiando al tiempo. Sé que ya no es la misma en ciertos aspectos, pero nunca perderá la esperanza de empezar de nuevo lo que ella quiera ser. ¿Y sabes, querida?, tienes todo mi apoyo. Un guiño al aire. 

Buena noche.






miércoles, 30 de noviembre de 2022

GRACIAS A TÍ

 Y de pronto sentí que el dolor acumulado era tan intenso que provocó que me  olvidara de vivir. Marqué aquel número de teléfono, lo dejé sonar unas veces y colgué con cierta desesperanza. Al rato, un número desconocido en la pantalla, una voz muy dulce, unas cortas frases y muchas lágrimas incontroladas. Hizo falta pocas palabras y algún silencio contenido para que me entendiera, sentí incredulidad, un nudo en la garganta cuando me dijo "yo creo que te podemos ayudar". Era la primera vez en mucho tiempo que hablaba de Juan con alguien, sentí un alivio extraño, una sensación de que estaba "desatascando" mi pensamiento, un poco de empatía en un corazón absolutamente devastado, terriblemente hundido y tristemente roto. Unos días después me fui al lugar dónde me habían indicado, buscando a la persona que intentaría ayudarme, miraba nerviosa hacia todos los lados, tratando de descubrir entre la gente que se cruzaban conmigo, la ayuda que tanto necesitaba. Allí estaba él, tal y cómo me había indicado la dulce voz, y allí estaba yo, muerta de pena. Me nombró tras su mascarilla, lo nombré tras la mía, en un tono muy suave, e hizo un gesto con su mano, un "vamos allá"...

Paredes de piedra, ventana verde, una planta en la esquina (pobre planta), una mesa y dos sillas a una distancia cómoda, la mía soportando mucho dolor, él en la suya transmitía la calma que a mí me faltaba. Normas, seriedad, "empatía que no simpatía" me dijo. No sé su historia de vida, necesito hablar sin causarle daño, me empeño en proteger a todo el mundo de mi dolor, sin saber hacerlo yo conmigo misma. Hablo cuidando mis palabras para no herirle, le insisto en que me mande callar si algo de lo que digo le incomoda, no quiero provocar daño, ya es suficiente con mi dolor.

Primer día, lo inundo todo. No soy llorona pero desde que Juan se fue, lloro de forma inconsolable en soledad, no en público, ahí soy "muy fuerte", dicen los que no ven mi interior. Él escucha pacientemente, él me escucha, qué sensación tan rara y desconocida.

Pasan las semanas, lloro mucho, cuento todo, no quiero dejar nada dentro que pueda volverse en mi contra. Él me facilita con su actitud el desahogo, a veces me hace sonreír, ya me había olvidado de esa sensación tan cálida. Muchas veces no puedo mantenerle la mirada, el hecho de que me vea llorar provoca en mí una mezcla de timidez e impotencia exasperante. Le pregunto el por qué de muchas cosas, es muy hábil, sabe que soy yo la que tengo que buscar las respuestas, pero su compañía lo facilita, es una persona mágica que calma mis horrores... 

Un mes y otro mes más, tengo prisa por sentirme mejor, tengo miedo al paso del tiempo, soy contradictoria. Pienso en que cuando llegue el límite de los encuentros, no estaré preparada para volver a la vida. La suerte fuera de aquellas paredes de piedra no me acompaña, cada paso que doy últimamente me lleva a un nuevo tropezón, intento avanzar pero siempre hay algún obstáculo que me lleva al suelo y provoca heridas demasiado conocidas...

Mi entorno no ayuda, yo tampoco lo facilito, me cierro en banda, no quiero que vean mi pena, no quiero "defraudarlos", no puedo decirles que avanzo muy lento, prefiero que crean que todo va mejor mientras yo construyo un muro alto, muy alto, lo suficientemente alto para que no vean mi lado herido, el que les demostraría mi debilidad, en el que dejaría a la vista el cansancio y mi derrota.

Busco personas parecidas a Juan por la calle, siempre con la ilusión de que volveré a encontrarlo, creyendo que aquello ha sido un mal sueño, una pesadilla demasiado larga. Pienso que habrá un día en el que levantaré la vista del suelo y tropezaré con él, como hacíamos siempre. Qué boba soy, sé que se fue para siempre, sé que no volverá jamás, pero me cuesta tanto ...

Sigue pasando el tiempo y la persona que me ayuda va ganando mi confianza, descubro  un "avis rara" muy agradable, le pido permiso para ser su amiga, me lo permite, es mi amigo. Tiene la capacidad de hacer que sea consciente de mi realidad, me hace sonreír, provoca la búsqueda de razones para comenzar de nuevo otra vida, otra más, no sin avisarme sensatamente de que nunca volveré a ser la misma, seré yo sin él, cosa que empiezo a asumir...

A veces, me lanzo al vacío y le digo que tengo la necesidad de comprobar qué pasaría si me suelto "de su mano" y empiezo a caminar sola (qué valiente soy, me miento). Tengo vértigo, miedo a caerme otra vez, tengo pero no quiero, quiero pero no puedo, lo necesito pero me recome la idea de una vuelta atrás. Quizás esta "cojera" será crónica, quizás le pediré una prórroga si me lo permite, quizás debería intentar no ser cobarde, quizás debería de dejar de decir quizás...

Él sigue escuchando mis dolores, mis pérdidas, mis miedos, se mantiene callado con sus manos entrecruzadas. Yo hablo, hablo y hablo, a veces lo miro de reojo, está atento a lo que digo, qué cosa más extraña, me sorprende encontrar a alguien tan humano...

No llevo reloj en la muñeca desde que ocurrió , no quiero saber nada del tiempo. En la "casita" hay uno a mi espalda, tardé días en darme cuenta de su existencia. Unos días no marca el tiempo, otros, cuando ya no puedo más, miro el reloj y le pregunto afirmando que "ya es la hora". Creo que me conoce tanto que sabe que lo digo como escape, el gesto de sus ojos y su sonrisa me indica que me ha cogido, entiende mi "hoy hasta aquí, no puedo más" y nos vamos, no sin antes luchar contra la cerradura de la casa verde, de la casa "de cristal"...

Camina a mi lado, siempre vamos hablando, es curioso como me mimetizo con sus movimientos: si cambia la dirección, yo lo sigo, si se agacha, yo me agacho, si saluda, yo saludo, si mete las manos en los bolsillos, yo instintivamente hago lo mismo..., tiene su punto cómico ...

Le debo mucho, le debo el haberme enseñado a no vivir en una desesperación continua, a gestionar una pena que me estaba aplastando, a reordenar una vida que se había desplomado, a perder la vergüenza por expresar mis sentimientos, a encontrar los recursos que tenía bloqueados en mi mente, a decir en alto que me gusta la vida y que quiero vivir aunque ya no esté Juan en ella, a afrontar los rotos de mi cuerpo como yo quiera, sin juzgar, sin quitarme la razón, sin críticas a mi forma de pensar, respetando mis "yo soy así"...

No diré su nombre, no hace falta, sí diré que la casualidad ha hecho que encontrara a un ser humano único, a un amigo para siempre, a un "sanador" de tristezas, con un carácter tan reconocible, tan ágil, tan similar, tan difícil de encontrar en este tiempo...

Gracias por todo amigo. 

Me emociona hablar de él y si algún día os lo cruzáis en vuestra vida, sabed que sí existen las personas buenas que te enseñan cómo "deshacer nudos" que no te dejan avanzar en un proceso de duelo, que hace que razones y veas que la cura está en cada uno, que bajes muros y que empieces a vivir. Él es mi escucha, creo que lo será para siempre, es un auténtico placer su acompañamiento. He ganado en paz interior, en salud emocional, he aprendido  que todos tenemos rotos, pero que con la ayuda de personas como él, podemos unir esas partes y entender que no pasa nada si se ven las cicatrices, porque forman parte de la normalidad de cada uno . Hoy la entrada en el blog es para él, para mi amigo, para un gran ser humano, para una bellísima persona. Gracias por estar, no me faltes nunca.

 Buena noche.







martes, 30 de agosto de 2022

EDADES

 Me levanté como todos los días, como si esta noche hubiese sido una corta siesta en vez de un instante ilusorio lleno de sueños y pesadillas. Salté de la cama antes de que el ordinario despertador de mi teléfono sonara con esa horripilante melodía, la cual juro cambiar cada mañana y nunca hago. Al posar mis pies sobre la alfombra pude sentir como cada hueso, cada tendón y cada ligamento de mis pies y tobillos se recolocaba en su sitio, no sin quejarme del dolor que me produce, que es lo que realmente me abre los ojos al día. Abrí la persiana con el mismo ánimo con el que tocaría la campana de la iglesia de mi pueblo , más bien poco, muy poco. Caminé hacia el baño como si lo hiciera sobre vidrios rotos,  sin la horizontalidad que evitaría tropezar con todo lo existente en línea recta y con lo inexistente por un andar aún poco espabilado. De la luz al levantar la persiana ni me he enterado, es la del baño la que me deslumbra, la que hace que a mis ojos les cueste reconocer la imagen del espejo. Me recojo el pelo en una coleta, lavo la cara y emprendo el camino hacia la cocina para preparar el desayuno: café con leche de almendra, cereales y ...las pastillas mañaneras. Y esto último fue el motivo de la nueva entrada en el blog: las pastillas. Esa mañana me di cuenta que tenía que ir a la farmacia a recoger mis pastillas del mes, estaba bajo mínimos y son de obligado cumplimiento.

Vuelta al baño, ducha rápida, un toque de lápiz de ojos, pantalón vaquero, camisa y listo. Como está de moda ser naturalista y no usar plásticos, cogí una bolsa negra de tela  para la compra de la farmacia, haciendo un cálculo de volumen, ya que también debía de parar a comprar un champú y un suavizante de pelo. "Sí, suficientemente grande para que me quepa todo, pensé". Me calcé y salí a la calle con las gafas de sol que tapaban mis ganas de nada ese día. 

Primera parada en la tienda de cosmética. Me acerqué a la zona dónde siempre estuvieron los champús, gafas fuera sino no veo nada y me puse a buscar el mío habitual. Di varias pasadas con mi dedo índice en el aire por las distintas estanterías hasta que oí una voz bajita a mi espalda "¿te puedo ayudar?". Sí, le contesté un poco enfurruñada por no encontrar lo que necesitaba. Le expliqué a la dependienta lo que buscaba y me dice "claro, tú no eres clienta". Giré el cuello como cuando escurres una fregona en el cubo y le espeté un "cómo que no, de toda la vida. Pero no tenéis el champú y el suavizante que llevo habitualmente", y posteriormente le hice una caída de ojos de esas que te dan la razón aunque no la tengas. "Ah, es que le han cambiado el nombre y ahora es éste, se nota que hace tiempo que no te pasas por la tienda", otra indirecta. A estas alturas del partido, no estaba dispuesta a que ella ganara el juego dialéctico y le dije sin titubear: "pues dame dos de cada". Lo cierto es que ya me había fijado que sólo tenía un bote de champú en la estantería, pero eso aumentaba la emoción de la próxima respuesta. "Sólo me queda uno, te pido el otro para mañana ¿te vale?". Tentada estuve a decirle un "no, necesito los dos botes de champú y de suavizante para lavarme el pelo hoy, a mí es que me gusta que no falte y que sea abundante", pero decidí callarme. Ya en la caja me preguntó si necesitaba algo más, a lo que le contesté que no. Y ella, cómo queriendo tensar un poco más la goma, va y me pregunta con una sonrisita cortante si necesito alguna crema de cara. Ahí me dio en mi ego, cerré un ojo, abrí mucho el otro y le dije: "dame una crema de noche, pero de aquella estantería, que es para pieles jóvenes". Mi diafragma empezaba a moverse de forma involuntaria mientras daba la partida por ganada. Ella cada vez más seria, mi paciencia cada vez más limitada. ¿Necesitas algo más?. Otra vez mi otro yo quería contestarle "pues mira sí, quiero tres t botes de champú", pero me mordí el labio para no parecer grosera. "No muchas gracias, nada más". Y sin agradecerme la cantidad de contestaciones que me había tragado empezó a hablar sola "y ya que eres cliente,te vas a llevar de regalo una crema exfoliante para la cara, dos muestras de crema regeneradora de noche y un vale descuento para una sesión de presoterapia para drenar líquidos de tus piernas". Aquella retahíla de cosas que me soltó en seis segundos me dejó desmarcada. En tan sólo seis segundos insinuó que tenía una cara arrugada, que era una retenedora de líquidos, y lo peor de todo, me dejó sin palabras, algo inconcebible en mí. Torcí el labio para demostrarle mi enojo (seguro que pensó que me estaba dando un ictus), me ofreció una bolsa !!!de plástico!!! y al fin pude decirle "ay no, que eso tarda mucho en degradarse y daña la capa de ozono, por eso hay gente que envejece tan mal". Pagué la compra, metí todo en mi bolsa negra de tela y me fui moviendo la mano como lo haría una dama de la realeza. De ahí a la farmacia, a la mía de siempre y esperé mi turno. Me apetecía que me atendiera una auxiliar que es muy agradable, pero estaba ocupada, y mi turno llegó. Me atendió uno de los farmacéuticos habituales, le entregué la tarjeta, la pasó por el lector y se puso a mirar la pantalla callado. Pasaban los segundos y no decía nada, empecé a preocuparme porque miraba aquella pantalla como si en ella estuvieran saliendo rayos del infierno, hasta que me dijo con voz nerviosa: "debes tener mucha medicación porque tarda en cargar". Recoloqué mis hombros caídos en su sitio y le contesté: "bueno, lo mismo de los últimos meses". Por fin estaba todo cargado y se pone a leérmelo, !!!!calla, todo, dame todo lo que sale!!!!, le dije para que no se pasara media hora leyendo. Se fue, vino, dejó, volvió a irse, vino, volvió a dejar y así hasta cuatro veces. El mostrador lleno de medicación, cuando se acerca la auxiliar a la que conozco y me pregunta que cómo estoy (a punto de llorar, quería decirle), miró aquellas cajas apiladas como contenedores en un barco mercante, ella mira lo que miro y me dice "ya veo" y se escurre sutilmente al mostrador de al lado para seguir atendiendo. Mientras el chico le quita los sellos a la medicación, me acuerdo de tres cosas más que necesito, le digo que no cierre la cuenta que necesito más cosa y suelta un !!caramba!!. Ya venía yo caliente de lo de los regalos de la tienda de cosmética, así que cogí un bote de perlas de aceite de no sé qué y le pregunté si eso se podía tomar si se tenía el colesterol alto. "Bueno, habría que verlo, interacciones con tanta medicación, al ser alto oleico, ahora no puedo, eso es cómo que se come el colesterol que te comes, pero no el que fabricas...". Uf, volví a dejar el bote de perlas en su sitio y le dije que me diera las otras tres cosas y me cobrara. Coronando la pila de medicaciones puso un blister de caramelos de menta y me enseñó una caja, diciéndome en voz baja "esto es un regalo, son unas muestras, creo que van muy bien". Le perdoné la vida y le di las gracias. Abrí la bolsa negra y fui colocando todo el pastillaje de forma que nadie que se cruzara conmigo pensara que había asaltado una farmacia. Colgué la bolsa de mi hombro y salí pensando que entre las dos tiendas había sumado 30 años más a mi edad real. Seguí caminando hasta que me topé con una exposición de portadas de un conocido diario de la comunidad. Las portadas estaban ordenadas por fechas y exponían noticias y sucesos ocurridos años atrás. Estaba yo absorta con la música de mi mp3 y la cantidad de cosas que yo había vivido de las expuestas, que no me di cuenta de que alguien me estaba hablando hasta que tiró de uno de mis auriculares. Era un hombre encantador que conozco desde hace muchísimos años, estaba paseando con su nieta y me dijo "te estaba hablando y tú ni te enteras". Le di un par de besos y con una gran sonrisa le dije "te veo genial, que cara de paz tienes". Me contó que desde que se había jubilado se dedicaba a pasear y a cuidar de sus nietas. No pude evitar volver a repetirle que lo encontraba exactamente igual que hacía 15 años, estaba fantástico la verdad. Y así hablando de la vida me suelta "mira, con la edad que tengo no puedo quejarme, porque no tomo ni una pastilla". En ese momento, el hombro del que colgaba la bolsa negra llena de medicamentos, cremas y demás, como si de un acto reflejo se tratara se pegó a mi costado como hacen los polos opuestos de dos imanes. Justo en ese momento a la nieta se le cayó de las manos un muñeco y este hombre se agachó a recogérselo. Me quedé mirando por si no era capaz de levantarse y cuando iba a agarrarlo para ayudarle, pegó un salto y se puso de pie más rápido que muchos trapecistas del Circo del Sol. Ante mi asombro-envidia siguió preguntándome qué tal estaba yo, "todo bien le contesté, todo bien". "¿Y la familia?", "todos bien" le contesté. "¿Y tu marido, que tal?", ahí se me retorció el esófago y para no seguir por esos derroteros le dije "bien, todos bien". "Pues salúdalo de mi parte y venga, vete que estará esperándote para comer". Entre dientes dije sí, esperándome, sí, para comer, sí...

 Le di dos besos de despedida y me fui para casa arrastrando aquella bolsa negra llena de pesados años.

Una vez en casa vacié su contenido encima de la mesa de la cocina, ciertamente allí había una pila de tratamientos dignos del mejor geriátrico. Vi la cajita de regalo que me hizo el farmacéutico y la abrí por pura curiosidad: !!!un tampón, una compresa y un salvaslip!!!. Me salió una carcajada y fui a enseñarles el regalo sorpresa a mis hijos. Como buenos hijos de su madre, sólo pudieron reírse al ver el contenido de la caja. La próxima vez que vaya a la farmacia y me atienda él, dejaré caer el DNI sin querer encima del mostrador para que la siguiente caja-regalo- sorpresa sea más acorde a mi edad. Ganas me dieron de salir corriendo a la calle e ir a la tienda de cosmética a espetarle a la dependienta un "ves, esto a tí no te pasaría nunca, ja". Buena noche.


miércoles, 20 de julio de 2022

RESPONDE

¿Puedes asomarte a mi sueño esta noche?

¿ Puedes venir unos segundos a nuestro lugar secreto?.

¿Puedes acariciarme el pelo y repetirme que te gusta su olor?. 

¿Puedes abrazarme como lo hacías cuando tenía frío?.

 ¿Puedes cantarme al oído Seda y Hierro?.

 ¿Puedes sentarte en el sillón y mirarme de reojo mientras me tomo el café?. 

¿Puedes tocar al piano aquella pieza que compusiste para mí?. 

¿Puedes leerme el cuaderno dónde escribías tus notas?. 

¿Puedes hacer que mis recuerdos sean todos bonitos?.

 ¿Puedes decirle a la vida que me cuide, aunque sea un poco?.

 ¿Puedes dejarme imaginar tus ojos color mar?.

¿Puedes venir conmigo al lugar dónde me prometiste que iríamos?. 

¿Puedes llamarme por teléfono, aunque sea unos segundos para escuchar tu voz una vez más?.

 ¿Puedes quitar el dolor que me produce tu ausencia?. 

¿Puedes cogerme de la mano cuando pierda el equilibrio?. 

¿Puedes provocarme las carcajadas que tanto te gustaban?.

¿Puedes acompañarme un poco más en el camino?.

 ¿Puedes darme una razón para volver a sonreír?. 

¿Puedes hacer que el tiempo retroceda para recuperar lo que perdimos?.

 ¿Puedes no soltarme nunca, jamás?. 

¿Puedes  dejar que te acaricie las manos una vez más?. 

¿Puedes esperarme en nuestra terraza para el aperitivo?.

¿Puedes venir a buscarme a la estación, que te busque entre la gente y que estés allí?.

 ¿Puedes hacer que el sofá del salón sea el lugar de nuestras ilusiones y no el del maldito final?.

¿Puedes hacer que crea que la luna la vemos cada uno desde nuestra ventana y llamarnos para contarnos lo bella que está?. 

¿Puedes venir a mi casa un ratito?. 

¿Puedes mojarte conmigo cuando vuelva a llover?. 

¿Puedes llevarme a cenar a aquel restaurante dónde estábamos los dos solos?.

 ¿Puedes contarme de nuevo la historia de tu vida sin que llegue al final?. 

¿Puedes abrazarme mientras me dices al oído que no me vaya?.

¿Puedes hacer que nuestras promesas se cumplan?.

 ¿Puedes venir conmigo a la playa de invierno aunque tengas frío y no te guste el viento?.

¿Puedes acompañarme a esos sitios a los que me da tanto miedo ir sola?. 

¿Puedes decirle a la gente que no soy tan valiente como ellos creen?. 

¿Puedes hacer que el reloj se pare antes de ese maldito día?. 

¿Puedes decirles a "los extraños" que me den tu bloc de dibujo y la libreta dónde escribías tus pensamientos?. 

¿Puedes mandarme un audio desde dónde estés y decirme que estás bien?. 

¿Puedes hacer que deje de llorar al recordarte?.

 ¿Puedes curar mi tristeza?. 

¿Puedes hacer brillar tu estrella cada noche para que pueda encontrarte?.

 ¿Puedes venir a buscarme cuando sea el momento?.

 ¿Puedes hacerles entender que ya no seré la misma nunca más?.

¿Puedes curarme la herida del alma?. 

¿Puedes volver a mi vida?. 

¿Puedes venir un ratito?.

¿Puedes darme el beso en la frente?.

¿Podrías, por favor, tan sólo una vez más?...

No sé cómo no echarte tanto de menos, no sé hacerlo.

Buena noche.