Raza aparte, los políticos, esos señores que se dedicaban a ser portada de revistas y a copar los encabezados de los telediarios, se reunían en el Congreso y poco más. Bueno, una vez cada cuatro años hacían algo más, para su campaña en época electoral. Ahí les iba la vida, claro.
Podías tomar un café, un vino o comprar un kilo de plátanos por 100 pesetas, ibas a la peluquería por 3000 y llenabas el depósito del coche por 5000 pesetas.
Y no, no estoy hablando de la prehistoria.
Un buen día decidimos ser europeos antes que españoles y entramos en la UE, adoptamos el euro y desapareció la peseta. Nos hinchamos como palomos, ya éramos más europeos, como los países ricos, y de pronto, empobrecimos hasta el lamento.
Las nóminas se encogieron, los precios se dispararon, llenar el depósito de combustible se volvió un disparate, las hipotecas se multiplicaron y el IVA nos fulminó.
Pasaron los años y fuimos empobreciendo hasta la médula, pero aún así teníamos la soberbia suficiente para compararnos con Alemania y Francia, otro disparate.
Y comenzó una crisis imposible de soportar, muchos puestos de trabajo fueron desapareciendo, se inventaron el despido libre y los empresarios crearon los ERES como salvavidas.
No había familia que no experimentara la angustia de tener un miembro en paro, en una edad peligrosa en la que ya no contratan, esa maldita edad en la que te vuelves invisible porque te consideran mano de obra envejecida.
Y de pronto empiezabas a ver que todos aquellos que hace catorce años se llamaban políticos se han convertido en meros rateros, que son pensionistas con cincuenta años, que no hay ni uno que tenga las manos limpias, que hemos rescatado bancos con dinero público que ha acabado en manos sucias.
No hay día en el que no salten nombres que creías personas supuestamente creíbles y decentes, y sólo son más de lo mismo.
Crece la decepción, pero ya no sorprende. Sólo piensas, otro más, como si la rutina por descubrir otro ladrón fuese algo normal.
Y algún Presidente tiene los santos "cullóns" de hablar de su honradez y su buen hacer, cuando apesta él y toda su familia.
Vicepresidentes, y dirigentes, y maridos de infantas, amantes de reyes, y...
Buena noche.
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