Cuando fallecen abuelos sientes que una parte de tu infancia se va con ellos, a partir de su marcha celebras medias Navidades, unos Reyes extraños, recibes medios besos y achuchones..., has perdido una parte entrañable de tu historia.
Con el fallecimiento de tus padres adquieres el no deseado título de "huérfano" desde el momento cero, sin importar los años que tienes cuando ocurre. Ya no tienes su amor, todo su apoyo desaparece de un plumazo, pierdes las personas que formaban tu círculo de seguridad.
Ya no habrá más compras de Navidad con tu madre, sus comidas se han desaparecido con su pérdida, tu padre ya no volverá a decir "en mi época...", los marcos de fotos entran a formar parte de tu vida, es la única forma de tenerlos aún contigo.
La muerte de un hermano es un hachazo en el alma, es la muerte más desoladora después del fallecimiento de un hijo. Jamás llegas a entender porque los hermanos son el resto de tu vida, la que no se llevan tus abuelos y tus padres. Vivir la muerte de un hermano es cruel, inhumano y produce una herida tan profunda que tarda en cicatrizar muchos años, demasiados, a veces nunca.
La muerte de un hijo hace rayar la locura, es el dolor más punzante, injusto, irracional y antinatural que existe. No creo en la recuperación de los padres, aprenden a sobrevivir desde ese día, pero esperando a estar con ellos cuando todo termine. Es el dolor de la espera, el esperar el momento de la partida que se convierte en el único motivo para seguir aquí.
¿Y la muerte de "la mejor amiga"?. ¿Qué pierdes cuando ella se va?. ¿Qué sientes?. Se siente todo, una mezcla de una horrible soledad y un dolor
muy difícil de contar. Pierdes el tiempo vivido con ella, las confidencias, los secretos inconfesables, los amores, los llantos comunes, los enfados y los perdones.
Hoy fui al tanatorio a abrazar a un amigo que había perdido a su madre de pronto, sin aviso. En frente unos profesores despedían a una compañera que se les fue tras un corto camino, sin tiempo de despedida. En el piso de abajo, una compañera de trabajo despedía a su tía-abuela, y en la sala de en frente una vecina de toda la vida lloraba a su hermana. Distintas edades, distintas familias y distintas historias, pero todas con los mismos sentimientos hacia los suyos, con lágrimas en los ojos y caras de incredulidad. Mucho dolor en aquel espacio tan pequeño y cuantas historias de vida estaban desapareciendo. Un día triste.
Buena noche.
Gracias por como lo cuentas :) Precioso
ResponderEliminarVane