domingo, 13 de julio de 2025

LELA

 "Ayer se fue una mujer buena". Así comienza esta historia. 

Intento rebuscar en mis recuerdos el momento en el que conocí a Lela y no logro separarla de mi vida. Debía ser yo una niña muy pequeña cuando ella apareció en la vida de mi familia. No existía vínculo de sangre entre su familia y la mía, sin embargo aquella mujer grande, con melena corta y horquillas a cada lado, con zapatos enormes y ojos siempre tristes, seguiría unida a nuestra historia de vida hasta el final de sus días.

Un poco huidiza de todo, guardiana fiel de sus hermanas, o quizás separada al mundo de aquella cocina, siempre callada, prudente, servicial y emotiva, Lela se levantaba cada mañana para los demás, esa es la sensación de humildad que trasmitía.

No recuerdo que el amor le hubiese rozado nunca. Siempre con sus hermanas y un poco relegada a segundo plano, nunca acudía a bodas, comuniones ni entierros, siempre guardiana de una casa, nunca participaba en encuentros sociales. Siempre faltaba Lela, mi buena Lela.

Sus ojos marrones, verdes o parduzcos trasmitían una tristeza oculta. Nada sabías de sus sentimientos, sólo de su trabajo. Nada era ella, todo eran los demás.

Agradecida eternamente, llena de emoción contenida, abrazada a si misma, Lela iba cumpliendo años para los demás. Aquella mujer grande, empezó a venirse abajo con la misma entereza que mantuvo siempre. Se apoyaba en las paredes para mantener un equilibrio perdido hace años, cada vez más silenciosa y callada, cada vez menos visible y más vigilante de sus hermanas desde el silencio y la quietud. 

Lógica, cabal, sensata, recorrió los últimos años de su vida de puntillas, sin hacerse notar, con la discreción exquisita de la que antepone la vida de los demás a la suya propia. 

Ayer Lela se apagó y con ella se fue una parte de mi historia. Y lo hizo con la misma discreción con la que vivió, en silencio, sola y sin hacer ruido. Siendo yo mujer de poca fe, deseo para ella que exista un cielo en el que se encuentre con todos los suyos y los míos. Aunque conociéndola, estoy segura de que seguirá allá dónde sea cuidando de todos los que se fueron antes que ella. Ojalá exista tu cielo, Lela. Ojalá que tus ojos brillen allí con toda la intensidad que te faltó en la tierra.

Vuela alto, Lela.

Buena noche.


jueves, 5 de junio de 2025

PRESENTE

Me gusta sentarme en el sillón verde de curar los males y dedicarme unos minutos para sanar. Cuántas veces me habré preguntado si estoy haciendo las cosas bien, si realmente hago lo que quiero o si alguna vez tendría que haber actuado de una forma menos impulsiva y más reflexiva.

Este "paseo" por lo consciente del inconsciente no es fácil, por sí necesario.

Todos tenemos sombras, cuidamos mientras nos descuidamos, firmamos sueños en papel que con el paso del tiempo se vuelven ásperos, pétreos, incómodos ... 

Cuántas veces rumiamos conscientemente frases como "yo puedo con todo, no temo a nada, con esto es suficiente, no necesito más, ya ha pasado lo peor". Frases valientes que arrastran un descomunal esfuerzo que no acaba de convencer a nadie...

Ven aquí, siéntate conmigo "mi yo del presente", tenemos que hablar.

Deja que te tome las manos, sólo necesito decirte que no dudes tantas veces. Créeme, lo estás haciendo bien. Tomas decisiones  que antes ni te hubieras planteado, por fin te has situado por delante de todo, te importas más y ya no eres el número dos en tu lista. Por una vez has comprendido que no puedes cuidar siempre hasta el agotamiento, ni consumir todo tu tiempo y menos quedarte sin un solo minuto para tí. Deja de adaptarte a todos, vas camino de ser canonizada... 

Si las personas que se asoman a tu vida te quieren realmente, tendrán que entender que esta historia se basa en un justo equilibrio entre tú y ellos. 

Tienes valores, deseos, prioridades que debes respetar porque si así no lo haces, seguirás llena de carencias, y la paz interior no se alimenta  de las faltas.

Tú decides cómo quieres que transcurran los días y las noches, no estás en este mundo para y por los demás, necesitas momentos de cobijo, caricias en el pelo, abrazos, y un dedo recorriendo suavemente tu columna desde el cuello hasta el infinito.

Sólo tú sabes qué y cómo duele el interior, todas las dudas, lo que deseas y lo que harías desaparecer. No permitas que nadie te calle, no grites en silencio, no sonrías en momentos en los que sólo te apetece cerrar los ojos y desaparecer. No repitas "no importa" mil veces al año, no disfraces las decepciones con palabras que le vengan bien a nadie. No lo hagas...

Ya es hora de revolverte, decir no una y mil veces, no me apetece, no es lo que quiero, no está en mi lista de prioridades, no es lo que deseo, no. 

Acércate más a tu libertad, a los sueños, a la música, a la arena y sal corriendo de los sitios fríos, agobiantes o dónde no puedas ser tú. Sabes perfectamente a lo que me refiero.

No busques amistades que se han ido, cada uno marca sus prioridades y puede ser que tú no seas una de ellas. Qué más da, ahí fuera hay gente fantástica, personas que aportan, comparten y no restan. Dale movimiento a tus alas, sólo tú puedes hacerlo, échate brillo en los labios, saca tus mejores galas, levanta la vista del suelo y libera sonrisas y palabras. 

Esa sí eres tú, ¿pero dónde te habías metido?. 

No permitas que nadie gestione tus tiempos, planifica las horas del día sola o con quién respete tu libertad, acércate sólo a las personas que no priorizan su vida ante la tuya. 

Que a nadie se le ocurra insinuar qué debes hacer a una cosa u otra sin antes haberte preguntado si estás de acuerdo, no vivas de los intentos ajenos, hazlo desde tu caja de decisiones postergadas que dejaste  encerradas sabe dios cuándo ...

Y si alguien te dice que debes hacer algo "sí o sí", ponte enfrente, levanta la cabeza y respóndele con un no austero. Repítelo como un eco interminable hasta que entienda que sus decisiones no son las tuyas. 

Hola, bienvenida a tu yo del presente. Ahora ¡vive!.

Buena noche.






domingo, 11 de mayo de 2025

EL POLLO

Llevo una semana encerrada en casa porque un pollo enfermo se ha cruzado en mi camino y no sé cuándo ha sido. No, no he perdido la cabeza, debe ser lo único que no he perdido estos días. Me imagino la secuencia. Un pollo, seguramente casero, de los que campan a sus anchas entre las verduritas de la huerta, se acerca graciosamente a su dueño moviendo las plumitas de su trasero. Éste lo habrá cogido en el regazo para decirle lo buen pollo que es y lo orgulloso que está de que forme parte de su fantástico gallinero, y de esta relación idílica en la que no hace falta lavarse las manos porque son como de la familia, ¡zasca!. 

O quizás la historia no fue así, quizás el pollo se tambaleaba desde hacía unos días, tenía mal color en las patas, se le caían las plumas y estaba poco comunicativo. Y ante tal estado, el dueño del pollo en un momento de lucidez pensó que era mejor que el plumífero no sufriera y formara parte de un cocido o de unas ricas croquetas. Seguramente pensó, "le damos viaje y como es mucho pollo para nosotros , le regalamos medio bicho al vecino que el pobre está currando todo el día en el bar". El vecino recibe encantado el regalo, le da cuatro machetazos al medio difunto regalado,  lo mete en la nevera  con el resto de las viandas para cocinarlo al día siguiente, le pasa un agua al cuchillo descuartizador y corta el fiambre para la siguiente mesa, ¡zasca!.

O quizás el pollo no estaba enfermo, ni cojeaba, ni acabó siendo croquetas, pero para mí, ¡zasca!.

Cambiando de tema, me he quedado de piedra cuando un miembro de la Guardia civil ha dicho en un medio público que a partir de ya, no se puede cantar en el coche porque produce distracciones al volante. Y digo yo, ¿no será infinitamente más peligroso llevar de copiloto a un hijo adolescente poniendo ritmos reguetoneros mientras te amenaza con que si no lo dejas salir el sábado se va a ir de casa para siempre jamás con el hijo del vecino?, niño que ya se teñía el pelo de verde a los siete años y se dejó bigote con trece. 

¿No será mucho más peligroso ir escuchando la radio mientras te cuentan que aquel político de mejillas sonrosadas y sonrisa pelín cínica le ha estado pagando a su churri un piso en una selecta calle de la capital con los impuestos que tú y yo pagamos religiosamente?. Porque no sé a tí, pero a mí, vaya o no conduciendo, me dan muchas ganas de rebanarle el dedo ventiuno sin previo aviso.

¿Y no será mucho más peligroso, ir conduciendo mientras un recién licenciado en carnet, pitillo en mano y ventanilla baja, con el coche lleno de colegas imberbes y la música a todo trapo, te hace luces mientras acerca provocativamente el morro de su coche al trasero del tuyo porque vas a cincuenta en una zona de cincuenta, y él va con todos sus caballitos adolescentes revolucionados?.

Después de balancear la novedosa teoría del honrado cuerpo de seguridad  vial y mis dilemas, he decidido comprarme un chicle y grabar el discurso del Rey de la navidad pasada. En el caso de que me detuvieran en un control por ir cantando,  que quede claro  que yo no iba entonando canción alguna y que los movimientos faciales no era más que la actividad de mis maseteros mascando la gomita en cuestión. Y lo del discurso, pues yo que sé, que piensen lo que quieran o que multen al pollo, que es más culpable que yo.

Estoy nerviosa, se acerca peligrosamente la temporada de "changlas". No me veo preparada, este año con más edad he sufrido una pérdida importante de paciencia y siento terror de no poder controlar mi ira cuando empiecen a gritar  por todas las esquinas que si "changlas o changletas" en peluquerías, mercados, bares, parques infantiles o zoológicos. No saben el daño que hacen, cuántas sorderas traumáticas han provocado, y lo peor de todo, no sé cómo mantenerme tibia cuando esté delante de un "changlista" y recite una tesis  doctoral sobre cómo y con qué quedan divinas. No lo voy a poder soportar, no me siento con fuerzas. No sé, será culpa del pollo...

Por cierto, no pretendo aguaros la primavera pero también ha llegado la época de los mosquitos, y este año vienen más sedientos de sangre que nunca. Yo ya he sufrido el ataque en mis carnes hace dos semanas y no os podéis imaginar para lo pequeños que son, los tremendos picotazos que pegan. No suelo promocionar ningún método de adelgazamiento más allá del deporte y la dieta, pero en esta ocasión voy a saltarme mis estrictas normas éticas por el bien de la humanidad y hacer una promoción que no deberían dejar pasar los "changlistas". Ahí va,  "los mosquitos de este año, a parte de provocar una espectacular renovación sanguínea eliminando restos metabólicos indeseables, también hacen liposucción siempre que piquen más de tres veces. No perdáis la oportunidad, es gratis hasta el fin de la existencia", por si cuela...

Tengo un problema serio con el robot aspirador de casa,  me da más trabajo que un hijo adolescente. Es un aspirador de estos independientes, que van a su bola, nunca mejor dicho. Cada vez que lo pongo a funcionar, en milisegundos se busca un problema, me llama con un pitido insistente, tengo que buscarlo y liberarlo de todos los lugares imposibles de la casa. Con el cariño de una dueña amorosa, la pongo ruedas arriba, le desenredo los cables de los cepillos, le vacío el depósito del polvo, limpio cada uno de sus filtros y lo devuelvo al suelo diciéndole que no se vuelva a meter en líos, que no hace falta tragarse todo lo que se encuentre y que cuando acabe, vuelva a casa como se espera de un buen robot. Espero que nunca me eche en cara que no pudo aspirar a más por tener que dedicarse a aspirar para mí . Y si lo hace me importará un bledo porque pudo aprovechar estos años en el país para aprender el idioma y el erre que erre, se empeña en hablarme en alemán. Qué dura es la adolescencia, hasta en los robots...

El otro día una amiga me hizo una pregunta científica aprovechando mi carrera de ciencias. "Me comí un donuts y antes de que pasara un minuto, me comí una manzana. Lo hice así porque leí en una revista (¿científica?, lo dudo) que la fructosa de la manzana absorbe los hidratos de carbono del donuts y así no engorda". A veces creo que la humanidad se va a extinguir antes de que se derritan los polos. También me hace reflexionar en el porque a veces escucho en modo avión...

Por cierto, ya llega la época de las cerezas, que ganas tengo de comerme un puñado para que me duela la barriga por mi culpa.

El lunes del apagón decidí ir a la playa acompañada de dos catastrofistas. No había conexión por datos en los teléfonos móviles, no teníamos una radio analógica, ni una navaja multicorte, ni placas solares acumulando energía para el desastre que preveían. Yo estaba de lo más relajada mientras observaba como mis acompañantes orientaban sus teléfonos en todas las direcciones en busca de cobertura cual ofrenda a los dioses. Me miraban con las caras desencajadas y estaban claramente ofendidos por mi caída de ojos inevitable al ver que ellos se sentían en un momento vital crítico y yo, pues disfrutando del mar. ¿Qué podía hacer, sino intentar "recargar las pilas" antes de que todo se apagara?. Y curiosamente, el verdadero apagón ocurrió unos días después, fíjate tú.
Por hoy llega con este desahogo.
Imposible olvidarme del maldito pollo, 

Buena noche.






jueves, 17 de abril de 2025

CONVERSACIÓN ÍNTIMA

No saber lo que se quiere o desea, dudar en cada momento de lo que realmente es necesario, si son abrazos o tal vez un poco de espacio en la alfombra de sueños, o un cuerpo cómplice que te procure compañía y calma, o quizás el apremio de un susurro que te despierte de la aburrida realidad, o imaginar que puede volver a tí si no hubiese sucedido, fue ...

Recordar cuando sus ojos despertaban después de una noche de locura, volver una y otra  vez a sentir la calma que su respiración me daba, o el abrazo que  anclaba mi cuerpo al suyo con el justo espacio entre los dos, sin invadir, sin posesión, sin reclamos, un sueño, sea  ...

Qué no exista capacidad de cuestión, ni aparezcan dudas sobre dónde, qué o cómo sentirse, sin un lo siento planeando por su mente de forma constante, sin marcar límites injustos ni pensamientos que frenen ilusiones, sería ... 

Uno frente al otro, en silencio, desnudando las conciencias sólo con miradas que aclaren lo que las palabras no saben decir, puede ...

Un brillo en la mirada que delate, un gesto cómplice, expresiones sutilmente conscientes que intentan enmascarar un "no volverá a ocurrir" cansino que se repite demasiado a menudo, porque ...

Labios que se fruncen sin respeto, que intentan disimular la ternura de su boca, miradas que evitan un lo siento inaudible, comisuras equívocas, ojos llenos de ternura esquiva, gestos que evitan el contacto, seguro ...

Siempre navegando entre un ahora quiero pero no, después un no quiero, seguidamente de un no puedo, un sinsentido. Una mano que frena lo que se ha pensado mil veces con cordura, lo que la conciencia ha cuestionado una y otra vez, un por qué no, porque quizás, porque no lo sé ...

Pensamientos recurrentes de mañanas eternas, sueños de media noche compartidos, narices enfrentadas, despertares sintiendo su mirada desde el sillón, sintiéndose extrañamente feliz, completa, amada, deseada, cuidada, volver...

Lo tuvo todo y todo se quedó parado en un momento.  Muchas veces reniega de un volver a sentir con tanta intensidad, otras lo añora más que nada en su mundo, para acabar de forma recalcitrante en la necesidad imperiosa de volver a sentir aquello tal y como fue, pero sin ser ... 

En momentos grises necesita creer que  volverán las historias con final feliz, la viveza a sus ojos, el hablar sin pudor de los escalofríos que produce la emoción, sin medias verdades, sin sentimientos reprimidos y ante todo, sin el temor paralizante a qué vuelva a ocurrir otro final repetido, será...

Necesita imperiosamente  volver a temblar con canciones que comienzan en el cuello y acaban en la mañana, olvidar que ya no hace falta arrancar las hojas escritas, que caerán por si solas el próximo otoño. No habrá más copas de vino con labios pálidos e inexpresivos y que para siempre, marcarán el borde de la copa que morderá con deseo, algún día...

Seguirá soñando con la persona con la que pueda compartir deseos de "hoy quédate conmigo sin lujuria, sin promesas irresistibles, sin expectativas, sin deseos ni desalientos. Siéntate a mi lado en silencio, acaricia mis manos y lee entre los dedos la historia de todas mis vidas. Y después déjame mirarte a los ojos antes de despedirme. En ese momento lo entenderás todo. Y si aún así decides quedarte, ven, acércate, te haré un sitio bajo la manta".

"Y si así no fuere, simplemente te daré las gracias por alejarte y enseñarme que ocupabas una parcela de mi vida que no te correspondía, por hacerme entender que mis alas pueden extenderse otra vez sin que por ello duelan, e incluso llegar hasta donde mis dedos quieran alcanzar. Te daré las gracias por indicarme un camino que evita el daño, por señalarme el que no lleva a ninguna parte y por hacerme poseedora de las mejores decisiones. 

Y si así es, cogeré aire profundamente, cerraré los ojos sonriendo, me recogeré el pelo, me abrazaré a los costados del abrigo y comenzaré el camino, ahora más segura de que ahí delante, hay mucho por descubrir. Sin duda...

Buena noche.


martes, 18 de febrero de 2025

MAGIA

Llegó nerviosa, cabizbaja, traía un pañuelo de papel entre sus manos que no dejaba de retorcer y lo miraba continuamente como buscando consuelo entre sus dedos. 

La miraba de reojo mientras acababa de atender a otra paciente. Me llamó la atención la tristeza que transmitía, como si estuviera envuelta en un cielo de nubarrones grises que amenazaban pronta tormenta.

La llamé por su nombre, levantó la mirada y se encaminó hacia mí agarrando su pañuelo como si fuera su tabla de salvación.

"Hola, te lo voy a explicar todo, ¿de acuerdo?". Faltaban menos de 5 segundos para que aquellos ojos se desbordarán sin remedio, y así ocurrió. 

Mientras se ahogaba entre lágrimas desesperadas me iba contando lo angustiada que se encontraba. Sin mirarme y con su mente envuelta en recuerdos  pasados me dijo que la vida no había sido justa con ella y que "lo de ahora" era lo que había desbordado el vaso de sus miedos.

Bolígrafo en mano, folio doblado, empecé a escribir siglas, grados, tipos, dibujando lo que ella tímidamente me iba preguntando, llenando aquella hoja de respuestas, sonrisas tibias, caricias de consuelo y alguna que otra palabra de esperanza.

Mujer de cuidar a todos los ángeles terrenales, nunca se había mirado al espejo para verse a si misma, ni había percibido las cicatrices de vida que la definían. Le hablé de lo que se veía reflejado, de la pérdida de identidad, de intentar verse a si misma como un ser con vida propia.

De pronto se levantó la camisa y me enseñó su pecho lleno de cicatrices, dónde se podía leer la historia de una lucha terrible y no muy lejana. ¿Qué te parece cómo me los han dejado?. La miré a los ojos, sonreí, me acerqué a ella y le dije: "dame el nombre del cirujano, tengo que recomendárselo a unas cuantas pacientes". Su rostro se iluminó, su gesto se relajó, sus ojos se cerraron con aprobación y prometió traerme los datos en la próxima cita.

Me levanté, ella saltó como un resorte de la silla para acercarse a mí y sin pudor, me  abrazó con fuerza y con una ternura exquisita. Como un continuo, agarró mi cara con sus dos manos y me besó la mejilla con una delicadeza angelical, con uno de esos besos sonoros típicos de las abuelas. Ella misma se sorprendió de la reacción, se puso colorada y comenzó de nuevo a llorar, pero está vez de emoción por la tranquilidad que percibió en las palabras. No pude más que volver a su abrazo para que esas lágrimas cesarán, su sonrisa volviera a surgir y se recompusiera del momento. Se puso el abrigo, le recoloqué la bufanda en su cuello y me lanzó un beso por el aire mientras se iba.

Con todo esto, no me había dado cuenta de que en uno de los sillones de la sala estaba esperando sentada mi siguiente paciente. Me acerqué a ella mientras se secaba los ojos. ¿Estás bien?, le pregunté extrañada. Con un pañuelo de papel se secó los ojos y dijo: "me  emocioné, siempre lo consigues". 

Le guiñé un ojo, sonrió con complicidad, se agarró de mi brazo y dijo con voz templada, "este lugar tiene mucha magia". 

Y no saben que la magia la generan ellos.

Buena noche.


domingo, 19 de enero de 2025

DUALIDAD

La soledad buscada es un verdadero placer para los sentidos. Poder estirarte en la cama en cualquier dirección sin encontrar unos pies que te marquen los límites es una delicia. Madrugar sin la culpa de despertar a la persona que yace a tu lado, encender la luz con un bostezo sonoro, tirar de la manta sin tener remordimiento al destapar a la persona que duerme a tu lado, es genial. 

En la ducha encontrarte el jabón como tú lo dejaste, la esponja escurrida, el champú con tapa puesta, ..., todo ello produce un regusto que estremece . 

El cartón de leche tapado, el café en el bote con su nombre (y que esté lleno), los cereales cerrados con la pinza que colocaste el día anterior, los manteles limpios y doblados..., producen una sensación casi orgásmica.

Que tú sofá siga siendo tuyo, que la manta de las siestas la alcances sólo con estirar el brazo, que la pasta de dientes continúe tapada y en el vaso boca arriba, que el rollo de papel higiénico siga teniendo  papel y haya otro de reserva en la estantería, que la tapa del cesto de la ropa para lavar oculte la vagancia del día anterior, que en el espejo no se reflejen churretes de jabón y pasta de dientes, que el depósito del deshumidificador esté vacío, que los cajones llenos de ayuda para una mala cara estén cerrados, me eriza la piel.

Las puertas del armario de las segundas pieles cerradas, la habitación confortablemente arreglada, las alfombras sin peligrosas dobleces que amenacen con una caída, la ropa de los cajones colocada sin qué una tira de un sujetador se haya enganchado irremediablemente en el cajón inferior, las ventanas sin huellas de nariz y dedos marcadas en los cristales, las cazadoras en el armario sin que estén posadas eternamente en las sillas del salón, no sentir la niebla del desodorante flotando durante días en el aire, la toalla del lavabo seca y estirada, la bolsa de pan cerrada y sin aire, los relojes marcando la hora española, la terraza sin hojas que amenacen una inundación evitable, me gusta con delito.

La nevera llena de productos frescos, la margarina sin migas de la última tostada, el arcón lleno de comida casera y desalojado de productos no cocinados con mimo, los frutos secos sin sobrepasar en meses la fecha de caducidad, las cenas a la hora que te lo pide el cuerpo, las cartas abiertas en un plazo más que razonable, la posibilidad de decir "hoy no, no me apetece", escuchar la música que te gusta a la hora que quieras, escribir, leer, pintar, soñar...

Sólo hay unos pocos "peros", que me obligan a repasar las reflexiones:

"Pero..., ¿y si necesito un abrazo en la noche?.¿Y si tengo miedo a tomar una decisión?. ¿Y si necesito un momento de ternura?. ¿Y si tengo frío?.¿Y si me derrumbó en el sofá y nadie me tapa al quedarme dormida?.¿Y si me apetece un vino compartido?". ¿Y si necesito sonreirte sin que me veas hacerlo?.

Mañana lo pensaré, hoy no puedo enfrentarme a esas dudas. Quizás nunca lo haga.

Buena noche.



viernes, 29 de noviembre de 2024

ABRAZOS Y OTROS

 "¿Me permites darte un abrazo, te importaría?". Se me plantó delante, tratando de encontrar la respuesta en mi cara, una tibia sonrisa, casi pidiendo un permiso innecesario para dar ese paso inseguro. 

"Claro que sí, en este lugar se dan muchos abrazos". 

Eran unos brazos desconocidos, pero esa no es la cuestión. Ella lo necesitaba, y yo que me he vuelto tremendamente empática con todo lo vivido, le ofrecí el calor que su rostro me estaba pidiendo. Me apretó fuertemente contra su cuerpo, le correspondí con la misma intensidad, cómo si realmente fuese yo la necesitada de esa sensación de protección.

Tal vez, quizás era así...

"Gracias, vendré todos los meses a verte, aunque no tenga ninguna cita médica, vendré. Me transmites mucha tranquilidad, necesito estos abrazos. ¿Cómo voy a estar cuatro meses sin ellos?". 

Una sonrisa fue mi respuesta. Un por supuesto mi respuesta.

Observaba el desparpajo de su caminar, la elegancia con la que entraba en "la edad plateada", si saber ser y estar. Nos cruzamos un sonoro beso por el aire y volví a sentarme frente a la pantalla del ordenador. Un trago de agua, sonrisa, una inspiración profunda y la agradable sensación de saber que has ayudado a otra persona, es como poco bonito. 

No tardó en llegar un paciente apresurado.

"Perdón, perdón, sé que llego tarde". 

"Tranquilo, aquí nunca se llega tarde, siéntate y coge aire", le contesté intentando calmar su cuerpo acelerado.

Se desplomó en el sillón como si hubiera agotado toda la energía de un cuerpo ya muy consumido por la enfermedad. Le di un vaso de agua, levantó la mirada y susurró de forma ahogada un "gracias" mientras el primer sorbo le ayudaba a recuperar la palabra. 

"Mira que sois raros en este servicio", me espetó en cuando recuperó la voz. 

"A buena hora me hubiesen dado un vaso de agua en otro lado, sólo me hubiesen llamado la atención por llegar tarde a la cita". Se quedó  mirándome fijamente esperando una respuesta enojada. Par su sorpresa le guiñé un ojo. 

"En este lugar no existe la prisa, es mejor si llegas a tu hora, pero si te retrasas un poco, vamos a atenderte igual". 

Sonreí con otro guiño de ojo. Él me correspondió con una dulce mirada. 

"Ojalá todos fueran así, que digo, con la mitad llegaba...".

Por la puerta entraba en ese momento Sara, una niña de 10 años con una vida demasiado  intensa para su edad. Hacía poco que había estrenado otra nueva gracias a la generosidad de una familia que está pasando su peor momento.

Un caminar simpático y su saludo particular.

"Hola, ¿no vas a hacerme daño, verdad?". Se sentó en la "silla del daño", arrastré otra hasta ella y me senté a su lado. Le acaricié su pequeña mano y le agarré el dedo meñique suavemente.

 "¿Cómo te parece este dedo comparado con los otros?". 

"Débil ", me respondió buscando en mi cara aprobación a su contestación. 

"Inteligente respuesta ", le contesté.

 "Ésta eres tú, y quiero convertirte en un pulgar grande y fuerte. Puede que te moleste lo que tengo que hacerte, pero es necesario para que no enfermes".

Me miró con entrega bajando los párpados de golpe.

 "Ya está, listo". ¿Te ha dolido?".

 "Nada de nada". ¿Ya soy un pulgar?".

"Ya eras pulgar cuando entraste por la puerta, Sara".

Se levantó, caminó  hacia la salida y en medio de la sala se giró hacia mí lanzándome otro beso por el aire que me supo a abrazo. Con la misma complicidad, le devolví otro que se cruzó con el suyo. 

"Hasta la próxima cita, mi niña bonita".

"Hola, creo que tengo una cita en este servicio".

Los nuevos pacientes que entran temerosos son fácilmente reconocibles. Les delata una mezcla de tímida prudencia con una expresión de miedo contenido. 

"Hola, sí claro, es aquí. Siéntate mientras veo tu historia". 

Lo cierto era que no hacía falta que leyera nada, la postura corporal y su mirada al suelo la delata. Me levanté y fui a buscar su tratamiento.

Cerré  la puerta a mis espaldas y me senté frente a ella, apoyé la caja a un lado y le dije si quería que le explicara algo. 

Contesté a todas las preguntas que sus ojos me pedían sin articular palabra. Cogí sus manos nerviosas que jugaban con unos dedos que sudaban miedo y vergüenza. Puse mis manos sobre los suyas para que la quietud de sus dedos le diera la oportunidad de descansar. 

Y así fue, su boca se llenó  de preguntas, liberó el miedo mascado durante la última semana y al terminar, esbozó una tenue sonrisa.

"Gracias, estoy más tranquila, gracias por perder tu tiempo conmigo, seguro que tienes muchas cosas que hacer".

"Sí, parte de las cosas que tengo que hacer es explicarte todo lo que necesites saber para que tu corazón recupere el ritmo y tus manos vuelvan a estar calientes. En este lugar no caben las dudas, siempre tendrás una respuesta. Y si no sé esa respuesta, la buscaré para tí". Me devolvió una dulce sonrisa.

Después la acompañé hasta la puerta.

"¿Puedo darte un abrazo?". 

"Por supuesto".

La abracé con la ternura que necesitaba, con la fuerza suficiente para que se sintiera protegida es un lugar hasta ahora desconocido y lleno de temores, que a partir de ahora le aportaría seguridad. 

Se fue sonriendo, otra sonrisa ganada al miedo.

Es hora de recoger, estoy segura de que mañana habrá más besos volantes y abrazos de los que curan. 

Y no solamente a ellos...

Buena noche.