jueves, 28 de mayo de 2015

MADUREZ EN LA PELUQUERIA

He nacido en una añada de vino rioja muy buena, no lo digo yo, lo dicen las guías de vinos, os juro que lo he visto el otro día en una revista en la peluquería.

Confieso que cuando lo leí me salió una pícara risita, miré al espejo para ver si alguien me miraba mientras me recolocaba en aquel sillón de tortura y mi cabeza se cocía con aquel secador que emulaba el mismísimo infierno.

Allí lo ponía muy claro, la cosecha del sesenta y siete era una delicia para los paladares más exigentes. Otra risa.

¡Qué calor más horroroso me estaba dando aquel maldito secador!.

En la página siguiente, articulazo de peluquería: "cómo afrontar los cincuenta", que mala gente  los redactores, que forma de joderte el día.

Pasé la página de aquella enciclopedia de sabiduría, ensayé una mirada asesina en el espejo y me coloqué los auriculares para evitar que el aire recalentase mis tímpanos.

Reconozco que el puñetero artículo me hizo pensar. A ver, tengo cuarenta y ocho años, un trabajo fijo que me encanta, dos hijos que son todos los motivos, vivo de forma acomodada y disfruto de la vida todo lo que puedo o me dejan.

Una edad en la que ya no me callo nada y en la que pocas cosas me escandalizan. Sí vale, estoy el principio de la madurez, es esa zona de la vida en la que la balanza puede desequilibararse en cualquier momento, dónde todo puede cambiar de un plumazo sin tiempo a digerirlo, pero aún así, me encuentro en una edad que me encanta y en la que me encuentro perfectamente cómoda. 

Atrás ha quedado una epoca en la que te fijabas en aquella arruga que se marcaba cuando sonreías, aquella en la que te untabas más crema hidratante que a las mismísimas tostadas, una época en la que convertías la ducha en un ritual de cremas, aceites y untos varios.

No me quiero desviarme del tema, volvamos a la peluquería.

Allí estaba yo sentada empapándome de sapiencia infinita con aquella revista y con la idea morbosa de saber que era "una delicia para los paladares más exigentes". Sin gafas veía  cómo se reflejaba en el espejo mí cabeza llena de papel de plata, aquellabera yo y me sentía más que genial en aquel cuerpo que rondaba la madurez.

Que sí, con mi edad, mis arrugitas y mis ojeras, pero con una rebeldía fantástica que no he tenido jamás, con unas ganas de vivir hasta dónde me permita la vida, con una pisada todo lo fuerte que pueda y siempre con una sonrisa.

El sonido salvador, el secador ha acabado de freirme el cerebro, ahora me lavarán la cabeza con agua helada, para hacer contraste y congelarme la parte de las neuronas que no se me han cocido con aquella olla ardiente.

Llega el momento del mimo en la cabeza, uno de esos masajes que te hacen cerrar los ojos y en el que te escurres un poquito para que todo sea de lo más placentero hasta llegar a un escalofrio que te hace volver de golpe a la realidad. 

El resto, todo muy rápido. Corte, secado, un poco de espuma y listo.

Bajo las escaleras pensando lo bien que me han dejado, la melena casi perfecta. 

Paso por delante de aquella vinoteca y me río al recordar que estoy en esa edad del vino en la que "es una delicia para los paladares más exigentes".

Buena noche.

viernes, 22 de mayo de 2015

DIA TRISTE

No suelo ir allí, no me gusta, sólo si no queda más remedio, bueno vale, reconozco que a veces lo he necesitado,solo estar allí y tocar sus nombres, por que sí, porque ya no están, porque allí los dejé un día. Hoy he ido, hacía tiempo que no pasaba por allí, mentira, fuí hace dos meses a despedir a Miro, necesitaba ver si su "querida familia" se había acordado de volver después de ese día. Parece que sí, una plaquita plateada que reza su nombre, su edad y su fecha del adiós.Flores secas, bueno, él no quería eso, quería ser cenizas, pero eso les importó un bledo, tuvo que ser así, tal cuál él no quería que fuese. Hasta ahí llegaba el poder de su "querida familia". Visto esto, me fuí a ver a los míos. Qué tristeza de columna, que pocos años suman los tres,que sensación de que mi longevidad está más que en entredicho. Voy allí, quito sus flores secas, y recuerdo. Es curioso, siempre voy cuando tengo miedo, es un acto automático, es como si allí me tranquilizara, están los míos, a los que echo de menos, están los trocitos de mi corazón que se fueron rompiendo en cada momento. Me quedo poco tiempo, el suficiente para tocar sus lápidas y decirles que los quiero.
Hoy había un andamio en frente, faltaba una lápida familiar para mí, se me encogió el alma. Creo que sé lo que pasa, donde se está mejor que con una madre...
Vámonos. De vuelta hacia el coche pensaba en mil cosas, en mañana, en mis miedos, en mi familia, en que trabajo el fin de semana, en que no quiero acabar allí, no de la forma tradicional, de eso ya me he encargado. Mis cenizas, quizás parte en mi lugar de pensar, y la otra con mi hermano y  mi madre.
Menudo día que tengo, hoy no quiero ser "mamá pato", hoy soy yo la que necesito un abrazo. En fin. Buena noche.

domingo, 17 de mayo de 2015

PREELECTORALISMO

Estoy harta, hasta las narices del periodo preelectoral.Me endemonia pensar los miles de euros que mueve cada candidato para intentar convencernos de sus buenas intenciones para con "su pueblo". Abrir el buzón para encontrarme esos sobres que anulan la capacidad de decisión, de "mi" decisión. Mi ciudad empapelada de fotos de dientes blanqueados, porque esos dientes no son auténticos, están marfileados con photoshop. Y esas caras, con ese buen color, sin una arruga, sin una legaña...todo mentira.Luego te los cruzas en la calle y los ves ahí, tan pálidos, ojerosos, despeinados y con sus dientes del color de siempre. El coche con la megafonía rompiendonos la cabeza durante quince días, vota a...vota a..., sin respetar el descando dominical, ni mis terribles insomnios. He de confesar que más de una vez he tenido el tibio pensamiento de bajar a la calle y pegarle un hachazo cual posesa al ruidoso coche.
Me confieso entusiasta de los noticieros, pero en periodo preelectoral me envenenan, tanto mítin, tanto yo os prometo, tanta y tanta mentira...me saturan, hasta me quitan las ganas de estar informada. Enciendes la televisión y ahí los ves, todos subidos a una tarima en un escenario ya de por si alto, donde ya se demuestra quienes son los de arriba y quienes los de abajo, para qué quieren estar aun más altos?. Pues por pura pose, por ese egolatrismo político recalcitrante. Y los de atrás, esa especie de coral con la sonrisa perenne, todos jóvenes, todos repeinados, todos felices de que el de la tarima les esté jodiendo su futuro, pero eso si, sin perder la sonrisa. 
Como ha cambiado el mundo de la política. Ahora tenemos chicos guapetones pero sositos, progres con cara de susto, semipijos con chaqueta de pana, abuelonas que atropellan...menos gente normal con buenas ideas, tenemos de todo.Por que mira tu una cosa, tanto le costaba al de la coleta desvincularse de Venezuela, al guapito decir que su antecesor fue un pelele, al que presume de venir de una familia de clase media que abrazó las juventudes pepedianas, al esqueje del califa que no  tienen un programa electoral apetecible, tanto les cuesta por favor. No creo en los partidos, todos me parecen iguales, todos un plagio de si mismos, sin promesas apetecibles, sin entusiasmo para sacar al pais de este pozo negro, sin capacidad para generar ilusiones, ni pensamientos de futuro, sin posibles para disminuir la lacra del desempleo...
Solo queda una semana de sobres, megafonos, carteles, tarimas y corales, menos mal, ya me está llegando el siete al ocho. El dia veinticuatro nos veremos en las urnas, votaremos, seguiremos los resultados en los informativos, y ya ese mismo día por la noche conoceremos los resultados, los ganadores y los perdedores. Lo más curioso será que todo seguirá igual, seguiremos viviendo en un país tercermundista, seremos igual de pobres e ingenuos, y dormiremos igual de mal. Buena noche.

lunes, 11 de mayo de 2015

ELLAS

Será la edad, no lo sé, pero cada día te enteras que nuevas personas, amigas de amigas, conocidas, de vidas que comienzan una lucha difícil que cambian sus prioridades banales por una batalla injusta y dura. Resulta muy difícil escribir esta entrada del blog, yo me entiendo, pero lo voy a hacer por mí, por ellas, por todas.
Malas noticias, lo saben antes que nadie, hace tiempo que lo sospechan, pero necesitan una confirmación, la maldita confirmación por esa persona desconocida de bata blanca.
 
No es justo, lo sé, lo comparto, yo tampoco lo entiendo, no me gustan las guerras y esta me enfada demasiado, mucho. En mi trabajo veo diagnósticos terribles, ojos que han buscado los míos para buscar un por qué. He abrazado cuerpos asustados, agarrado manos heladas, acariciado espaldas intentando trasmitir calor a cuerpos lívidos de miedo. No quiero desviarme del tema.
 
Heroínas, valientes, luchadoras, grandes, fuertes, guapas, bellas por dónde las mires, sensitivas, con los piés en el suelo y mentes en la esperanza, corazones de algodón rosa, risas suaves, tenues, dulces. Déjalas hablar, cállate, aprenderás. Si alguien puede hablar de vida son ellas, escúchalas, aprende, empápate, deja que sus palabras entren en ti, siéntelas. Tómate un café con ellas, saborea, huele, fíjate como abrazan la taza caliente con sus manos, la acaricia...

Cuando te hable mírala, empápate de sus palabras, de sus gestos, de su postura. Pronto empezará la batalla, y ella necesitará de tí, de tu apoyo, de tus palabras, de tus abrazos, de tu presencia.

No las dejes, siéntate a su lado y acompáñalas. Respeta su silencio si ellas así lo quieren, ellas deciden pero no las dejes nunca. Nunca.

Buena noche.

LA PLAYA DE LOS CRISTALES

Me levanté esa mañana con el cuerpo de uno de esos días en los que te importa un bledo que te parta un rayo, de esos que si te pellizcan ni giras la cabeza para ver quién ha sido, de los que te pones los auriculares desde primera hora  del día para no escucharte ni a ti mismo.

Lo malo de esos días es que aunque no respondes a estímulos externos, la cabeza te bombardea con recuerdos a propósito, como si lo hiciera por "puñetear" un rato. Subes el volumen, hoy no quiero pensar. Ni de coña.

Guerra perdida.

Subí al tren. ¿Pero a quien se le ha ocurrido la idea de  numerar los vagones de atrás hacia delante?. 

Como tengo un día genial, unas ojeras fantásticas de no haber pegado ojo y una alegria que traspasa fronteras, me paseo cuál pato por todos los vagones del tren hasta mi asiento. Por fín, allí lo veo, el asiento cuarenta  y cuatro del vagón uno.

Casi había llegado cuando el  tren se puso en marcha, dándome un maldito empujoncito que hizo que mi bolso se estrellase contra la cabeza de mi vecina de asiento. 

"Lo sientooooo", le dije con cara de cordero degollado. Ni me miró. Ni me contestó. Ni se apartó. Le pego un bolsazo en toda la testa y ni se inmuta la tía. Me dieron ganas de repetir la jugada solo para comprobar si estaba viva. Estaba más insensible que yo, joer, pobre mujer, que mal día.

Total, que me senté en mi asiento, el número cuarenta y cuatro, y pensé: "que maravilla, me ha tocado la ventanilla para distraerme viendo el paisaje". Ilusa de mí, en mi vida vi tanto túnel en un recorrido tan corto. Creo que vi un árbol allá a lo lejos, o un cartel de Leroy Merlin, no sé, era verde, creo.

Para completar el viaje, la del bolsazo debió de sacar la ropa del ropero de su abuela. ¡Cómo olía a alcanfor la pobre!. No me extraña que no sintiera el bolsazo, estaba como momificada en aquel tufillo.

 Pobre mujer, que mal día.

Aquel era el primer tramo de mi viaje, bajaría del tren y continuaría en coche hasta mi destino de hoy. 

¿A dónde?. 

Pues a uno de esos sitios de los que dices que no te puedes ir de este mundo sin haberlo pisado. Mi ilusión, donde quiero descansar.

El camino largo, pero valía la pena. Bajé del coche, un cementerio, un acantilado y una cuesta que llevaba hasta mi lugar. Y como tenía el día cenizo, juro que pensé sin vacilar, "que bien, si me escoño bajando esta cuesta, que me entierren ya aquí".

Y allí, al final estaba mi paraíso: la playa de los cristales.

Como explicaros aquel lugar, lo que tenía que ser arena eran millones de cristales pulidos por el mar, de mil colores, suaves, redondeados, con mil formas. Me tumbé sobre ellos como si mi paracaidas no se hubiese abierto, como si me hubiese caído del mismísimo cielo. 

¿Cómo describir la sensación, lo bien que me sentía, el calor que transmitían, lo mucho que necesitaba encontrame bien?. Y allí lo estaba.

Estuve cerca de hora y media sentada sobre aquellos cristales, cogiéndolos entre mis manos y dejándolos caer entre mis dedos. Me hubiese quedado allí viendo cada cristal, cada forma, cada color toda una vida.

Me metí entre las piedras, allí estaban los mejores, los más ocultos, los que para encontrarlos había que escalar, resbalar y caerte de culo varias veces. Allí estaban los más mágicos, los curiosos, y el más especial, mi cristal azul.
Son presa difícil, es un cristal en extinción, es el diamante de los cristales. Escondido entre unas rocas, tuve que meter la mano, y eso que confieso ser muy miedosa a todo tipo de animales, pero hubiese hecho una bufanda con una morena por conseguir aquel cristal. Lo tengo. Y las dos manos también.

Hora de volver. Vengo recargada de vida, de luz, de color. Quiero volver allí. Quiero quedarme allí.

Buena noche.

viernes, 8 de mayo de 2015

PARA EL OTRO GUILLER

Mi querido niño, hoy tenía que dedicarte unas palabras.

Hoy seguramente ha sido el peor día de tu vida, el más horroroso, el más triste, el que nunca podrás olvidar. 

No es justo lo que has tenido que vivir hoy, no con ventiun años por muy maduro que seas. La vida es muy "perra", a veces, cuando menos te lo esperas te golpea de una forma contranatura, sin más, sin avisarte, sin prepararte. 

Créeme cuando te digo que sé lo que sientes, la rabia contenida, la desesperación de buscar una explicación a lo inexplicable, el mirar hacia todos los lados para que alguien te diga el por qué ha pasado, la necesidad de que esto no esté pasando.

Tú me dijiste hoy que recuerdas ese momento y que no eres capaz de quitártelo de la cabeza. Lo tendrás muy presente durante unos días, después empezarás a recordar cosas que tenías olvidadas, y un día te darás cuenta de que sonríes con sus recuerdos. 

Aquellas fotos que nunca mirabas las verás de forma distinta, las querrás todas, siempre tendrás alguna cerca de tí. 

Hoy le decía a tu hermana que os abrazarais los tres, que habléis y lloréis todo lo que queráis esta noche, que nadie os lo impida. Hablad de ella, de lo que le gustaba, de cosas que le hacían reír, de lo que os quedasteis sin decir, de lo que le emocionaba. 

Te propongo hacer una cosa, guarda su colonia, quédate con ella, no la abras hasta que pase un tiempo, intenta recordar como olía. Cuando no seas capaz de recordar su olor, abre el bote y  verás como en segundos te recargas de ella.

Ojalá no hubieras pasado por esto, no así, no de esta forma tan injusta. 

Me hubiese gustado estar cerca de vosotros para poder abrazaros, consolaros, acariciaros, para poder quitaros un poco de dolor, para daros un poco de calma. El proceso es inevitable, es aprender a vivir la vida de otra forma, con huecos llenos de recuerdos, olvidando los malos y rellenándolos de momentos que os den paz.

Hoy es un día horrible, lo sé. Mañana será un día terriblemente triste, pero vendrán otros en los que empezarás a sonreír y a tener sueños de los que te despiertes sonriendo, te lo prometo.

Hoy no puedo desear buena noche, hoy no.

Un beso mi niño.


domingo, 29 de marzo de 2015

A MI AMIGO MIRO

Hace varios días que no escribo, por tristeza, por vivir una de esas experiencias que son inevitables pero que no deberían existir en la vida de nadie.

Hace quince días que mi amigo Miro se fue para siempre, una maldita enfermedad con un nombre maldito. 

Miro era de ese tipo de amigos de toda la vida, de esos de los que nunca olvidas a pesar de no verlo muy a menudo, siempre había un abrazo y unos besos de esos en los que besas de verdad, no juntas las mejillas. 

Era una persona especial, hermético y muy suyo, pero siempre tenía una sonrisa ara regalarte, una entrada en facebook o un wasap que te hacía reir. Era un amigo tan especial, que un día me regaló la luna, así como os lo cuento, la luna llena más bella. 

Aquella mañana me mandó un mensaje pidiéndome ayuda, un mensaje de socorro, él nunca hubiera reconocido estar mal si no estaba al límite, por eso me temí lo peor, y había acertado. Maldito acierto. 

En media hora lo tenía ante allí, su aspecto frágil, su piel blanquecina, su respiración buscaba vida. Me senté a su lado sin poder evitar que mis ojos vieran su estado terminal.

Me fuí con el al tac, "es mi amigo ", le dije a la radióloga, "mírale de arriba a abajo, por favor". Mis ojos trataban de disimular la tristeza cuando él me miraban, cuando yo lo miraba fingía una sonrisa que seguramente él adivinaba como triste.

Aquel resultado fue demoledor, una sentencia, lo sabía a pesar de desear no ver aquella imagen. Lo siguiente fue agarrarle la mano, escuchar como le daban la peor noticia de su vida y apretar fuertemente su brazo prometiéndole que yo estaría a su lado hasta el final.

Esa noche ingreso en cuidados paliativos y yo tambien ingresé en una despedida segura. Su vida allí duró un nada, viví con él sus últimos veinte días.

Él no quería a su hermana en la habitación, no la quería de ninguna forma. Simplemente no la quería. Sólo nos permitía la entrada en aquella habitacion a dos amigos que no nos conocíamos y al personal de planta. 

Durante ese tiempo hablamos de mil cosas, nos reímos, tuvimos silencios necesarios, nos acariciamos las manos y comimos chocolate mientras le decía que me hiciera un sitio en su cama.

Lo afeité, lo peiné, lo acaricie, le colocaba sistematicamente la silla delante de aquella luz, intentaba abrir una y otra vez aquella ventana oscura, pero él no quería ver la luz. 

Ibamos a ir a la playa, él quería oler el mar, estaba todo planeado, teníamos muchos cómplices para cumplir uno de sus últimos deseos, pero aquel día era el principio de su final.

Dos días después sonó el teléfono a las seis de la mañana. 

"Julia, Miro está muy nervioso y quiere que vengas". 

Salté de la cama, hice el camino tragando lágrimas, sabía que era sus últimos momentos. Llegué a su habitacion, allí estaba, casi no estaba y me faltaba el aire. Me senté en su cama y le cogí la mano.

 "Hola mi niño, ya estoy aquí, no te asustes". 

Mis ojos flotaban en lágrimas que intentaba tragarme sin dejarlas salir. Pidió sedación, le besé en la frente como había hecho mil veces en esos veinte días y cogí su mano hasta que se durmió.

Estaba allí, pero ya no estaba, ya no lo oía, sólo lo veía. En ese momento le prometí que lo dejaría ir, que no quería hacerlo pero que ya era el momento.
Una hora después, Miro se fue para siempre. 

Le besé la frente, le acaricie el pelo y le dije adiós, uno de los "adios" más dolorosos de mi vida.

No pude escribir durante su enfermedad, el conocía mi blog y yo tenía mucha pena que escribir. El dolor se ahogaba en palabras, pero respete su intimidad, su tiempo y nuestra amistad. 

Lo echo de menos. Cuando voy a la planta de paliativos es inevitable que mis ojos miren hacia la puerta de aquella habitación. Pero ya no está.

El día del entierro, después de despedirme de él para siempre, me fuí a ver anochecer a la playa.
A pesar de estar sola, no lo sentía así, se volvió un anochecer compartido con mi amigo, yo aquí abajo y él desde allá arriba, quién sabe.

Siempre te echaré de menos, mi querido Miro.

Gracias por regalarme tus últimos veinte días, para mí ha sido un privilegio poder acompañarte.

Buena noche, mi querido amigo. Vuela alto.

Buena noche a todos.