Malas noticias, lo saben antes que nadie, hace tiempo que lo sospechan, pero necesitan una confirmación, la maldita confirmación por esa persona desconocida de bata blanca.
No es justo, lo sé, lo comparto, yo tampoco lo entiendo, no me gustan las guerras y esta me enfada demasiado, mucho. En mi trabajo veo diagnósticos terribles, ojos que han buscado los míos para buscar un por qué. He abrazado cuerpos asustados, agarrado manos heladas, acariciado espaldas intentando trasmitir calor a cuerpos lívidos de miedo. No quiero desviarme del tema.
Heroínas, valientes, luchadoras, grandes, fuertes, guapas, bellas por dónde las mires, sensitivas, con los piés en el suelo y mentes en la esperanza, corazones de algodón rosa, risas suaves, tenues, dulces. Déjalas hablar, cállate, aprenderás. Si alguien puede hablar de vida son ellas, escúchalas, aprende, empápate, deja que sus palabras entren en ti, siéntelas. Tómate un café con ellas, saborea, huele, fíjate como abrazan la taza caliente con sus manos, la acaricia...
Cuando te hable mírala, empápate de sus palabras, de sus gestos, de su postura. Pronto empezará la batalla, y ella necesitará de tí, de tu apoyo, de tus palabras, de tus abrazos, de tu presencia.
No las dejes, siéntate a su lado y acompáñalas. Respeta su silencio si ellas así lo quieren, ellas deciden pero no las dejes nunca. Nunca.
Buena noche.
No hay comentarios:
Publicar un comentario