domingo, 16 de noviembre de 2014

ABUELITA ENTRAÑABLE


No sé por qué, pero tengo una capacidad innata para cruzarme con personas en el supermercado que son verdaderamente sorprendentes. Os cuento.

Tras haber visto en un catálogo una oferta de unas tumbonas a un precio realmente atractivo, decidí pasarme por la tienda en cuestión e intentar adquirir una de esas enormes tumbonas para mi terraza. 

Al llegar, la tienda aún estaba cerrado y los clientes se amontonaban en la puerta como si esperaran un pistoletazo de salida. 

No me gustan las aglomeraciones, prefiero separarme unos metros y entrar sin tropezones. 

Observaba curiosamente a la gente que estaba de espaldas a mí, quizás buscaba los dorsales de una imaginaria carrera, analizaba sus posturas, pensaba qué podía provocarles hacer una cola en la entrada del establecimiento tan temprano, o qué vendrían a buscar con tanto deseo.

Me llamó la atención una señora mayor, vestida rigurosamente de negro, con un pañuelo enroscado a un cuello lleno de entrañables arrugas. Un bolso negro, de esos rígidos, donde supuse que tendría dos divisiones, en un lado un pañuelo blanco con puntilla y en el otro, una cartera grande, negra y rígida. Lo llevaba perfectamente encajado en la flexura del antebrazo izquierdo, y su mano derecha le hacía la función de candado. Me enternecía la abuela.

Se abrió la puerta del local y se produjo una estampida, tanto que sin saber por qué, me quedé sola en la entrada de aquella tienda.

Hasta sentí un sentimiento de abandono de la manada. Jobar, no me habían esperado, era una actitud un poco antipática.

Pasé por la barrera de salida de aquel maratón, y mirando al frente me encaminé hacia la anhelada tumbona. Vi la caja que las contenía, era una caja gigante. Miré a mi alrededor con la intención de preguntarle a algún empleado como podía hacer para coger una de las tumbonas, la caja era altísima y no alcanzaba a divisarlas, a pesar de no ser baja. 

Justo en ese momento vi la imagen más sorprendente de mi vida. La señora vestida de negro, con su pañuelo encajado y su bolso rígido de abuela entrañable estaba colgada de la enorme caja. Se sujetaba con la mano derecha y con su mano izquierda, sin soltar el negro bolso sacaba una tumbona como si su brazo fuera una autogrúa. Yo miraba aquellas delgadas piernas, las medias negras tupidas, aquellos zapatos planos de suela de goma, y a la señora levitando como si tal cosa. No tocaba el suelo, se mantenía en perfecto equilibrio, lo juro.

Y por si no había alucinado aún lo suficiente, la señora se ofreció a cogerle otra tumbona a una chica que esperaba su turno de escalada. No podía creer lo que estaba viendo. 

¿De dónde sacaba esa fuerza, como mantenía el equilibrio sin caerse, qué tipo de brazo hidráulico tenía, que comía aquella superseñora?. 

Con la misma facilidad con la que se había encaramado en aquella caja enorme, pegó un salto y aterrizó en el suelo cuál gimnasta  olímpica. Allí mismo se recolocó la negra falda, se encajó el bolso en la flexura y con la mano derecha llevó la tumbona hacia la zona de pago. 

No la compré, preferí seguirla hasta la caja con la boca abierta, esperando descubrir el secreto de su superfuerza. Una vez allí, abrió su bolso, cogió la cartera rígida y sacó sus billetes  perfectamente enrollados. 

Pagó con billetes de cinco euros, todos en forma de tubito, unos cilindros perfectos...5,10,15... 45 euros, rigurosamente colocados en aquella cinta sin fin. 

Se le acercó un chico: "abuela, deje que se la cojo, que pesa mucho para usted". 

¿Qué pesa?. 

¿Acaso el nieto no sabía que estaba delante de una superheroina?. 

¿No sabía de los poderes sobrenaturales de su abuela?. 

¿No tenía conocimiento de aquel brazo hidraúlico?.

Me fuí hacia el coche intentando buscar explicación a lo que había visto. Me senté en el asiento, agarré al volante y me reí hasta que me cayeron las lágrimas. 

Galicia es un mundo aparte y sus abuelas, unas supermujeres. 

Buena noche.

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