domingo, 30 de noviembre de 2014

ASESINO

Es que no puedo, de verdad, no puedo con la justicia de este país. Llevo un par de días endemoniada, poseída casi. Hace dos días un "machote" ha matado a sus hijas porque quería hacerle daño a su pareja, a esa persona con la que compartió momentos de pasión y emoción, y que el paso del tiempo ha conseguido que todo se  convirtiera en odio y venganza. Un juez, eso dicen, así le llaman, decidió en un mal momento compartir la custodia de unas niñas con su propio verdugo, así de cruel, así de absurdo, un lobo cuidando de unas ovejas. La madre, su víctima acude a poner una denuncia por insultos y mentiras escupidas por una boca llena de odio y malas intenciones. No se le escucha, no hay sangre que demuestre los malos tratos, los insultos no han dejado marca en su piel, no le ha roto la funda que contiene su vida. Unos ojos sordos que no escuchan unas miradas de miedo. No aporta el suficiente terror, no hay moratones en su conciencia, nadie percibe su dolor. Me imagino su vuelta a casa, su impotencia, su incredulidad, su sensación de sentirse nada. Aquella tarde entregó a sus hijas a un lobo feroz, a una hiena rencorosa, a una bestia desalmada. Aquella tarde se convertiría en el principio del final de sus vidas, de ellas, de las tres. Las niñas nunca regresarían, ella ya tampoco.
El cobarde eligió un viaducto para estrellar su maldad, una barra de hierro para olvidar a sus hijas y un profundo odio para marcar a fuego y sangre a su pareja. Contranatura fue su venganza, descerebrado fue su pensamiento, de una cobardía absoluta, fue su brutal castigo. Le deseo fuego, dolor, sufrimiento, agonía. Lo maldigo y lo condeno. Lo odio y lo fusilo en mi pensamiento.
Un madre deshecha, un vacío suicida, un silencio de llantos. ¿Dónde están los que los protegerían, los que venden la libertad de las víctimas, los que mienten con ese manto falso de seguridad?. Estoy muy enfadada, lo reconozco, muy asqueada. Yo lo puedo estar, ellas no y eso es algo que me enfada. Buena noche, aunque hoy lo dudo. Va por vosotras, pequeñas. 

martes, 25 de noviembre de 2014

PROMOCION 1994

No me apetecía mucho acudir, la verdad es que no me apetecía nada. Pero bueno, una amiga me lo pidió y allí nos fuimos. Promoción de Enfermería 1994, cena de reencuentro. De camino hablábamos de los compañeros, como estaría éste, aquella, aquel...Me acordaba de rostros, de los sitios que ocupaban algunos en clase, de sus caras de hace 20 años. ¿Cómo estarían, dónde trabajarían, que habrá sido de ellos?. Mientras me vestía hablaba con mi amiga haciendo bromas sobre lo que habríamos cambiado en estos años. Recuerdas cuándo..., te acuerdas de aquella... vendrá a la cena...., todo eran dudas. Llegamos a la cafetería, no había nadie, pero las dos necesitábamos ese vino que haría que nuestros ojos retrocedieran en el tiempo. Pronto empezó a llegar gente, caras que nos sonaban pero sin nombres. Holaaaa, sois de la cena, verdad?. Claro que eran, somos, estaban...Besos en caras sin nombre, párpados ojerosos y bolsas desconocidas, cuerpos cambiados por los años, voces reconocibles en rostros anónimos. Allí estábamos veinte años después cincuenta compañeros desconocidos. Todo muy frío, un poco distante, de compromiso...hasta que entró el delegado de clase. Se me alegró la cara, lo reconocía, más canoso, más añoso, pero era él. Se rió cuando me vió y me acerqué a él para abrazarlo, y vaya si lo abracé, y vaya si me emocioné, seguía siendo auténtico. Nos tomamos un vino, hablamos de qué, cuándo, dónde, cómo... Seguía entrando gente por aquella puerta del pasado, continuaba la pasarela de rostros desconocidos. Alguien se acercó y me dijo: ¿a qué no me reconoces?. Pues no, le contesté mirándolo como si quisiera verle la cara por debajo de una careta. Le hacía gracia, a mí ninguna. Un sorbo al vino para ver si me inspiraba. Nada, ni idea. ¿Cómo iba a darme cuenta si casi no iba a clase, y cuando iba se sentaba en primera fila?. Yo era de medio campo para evitar estar delante cuando me daba el sueño. Toda la noche pegando saltitos delante de mí para que adivinara quién era, hasta que me cansé y le dije: "Ayyyyyy, sí hombre, ya me acuerdoooo...". Mentira, ni idea de quién era aquel cuerpo saltarín sin sentido. Hala, a intrigar a otra, que ya tienes unos años...
Pregunté por un compañero al que me apetecía ver, y vi como la cara del delegado cambió a triste. Ya no está Julia, se ha muerto hace seis meses, un infarto, fumaba mucho... Durante toda la noche vi su cara, sus gafas de pasta negra, su sonrisa... pero ya no estaba, perra vida. Y ya de paso, ¿te acuerdas de aquella chica que se sentaba delante, delgadita y rubia?. Se suicidó al poco tiempo de fallecer su hijo en un accidente de tráfico. Joder, no me acuerdo, no recuerdo su cara.... Y aquella chica de la mesa de enfrente, ¿la ves?. Tuvo un accidente de coche con su padre, él falleció, ella estuvo meses en la UCI totalmente rota...
Entonces es cuando piensas realmente que sí han pasado veinte años, casi un cuarto de vida, que nada tenemos que ver con el año 94, que todos los que estábamos allí no guardábamos nada más que nuestro título en común, que allí había vidas desconocidas por todos, y otras que no habían llegado ni a esa cena. Me preguntaron por ella. Sólo pude decirle "tampoco está, también tuvo un accidente y allí se quedó, en un maldito túnel". Podía haber seguido hablando de ella, pero no quería, ella también falta allí, también me faltaba.
Con tres copas juramos volver a reunirnos en 10 años, no perder el contacto. Edad difícil para hacer esas promesas, quién sabe, quizás... ojalá. Buena noche.

viernes, 21 de noviembre de 2014

LA DUQUESA

Ha muerto Maria del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz- James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay. Ha muerto la marquesa de España, así, tan callando. La televisión en su "prime time" repasando su vida, de arriba a abajo, de derecha a izquierda, alabando sus obras benéficas, sus devociones, sus rarezas y excentricidades. La Duquesa, sus hijos, esas prolongaciones de su vida un poco faltos de apego familiar, de calor de hogar, de abrazos de madre, de los de verdad, de los que confortan. Un padre distante, un padrastro al que no aceptan, una vida de marquesado de hielo. Hasta se entiende su rebeldía, ese "paso de todo y hago lo que me da la gana", que fué lo que la caracterizó en sus últimos años, o eso creo. Claro que con una fortuna de mas de 3000 millones de euros, palacios, castillos, terrenos agrícolas, valores bursátiles, joyas, obras de arte y nada menos que 51 títulos nobiliarios, podía hacer lo que le diera la gana. Ya me gustaría verla con ese estar volátil si sus bolsillos sonaran como los de los millones de españolitos de a pie, a hueco. Y claro, de todo ese patrimonio "histórico", sólo se declaraba un 10%, ya que el 90% restante estaba exento de pago de impuestos. Vamos, como cualquier españolito. A la muerte de la duquesa, los ducados, condados, cortijos, fincas se desmembran entre los hijos, se reparten los titulitos como un juego de naipes.
Hay quien ha ido a las puertas del Palacio de Dueñas a llorar a la duquesa porque la consideraban muy cercana, muy alegre, muy rebelde. Cada uno es libre para hacer lo que quiera, pero lo considero demasiado folclórico para el convulso momento que estamos viviendo. Me viene ahora a la memoria una denuncia presentada contra la Casa de Alba por tener contratados de forma irregular a varios jornaleros (algunos extranjeros) en fincas de Córdoba y Sevilla, sin darles el alta en la Seguridad Social, o la recepción irregular de ayudas de la Unión Europea, e incluso el uso de esas ayudas para urbanizar el suelo rústico en vez de usar el pecunio para el pago a sus jonaleros. Puedo decir que siento su muerte, pero lo siento como ser humano, porque la muerte a pesar de ser un paso inexcusable produce un dolor punzante. Sus hijos la llorarán, sus amigos la echarán de menos, las revistas se quedarán sin unos de sus suculentos personajes estivales, pero la vida seguirá con o sin ella. Mañana saldrá su vida y milagros en todas las televisiones, las cadenas de radio blindarán sus programas para repasar su vida en todas las direcciones, los rotativos empapelaran sus portadas con la muerte de la marquesa, pero el mundo seguirá girando, y el día será día y la noche, pues buena noche.

domingo, 16 de noviembre de 2014

ABUELITA ENTRAÑABLE


No sé el por qué, pero tengo una capacidad innata para cruzarme con personas en el supermercado que son verdaderamente sorprendentes. Y así os lo voy a contar...
Tras haber visto en un catálogo una oferta de tumbonas con precios realmente atractivos, decidí pasarme por la tienda en cuestión e intentar adquirir una de esas enormes tumbonas para mi terraza. Al llegar, el supermercado aún estaba cerrado y los clientes se amontonaban en la puerta como si esperaran el pistoletazo de salida. No me gustan las aglomeraciones, prefiero separarme unos metros y entrar sin tropezones. Observaba curiosamente a la gente de espaldas a mí, no sé, quizás buscaba los dorsales de la imaginaria carrera, analizaba sus posturas, pensaba qué podía provocarles hacer una cola en la entrada del establecimiento tan temprano, qué vendrían a buscar con tanto deseo. Me llama la atención una señora mayor, vestida rigurosamente de negro, con un pañuelo enroscado a un cuello lleno de entrañables arrugas. Un bolso negro, de esos rígidos, donde supones que existen dos divisiones, en un lado un pañuelo blanco con puntillas y en el otro, una cartera grande, negra y rígida. Lo llevaba perfectamente encajado en la flexura del antebrazo izquierdo, y su mano derecha funcionaba con un candado. Me enternecía la abuela.
Se abrió la puerta y se produjo una estampida, tanto que sin saber por qué, me quedé sola en la entrada de aquella tienda. Hasta tuve un  sentimiento de abandono por su parte. Jobar, no me habían esperado, era una actitud poco antipática. Pasé por barrera de la salida de aquel maratón, y mirando al frente me encaminé hacia la anhelada tumbona enorme. Vi la caja, una caja gigante que las contenía las. Miré a mi alrededor con la intención de preguntarle a algún empleado como podía hacer para coger una de las tumbonas, la caja era gigante y no la alcanzaba, a pesar de no ser baja. Y en ese momento vi la imagen más sorprendente de mi vida. La señora vestida de negro, con su pañuelo encajado y su bolso rígido de abuela entrañable estaba colgada de la enorme caja, se sujetaba con la mano derecha y con su mano izquierda, sin soltar el negro bolso sacaba una tumbona como si su brazo fuera una autogrúa. Yo miraba aquellas delgadas piernas, las medias negras tupidas, aquellos zapatos planos de suela de goma, y a la señora levitando como si tal cosa. No tocaba el suelo, se mantenía en perfecto equilibrio, os lo juro. Y por si no había alucinado aún lo suficiente, la señora se ofreció a cogerle otra tumbona a una chica que esperaba su turno de escalada. No podía creer lo que estaba viendo. ¿De dónde sacaba esa fuerza, como mantenía el equilibrio sin caerse, qué tipo de brazo hidráulico tenía, que comía aquella superseñora?. Con la misma facilidad con la que se había encaramado a aquella caja enorme, pegó un salto y aterrizó en el suelo cuál gimnasta de las olimpiadas. Allí mismo se recolocó la negra falda, se encajó el bolso en la flexura y con la mano derecha llevó la tumbona hacia la zona de pago. No la compré, preferí seguir a la señora hasta la caja, con la boca abierta, esperando descubrir el secreto de su superfuerza. Una vez allí, abrió su bolso, cogió la cartera rígida y sacó  sus euros perfectamente enrollados. Pagó con billetes de 5 euros, todos en forma de tubito, unos cilindros perfectos...5,10,15... 45 euros, rigurosamente colocados en aquella cinta sin fin. Se le acercó un chico: "abuela, deje que se la cojo, que pesa mucho para usted". Qué pesa?. Acaso el nieto no sabía que estaba delante de una superheroina?. No sabía de los poderes sobrenaturales de su abuela?. No tenía conocimiento de aquel brazo hidraúlico?.
Me fuí hacia el coche intentando buscarle explicación a lo que había visto. Me senté en el asiento del coche, me agarré al volante y me reí hasta que me cayeron las lágrimas. Galicia es un mundo aparte y sus abuelas, unas supermujeres. Buena noche.

viernes, 14 de noviembre de 2014

ADOPTANDO AL ODIOSO GORRILLA

No lo entiendo, de verdad que no lo entiendo.

Pago mis impuestos religiosamente, todos a los que me obliga este país de...vamos a dejarlo. Y los de mi pueblo, ciudad o lo que sea este pedazo de tierra donde vivo.

Ayer mientras caían cubos de agua del cielo, empecé a dar vueltas con el coche con mi niño pequeño sentado en su elevador en busca de un sitio donde aparcar. 

De pronto lo vi, allí estaba esperándome el sitio perfecto, uno de esos que envidias cuando ves que otro acaba de llegar y aparca a la de ya.

Pues bien, era mi sitio, estaba estratégicamente reservado para mí. 

Pues no. 

Si quería aparcar en "mi sitio", tenía que pagarle a un gorrilla colocado hasta las cejas el "eurillo" que cobra por dejarte aparcar en "tu sitio". 

Aparqué, claro que aparqué, y de pronto tenía dos ojos pegados al cristal de mi ventanilla, unos ojos que sentenciaba "has aparcado en mí aparcamiento y tienes que pagarme un eurillo para que yo no te pinche las cuatro ruedas del coche". 

Reconozco que me salió un punto macarra. Le miré fijamente, arranqué el coche manteniéndole la mirada, metí marcha atrás con la mano derecha mientras mi mano izquierda sufría un espasmo y mi dedo medio quedaba erecto. 

Me largué de allí mientras mi hijo se reía y yo blasfemaba contra de las políticas permisivas.

Di una vuelta más, vi un coche con el intermitente puesto. Aparqué en doble fila, este sí que sería mi sitio, nadie me cobraría por él, nadie me miraría por la ventanilla con cara de colocado. Era "mi sitio" y me estaba esperando...

Estaba yo a la espera para que el lentísimo conductor sacara el coche del deseado sitio cuando de pronto, un coche que venía por detrás puso el intermitente. Me mordí los labio y me dije: "ni de coña, chaval". Cuatro intermitentes, porque no podía lanzar unas bengalas y llamar al ejército. Era mi sitio, sólo mío. 

Marcha atrás, rápido, ya casi estás, vamos, es lo que deseas, es tuyo y por fin, aparqué, mientras eché una mirada desafiante al listillo que intentaba robarme lo mío. Le mantuve la mirada, el también lo hizo, como una hiena que no quiere compartir su carroña. 

Lo siento, guapito, te he ganado.

Bajé del coche con el pecho hinchado, lo había conseguido, mi triunfo. 

A lo lejos vi venir hacia mí al gorrilla. Me giré, le mantuve la mirada, deseaba fundirlo.

Algo debió ver en mis ojos, porque cuando estaba a punto de llegar al coche, dió un giro de 180 grados y se perdió entre la lluvia. 

Había ganado, ahora que no recuerde el coche, la matrícula ni mi cara, por favor. 

Buena noche.

martes, 11 de noviembre de 2014

UNAS CUÁNTAS IDEAS

Vale, de acuerdo, estamos en crisis, lo sé y lo siento en mis propias carnes. No voy a hablar del Gobierno, de eso ya se sabe demasiado.

Vivimos en una época en la que es más que evidente que los comercios no venden, las tiendas de barrio agonizan, los mariscadores se quejan de que la centolla ha desaparecido de los mares, los funcionarios se hielan con su sueldo, a las grandes superficies les empiezan a temblar los cimientos, los cines proyectan para tres personas...

Todo parece encaminarse a un final previsible.

Ahora bien, me sorprende que nadie se haya parado a pensar en medidas para que todo esto mejore, y os cuento a lo que me refiero. 

Los comercios no venden porque se han negado a rebajar sus precios, a poner un día a la semana un descuento del 10%, a facilitar las ventas a traves de tarjetas de amortización, a ampliar sus horarios de atención al cliente para fomentar el empleo, a cambiar la forma clásica de venta y dar un refresco al aire viciado de sus negocios. 

Las tiendas de barrio agonizan por la competetitividad de las áreas comerciales, difícil solución tiene la cosa. Los alquileres antiguos tienen fecha de caducidad, pero también es comprensible que los arrendadores quieran cobrar por sus locales lo que legalmente les corresponde y que las rentas ancladas durante décadas desaparezcan. 

Los mariscadores, estos me traen un poco por la calle de la amargura porque todos los años en estas fechas, cuando se abre la campaña de la vieira o del centollo se quejan de que no hay suficiente cantidad, la que hay es pequeña, está floja, aunque después en la lonja se disparen los precios como si el resto de los humanos no sufrieramos la misma crisis. 

Me parece excusas baratas para hinchar los precios aprovechando la cercanía de esas fechas en las que no probaremos a la familia de los más delicados manjares del mar.

 Y es que señores, las carteras de sus compradores están más que vacías, tan vacías como las suyas. Y esto me lleva a que no cenaré centollo tampoco este año.

Los funcionarios, vamos un poquito con ellos, los hay de muchos tipos. Conozco a unos ante los que me quito el sombrero, otros a los que su puesto les hace creer los mismísimos dueños de todas las administraciones. También los hay que trabajan a turnos de semana, otros los fines de semana, los festivos y fiestas de guardar, e incluso los que hacen de su turno de siete horas unas vacaciones diarias. 

Si se me ocurriera decir que los sueldos deberían de cobrarse por horas reales de trabajo y que estoy de acuerdo con el cumplimiento del horario laboral al dedillo, más de uno me fusilaría a la vuelta de una esquina. Pero me da igual, en un país demócrata tengo todo el derecho a expresar mi opinión personal y ahí lo dejo.

Y ya puestos, las grandes superficies comerciales deberían de potenciar las compras con medidas anticrisis, atrayendo clientes con ofertas, sorteos, regalos,y también con un poco de alegría, por dios, que les falta cascabeleo por todas las esquinas. 

Que estamos en un momento en que la gente lo necesita, que sólo les interesan los beneficios, que no piensan en que sus tiendas están vacías porque se mantienen inalterables año tras año, ajenos a la decrépita situación social.
 
¿De verdad se creen que poniendo dos guirnaldas y tres lucecitas, la gente se liará la manta en la cabeza y romperán sus cerditos para comprar en sus locales?. Creo sinceramente que se engañan e intentan hacerlo con los demás.

Los cines, !!ay los cines!!, que por una hora de distracción intentan ingresar más de lo que cobra un policía o un bombero por jugarse la vida en ese mismo tiempo. 

¿Estamos locos o hemos perdido el rumbo?. 

Y si probaramos con precios adecuados a la situación actual, precios populares que llenaran las salas de parejas, pandillas y familias, horarios especiales, algo que nos hiciera olvidar durante una hora esta sensación de ahogo comunitario. 

No sé, son sólo pensamientos en alto, a lo mejor aplicables si intentamos no asfixiar la paupérrima economía de un país que poco más puede dar de si. 

Buena noche.

sábado, 8 de noviembre de 2014

VICTIMAS IRREALES

Si hay algo que no soporto en una persona adulta es el victimismo.

He elegido una profesión en la que cada día veo auténticas tragedias, héroes anónimos, situaciones límite, almas indescriptibles, miradas de terror, grandes victorias y terribles fracasos. 

Da igual la edad, he notado el mismo miedo en padres, hijos, abuelos... y reconozco que en mil ocasiones he salido de un box pensando que la situación allí vivida era muy injusta. 

Hay una costumbre entre el personal sanitario cuando salimos del box vital y las cosas no están yendo bien: no miramos hacia la sala de espera, no levantamos la mirada.

Creo que es nuestro mecanismo de defensa porque si te mirara a los ojos, leerías en los míos la noticia que no quiero darte.

Ayer ocurrió esto mismo. 

Una chica joven con un pronóstico infastuo, terrible. La médico habló con ella y en cuestión de segundos, ella y su marido lloraban abrazados. Los vi a través de la cortina, y de forma instintiva miré al suelo. Lo hice para que nadie viera mis ojos, mi sentimiento de impotencia, mi emoción escondida.

Al rato mi mirada se volvió de nuevo hacia aquella cortina entreabierta. Está vez mis ojos se cruzaron con los del marido, una persona joven que me miraba como buscando una respuesta, un por qué les estaba pasando aquello. 

Lo miré intentando mostrarle mi apoyo y no pude más que apretar mis labios. Intenté decirle lo siento, pero esta vez estaba demasiado cabreada con la vida. 

Lo siento, no pude, es demasiado injusto, las personas tan jóvenes no deben luchar por su vida tan pronto, no están en su tiempo...

Me pierdo. Esto venía a cuento del por qué no aguanto a los victimistas, ese tipo de personas que habrán pasado las suyas, no lo niego, pero que siempre lo suyo es lo peor, lo que más duele, lo que más malestar causa y los héroes de historias de lo más común. 

Se creen los más luchadores, los que más echan de menos, los que vuelven una y otra vez al pasado para su regocijo, los que revuelven en el cajón de su vida para sacar retales de lo bien que lo hicieron en su momento, para predicar  falsos triunfos y alardear de sus más que dudosas victorias.

Esas personas que traen a la vida una y otra vez  sus espíritus, sin darse cuenta que viven anclados en un pasado que ya no encaja en su presente. Pués bien, ese tipo de victimas, de sus vidas, a esas, no las soporto.

Trabajo en lo que me gusta, creedme. Tengo la suerte de trabajar en una profesión llena de sentimientos, en la que cada día muchos pacientes me provocan sensaciones de lo más humano, en la que eres capaz de hacerle entender a un completo desconocido que si necesita de mis cuidados, ahí estaré. 

Me gusta esa sensación, llegar a casa y recordar que hoy he tocado una mano desconocida que necesitaba el calor del contacto, he acariciado una cara que delataba el miedo, he dado la mejor de mis sonrisas a unos ojos asustados o le he cantado a un niño la misma canción que consolaba a mis hijos cuando el temor los envolvía. 

Me gustan estos héroes, los victimistas no.

Buena noche.

martes, 4 de noviembre de 2014

LA POSESA

Me gusta mi profesión, rotundamente sí aunque haya momentos en que mi espíritu cuidador se torne lo contrario con según quién me tope.

Cuando estudiaba la carrera de enfermería, los profesores hablaban de la comprensión, la empatía, la dulzura, la entrega vocacional de la enfermera al cuidado de los pacientes.

Hablaban y hablaban durante horas del buen método, de la paciencia, de los sentimientos compartidos, mientras todo lo escuchaba allí  se me quedaba tatuado en mi interior. Repetían una y mil veces que la empatía era fundamental en nuestro trabajo, que tuviéramos cuidado con ponernos en la piel del paciente, que no compartieramos sentimientos propios y que mantuvieramos una distancia emocional preventiva. 

No siempre lo he hecho, a veces hay situaciones en las que el cuerpo te pide a gritos un poco de guerra.

¿A que me refiero?. Lo aclaro.

Soy enfermera desde hace 20 años, afú, si echo un ojo a la orla, no me acuerdo de casi ningún compañero, sólo de los que se sentaban ce ca, y sólo si levantaban la cabeza de los folios
Y en todo este tiempo me he encontrado con pacientes que más que enfermos parecían poseídos. Lo juro y os lo cuento.

Mujer, menor de edad en el servicio de Urgencias acompañada por sus padres. Su patología es lo de menos, lo más preocupante es su falta de educación. Su aspecto mezcla de "pilingui" y posesa. Sus movimientos descoordinados, lengua viperina y volumen de voz chirriantemente adolescente poco hormonada que produce un desagradable pitido de oídos. 

Con este tipo de adolescentes suelo tener poca paciencia, la verdad.

Después de estar escuchando  sus sandeces y de dejar que soltase por su boquita todo tipo de improperios hacia sus progenitores, de asustar a los pacientes "pacientes"que esperaban en la sala de espera, de aguantar que sus gritos se oyeran en el exterior del servicio, después  de todo esto,la pasé a la consulta e invité a sus padres a que tomaran aire fuera para que descansarán de su hija encantadora. 

Cualquier padre con dos dedos de frente le hubiese volcado encima un litro de agua bendita y hubiese salido de la consulta cuál alma que lleva el diablo en busca de un exorcismo. 

Estaban cansados de la niñata, se les notaba, y salieron a ventilar su vergüenza ajena. 

La niña-ta me fundió con su mirada, bueno, eso creía ella. Su boca empezó a vomitar todo tipo de insultos, recuerdos a mis muertos, ya de paso aprovechó su limitada libertad condicional para dedicarme piropos  innombrables, mientras su rabia aumentaba y su saliva salía disparada con cada palabra. 

La miré indiferente, esperando a que se le acabara el repertorio, la pila o la mala baba. Y coño, se le acabó antes de lo que preveía porque empezó a toser y ya no era capaz de hablar.  Se le había resecado la garganta, aunque personalmente creo que tenía la garganta fundida por el calor de sus palabras demoníacas. 

Aproveché el momento para acercarme a ella y le pregunté si estaba mejor. No sirvió  de nada, con ello la volví a activar. Otra vez mis muertos por el medio, cambiando mi profesión por otra más liberal y vuelta al lanzamiento de babas.

Agotada su vocerío ,me acerqué prudentemente y le susurré al oído: que  "si yo fuera tu madre te daba un par de xxxxxxx y te cerraba ipsofacto esa bocaza".

La niña, que no tenía desperdicio me espetó que "si tu fueras mi madre, me iría de casa". 

Es que me lo puso a huevo, no pude evitar contestarle "si tú fueses mi hija, sería yo la que te echaría de casa, no soportaría tener una persona tan vulgar por hija y pasarme la vida avergonzada por tu pinta, tu baba y tu lengua".

Justo en ese momento entró la madre sin levantar su mirada del suelo, la niñata se calló de repente y me miró desafiante, como si hubiera ganado la batalla dialéctica. Veía el triunfo en sus ojos, pobre ignorante ...

La madre me miró con impotencia contenida, se giró hacia ella y con voz cansada le dijo, "túmbate inmediatamente en la camilla, cierra esa boca asquerosa y estate quieta porque soy capaz de atarte a la camilla yo misma".

Fué una bocanada de aire fresco, mis ojos hacían chiribitas al verla desarmada.

La niña del exorcista ni pestañeó, se acabaron los gritos y los insultos. Por fin cerró aquella bocaza y hubo un poco de silencio, por fin se agotó...

Soy enfermera, me gusta mi trabajo, practico la empatía , intento cuidar a los pacientes de la mejor forma posible, pero no soporto a este tipo de pacientes, no tengo obligación de aguantarlos, esto no forma parte de mi trabajo.

Así que seguiré siendo impasible con este tipo de comportamientos. Por cierto, me alegro que su madre haya despertado por fin. 

Buena noche.

sábado, 1 de noviembre de 2014

MEZCLADILLO DE SENTIMIENTOS

Varios medios de comunicación aseguran que el ébola se transmite por vía aérea. Tengo que confesar que hace un par de meses que tenía esa sospecha, fíjate tú, sin ser nadie , ni investigadora, sólo  una enfermera más trabajando en un servicio de urgencias de un pequeño hospital. 

La OMS diciendo que no, y yo diciendo que sí, que ironía, por dios. 

Y resulta que si el "eboliano" estornuda, mi lógica humana me obliga a sospechar que el "bicho" en cuestión viajaría en esas insensatas gotitas de Plugë y llegaría a cualquier mucosa expuesta. 

Pués parece que al final tenía razón... que intuición más pesimista la mía, en fin.

Operación Púnica, prevaricación, conductas delictivas, adjudicación de contratos irregulares...

¡No vuelvo a cenar tomándome un rioja!. 

Mira tú también por dónde me estoy acordando de Parla, Villalba y Torrejón de Velasco.

¿Será Francisco Granados, la constructora Adiccos, el gasto en "señoras de dudosa reputación" o las cacerías a 9.000 euros por cabeza, lo que me está endemoniando?.

No lo sé, a estás alturas la estafa, el robo, el desfalco y la chuminería me parecen parte de esta vida- circo hispánica. 

Y el juez Velasco partiéndose el alma para demostrar que esta pandilla de chorizos merecen la cárcel más que el propio Dioni.

Pasemos del tema, si el Gobierno lo hace, pues yo, en fin.

¿Y la UGT en Andalucía?. 

Uffff, quince millones de euros.Los pobres no pueden justificar quince millones de euros destinados a cursos de formación inexistentes. ¡Qué os voy a decir!. Casi es mejor que no diga.

Hoy le he dado un abrazo lacio a una compañera. Mi jefa me pedía con mirada de cordero degollado que arreglase el problema, y bueno, es una de mis mejores amigas.

¿Qué trabajo me costaba darle un abrazo a esa compañera?. ¿Me suponía mucho trabajo hacer lo que mi jefa me pedía?. 

Pues no, ella siempre está cuando la necesito. Que menos que hacer las paces a petición de mi amiga. Pues así lo hice, hecho está. No cabe mas explicación. Un abrazo lacio fué, pero que muy lacio. Pero me lo pedía mi amiga...

Buena noche.