miércoles, 22 de mayo de 2024

PARA SIEMPRE

Sé que hay una bonita mujer de cabello color plata esperando desde algún sitio que desconozco para que le escriba unas palabras. Sé que se lo debo, así que ahí vamos.

Para ti, Auri.

Para comenzar siento una obligación moral de confesarte una cosa, espero que desde "allí" sueltes una sonada carcajada: durante cierto tiempo te llamaba Agripina (empezamos fuerte), no por relacionarte con la Roma antigua sino porque nunca recordaba como te llamaba tu familia, luego la mía también. Tu hijo me corregía una y otra vez con una paciencia infinita, "Auritinaaaaa" repetía como si yo lo hiciera a propósito, que nunca fue así, te lo aseguro.

Recuerdo cuando salía de clase y pasaba por tu casa para recoger a tu hijo. Siempre apuraba un cigarro antes de llegar al portal y subía hasta el noveno exhalando el aire para no oler a tabaco, como si con treinta y pico años tuviera que justificar mi pequeño vicio, como si el olor a tabaco desapareciera por quedarme asfixiada en algún  piso por debajo del vuestro. Siempre llegaba tarde y os daba los besos correspondientes con su hola correspondiente para cada uno, primero a Choni y otro para ti.

Os recuerdo sentados cada uno en vuestro sillón y con las piernas tapadas con el tapete de la mesa camilla que escondía el calor de un brasero. Me gusta recordar esa imagen, me transmite mucha paz.

Nunca vi que pusieras mala cara a nada, jamás una mala contestación a nadie, sólo alguna mueca hacia Margarita, que parecía ver sólo a Choni en aquella casa. La verdad es que era un poco de película sesentera, y me refiero al servilismo hacia "el señor" por parte de ella y tu gesto contenido para no tensionar la situación.

En más de una ocasión me mordí la lengua, si ella quería ver a un señor, también tenía que haber visto a su lado a una señora que se cuidó muy mucho y durante muchos años, de tratarla como si fuera de la familia, sin distinción slguna. Y mordiéndose la lengua más que yo incluso, que ya es contención...

Recuerdo cuando Choni enfermó y te pasaste todo el tiempo a su lado en el hospital. Estabas siempre sentada en aquel sofá de polipiel que era una prolongación de su cama, día y noche sin descanso. No volviste a casa, no querías que nadie se turnara contigo para acompañarlo en aquellos días tristes, querías estar cada segundo con él y así lo hiciste hasta el día en que se fue para siempre.

Aún sabiendo certeramente la proximidad del triste desenlace, era la noticia que nadie queríamos escuchar. Choni se moría mientras en mi abdomen crecía mi bebé.  

Y con todas las hormonas alborotadas, llegó la triste noticia, y te vi llorar por primera vez ya sin el amor de tu vida. Recuerdo su funeral, muchas lágrimas y un silencio terriblemente respetuoso, como fue él en vida. Se había ido una gran persona.

Los siguientes meses sirvieron para reordenar la vida. Recuerdo que te quedaste con sus gafas, a las que les faltaba una patilla, perdida en sabe dios que momento. Me hacía gracia la naturalidad con la que te las ponías, siempre cojas de un lado para hacer los crucigramas, siempre torcidas por esa cojera heredada. Compartimos risas con esas gafas durante años a las que ni tan siquieran le cambiaste los cristales, quizás por intentar ver a través de sus ojos. Siempre decías que no estaban tan mal, sin patilla y con una graduación que no era la tuya, pero eran sus gafas, y con eso era más que suficiente para tí.

Recuerdo tardes en tu casa viendo fotografías de hace muchos años, fotografías color sepia con los bordes en sierra, de todos los tamaños y preguntándome si reconocía a éste o al otro, y yo que tengo mucha memoria a largo plazo, a veces acertaba a la primera. Me acuerdo en concreto de una fotografía que sacaste de una caja y apoyaste boca abajo en tu pecho, como si quisieras abrazarla y resguardarla. Dijiste, como si de un juego se tratara; ¿a qué no sabes quién es esta niña?. La fotografía estaba hecha en un campo de fútbol, en una grada y en ella sentado un señor con bigote, traje y sombrero.

Reconocí con sorpresa a Choni cuando era joven y a su lado, sentada una niña que no logré adivinar de quién se trataba. Tú te echaste a reír y con un tono orgulloso me dijiste: "soy yo, fíjate que no nos conocíamos y nos sacaron una foto juntos siendo yo una niña y él ya un señor". Tus ojos brillaban llenos de amor, creo que brillaron siempre, desde ese día hasta el último de tu vida. Jamás he conocido a dos personas tan enamoradas...

Pasaron los años y "adoptaste" su sofá, sus gafas sin patilla, sus medicamentos caducados con las cajas en las que había escrito a bolígrafo para qué era cada uno de los fármacos. Un frasco de runquinquina, del que me atreví a sospechar que no te deshacías porque su olor te devolvía al presente al amor de tu vida. Te imaginaba abriendo la botella a escondidas en el baño y oliéndo su recuerdo...

Pasaron los años y pasaron muchas cosas en las familias. Yo perdí a parte de los míos, a mi amiga, y mi hijo pequeño perdió su salud.

Muy asustada, agotada, solos, sin que nadie nos echara una mano y viendo como mi familia se desintegraba poco a poco. Toda mi ayuda a los demás durante años, se quedó en alguna llamada de teléfono, en la que se nos deseaba mucha fuerza y mucho ánimo, sin adivinar que los deseos no curan, ayuda era lo que necesitábamos y no buenas palabras. 

Me dolió y quizás fue el motivo de cierta separación Auri, pero siempre sabía de ti.

Llegaron más enfermedades para todos, para todos. Volví a estar ahí de nuevo hasta que también me tocó enfermar y tuve que dejar de cuidar para empezar a cuidarme. 

Quizás por la forma en la que llevo las cosas, no entendisteis el por qué me desvinculé de vosotros en ciertos momentos, pero créeme, fue necesario para coger aire y seguir luchando por vivir. 

Siempre fuiste Auri, siempre estuve cerca de ti, eras una mujer prudente y respetuosa.

Te recuerdo cuando abrías los ojos y mirabas con un gesto de bondad absoluta, hasta que te sonreía y tu cara se relajaba con sosiego. Me encantaba esa expresión de complicidad. 

No olvidaré nunca nuestra última conversación  cuando ya estabas mal. Te hice una pregunta mirándo tu cara y la afirmaste con lágrimas en los ojos. Era tan fácil comprenderte...

Ese día te di un beso en la frente y fue el último día que dijiste mi nombre cómo sólo tú lo hacías. El siguiente beso te lo mandé por tu hijo, me aseguré que te lo diera. Fue mi último beso, me hubiese gustado dártelo yo, llegué tarde...

Hace casi dos meses que te fuiste y me atrevo a decir que todos te echamos de menos. Todos hemos salido perdiendo con tu marcha, pero me quedo con todo lo bueno que has dejado aquí. 

Hablo por mi boca, pero también hablo por Guille y Gabri, sé todo lo que te echan de menos. Por cierto, tus plantas están repartidas entre dos casas en las que siempre se te recordará de forma entrañable y no dudes que cuidaremos de ellas con el mismo mimo con el que tú lo hacías. 

En cierto modo, vives entre nosotros y te cuidaremos hasta el final. Gracias por haber formado parte de mi vida, por dejarme pertenecer a la tuya. Siempre te echaré de menos. Vuela alto, Auri. Te quiero.

Buena noche.





lunes, 18 de marzo de 2024

YADIRA

Crear un relato utilizando un número limitado de palabras es tan absurdo como decidir si se debe continuar una amistad con condiciones, así que acepto el reto y entre ambas opciones, me decanto por la primera. 

"Aún no había amanecido cuando Yadira levantaba su agotado cuerpo de la cama tras apagar la alarma de los dos despertadores que cada mañana le traían de vuelta a la vida. Sin abrir los ojos, arrastraba sus pies por el suelo de la habitación y estiraba los brazos tratando de tocar con la punta de los dedos aquellas conocidas esquinas que se interponían en su camino hacia el baño. Allí se quitaba el pijama y lo dejaba caer al suelo como si de su propia piel se tratara, y a tientas, intentaba adivinar la puerta de cristal tras la cual encontraría el verdadero despertar. Acurrucada contra una esquina de la ducha, abría el grifo con una mano que retiraba inmediatamente para evitar más frialdad en su piel, más de la que sentía al estar desnuda. Sin abrir los ojos se atrevía a  mojar su cuerpo con el agua que se templaba lentamente, mientras tarareaba la misma canción de todas las mañanas, subiendo el tono a medida que el agua alcanzaba las partes críticas  de su cuerpo. Llegado ese punto, era el momento de meter la cabeza bajo aquel chorro de agua y abrir los ojos a otro día del que no esperaba nada más que pasaran lo más  rápido posible las horas de luz y sombra. Levantaba su cabeza y dejaba caer el agua sobre sus ojos donde se mezclaba el dulce del agua de la ducha con lo salado de sus mares internos, todas las mañanas el mismo sentimiento de ausencia, todas las mañanas deseando salir de aquella lluvia que le recordaba tristezas...

Con rabia contenida, cerraba el grifo dejando que el agua le recorriera de forma desvergonzada el cuerpo hasta que su piel le gritaba abrigo. Con los ojos entreabiertos y sin levantar  su mirada del suelo, abría la puerta de cristal que le devolvería a la mañana. Desde hace un tiempo, cubría el cuerpo sin la sensualidad de antaño, ya no había un motivo para hacerlo, ya no habría más buenos días, ni besos en la frente, ni la casa olería al café recién hecho. El mundo se había olvidado de que estaba sola en una vida nada atrayente. Un poco de crema en su cuerpo era el único olor que aún conservaba de su rutina, pero sin aquellas manos que dedo a dedo dibujaban en su espalda dos palabras que cada mañana la hacían estremecer y que la hacían encaminar su cuerpo dos pasos hacia atrás para el abrazo que tanto le gustaba. 

Volviendo a la realidad, se vestía sin importarle la ropa que había escogido la noche anterior de su armario, un pantalón vaquero, una camiseta, un jersey que no se dejase abrazar y las zapatillas de siempre. Caminaba a tientas hasta la cocina, levantaba la persiana, encendía la cafetera y apoyaba su frente en la estantería de las tazas como si estuviera pensando en que no debía pensar. Aquella estantería era parte de su pasado, allí estaba su taza y la otra, la que no quería usar por si se le rompía más la vida. Ya no habría dos cafés, ni conversaciones cómplices sobre sueños, nadie la sacaría a bailar con el ruido de la cafetera, ni pondría un plato con arándanos en la mesa. Sólo estaba ella y aquel café amargo cargado de ausencia. 

Agarraba la taza con las dos manos, daba un sorbo corto, metía en su boca un trozo de galleta resesa, otro sorbo rápido y una mirada esquiva. Eso era lo único que le quedaba en aquella cocina, pocos más que prisa por salir corriendo de allí. 

Camina de vuelta al baño con los ojos cerrados para imaginar un roce, su olor, un susurro que le hiciera creer que nadie se va para siempre, pero nada de eso ocurría, sólo  era una ilusión como siempre. Cada mañana se miraba al espejo y no se reconocía, tapaba sus mejillas con sus manos y las movía como intentando cambiar los surcos de su rostro, su gesto, su realidad. Hoy tampoco se maquillaría, la misma decisión de cada mañana, un poco de colonia, atusa con desgana el pelo y listo, nada cambiará por más que se lo proponga. 

Abre la persiana de la habitación, está amaneciendo, le gusta apoyarse en la ventana dos minutos y ver como la luz disipa la oscuridad de la noche, no antes de buscar una estrella, besarse el dedo índice y apoyarlo en el cristal. Algún día tendrá que limpiar todas aquellas marcas de besos perdidos, algún día tendrá que dejar de darle los buenos días y dejarle marchar. 

Es hora de irse, llega tarde como siempre, coge el bolso cada vez más pesado y el manojo de llaves. Cierra la puerta con delicadeza, como si no quisiera despertar a alguien, a no sabe quién, ya a nadie. Se vuelve a morder el labio odiando la rutina de todas las mañanas. Coge el coche, llega al trabajo, da los buenos días con la mejor de sus sonrisas como si de otra vida se tratara, siempre algún guiño cómplice en el trabajo, es otra guerra, su otra vida". 

(Yadira, nombre hebreo que significa "amiga").




sábado, 20 de enero de 2024

HIEL

Arterias, venas, capilares, todos sus vasos llenos de hiel. Quema cada frase que sale por su boca, insiste, no escucha, vomita palabras que hacen daño, mucho daño. Revuelve el pasado una y otra vez, el suyo y el que no le pertenece, todos los pasados de los que pueda sacar una amargura. Araña, hace sacar la ira, desordena vidas para pedir perdón y vuelta a empezar. 

No procesa, no piensa, escupe por la boca un dolor que proyecta sobre cada persona que tiene cerca, nada ni nadie es lo suficientemente bueno, todo malo, todos malos, nadie se salva. Imposible hacer nada, vive en un círculo pegajoso, insano, nocivo y radiante a todo el que se le acerca, no quiere que le ayudes con su dolor, ni tampoco intentar calmar su ira, quiere que te duela de la misma forma en la que le duele, quiere que el corazón te salga del pecho y se haga más vulnerable a sus palabras. Quiere que en tu cabeza resuenen lamentos semienterrados, que vuelvas a sentir lo malo que no debe salir de nuevo a tu vida, por y sólo para alimentar su curiosidad enfermiza.

Hiel, bilis, amargura, eso es. No le importa esto ni lo otro, él ni ella, lo repite murmurando como si rezará un rosario de forma plañidera, hurgando profundamente y sin pudor, todo lo vuelve enfermizo. No quiere vivir, lo verbaliza, al rato lo niega, como si de un paseo se tratara, vuelve al principio para halagar y coger carrerilla para la siguiente embestida. Otra vez, es la última, lo juro. La próxima vez me aparto y dejo que se despeñe. No habrá red, ni salvación,ni consuelo, ni escucha, sólo soledad, la que busca, la que merece. Allá su conciencia ...

Se ocupa de recoger "basura informativa", no entiendo ese morbo, quiere "mal saber" todo de todos, no perderse lo más grotesco, desagradable y doloroso. Le da igual quién tenga delante, tarde o temprano, por aquí o por allá, sacará su hiel para saber algo sin un ápice de empatía, y no porque le preocupe lo pasado, sólo por el único motivo de acumular lúgubres datos para confirmarlos, aunque para ello te retuerza la piel y sepa del daño . Le da igual, para esta persona sólo eres carnaza, nada más.

Demasiadas palabras dedicadas, no se merece ni la primera letra de esta entrada.

Absolutamente nada.

Buena noche. 

martes, 3 de octubre de 2023

PELUQUERÍA III

Semana crítica para mí, decisiones en las que no puedo participar, boca cerrada sin  gritar que estoy aquí, que aún estoy aquí, que aún puedo, que aún soy. Nervios, murciélagos revoloteando en el estómago, una sala llena de extraños que deciden sobre mi vida, sobre el futuro y mi valía. Amigos incapaces de apoyarte, familia ocupada, compañeros que prefieren silenciar sus voces, todo con un fondo irónico a mí favor, como yo no haría si sus vidas les diera una vuelta de tuerca y cayeran de culo en el mismo lugar dónde yo me encuentro ahora. Pero no voy a gastar ni una sola palabra en ello, es más de los mismo, es como abofetearme por tener pensamientos tan reiterativos, casi vomitivos si no os molesta la comparación. Bueno, a lo que vamos, muerte a los murciélagos...

Que sepáis que he ido a la peluquería la semana pasada, discreta como siempre, si no fuera porque el collarín que sujetaba mi ya maltrecho cuello era tamaño bulldog y yo no paso de chiguagua. Creo que no me he explicado claro, resulta que cuando explotó la olla exprés, salí volando con un cuchillo en la mano y una pechuga en la otra ..., bueno, a lo que iba, que tener un mesado de piedra de pista de aterrizaje no ayuda, y claro, las vértebras del cuello frenando sobre el reborde del mesado ,..., ya os podéis imaginar, que no he vuelto a hacer vichyssoise, que me llega con encontrarme pegotillos resecos en sitios insospechados años después del incidente. Y no porque no limpiara la cocina con esmero, Dios sabe que me pasé semanas desincrustando la cremita de marras de toda la cocina y alrededores, pero cuando te pasa algo "tan explosivo", el contenido es infinitamente mayor en cantidad que el propio continente, creedme. Pues eso, que después de "los fuegos artificiales" y del viaje a la velocidad de la luz hasta frenar en el mesado de granito, siguió el "arreglo de lo descolocado", y por eso tengo que lavarme la cabeza en la peluquería con un collarín que impide que mi cuello toque el lavacabezas. Os diría que lo imaginárais, pero sé que es difícil hacerlo sin que os provoque una "explosiva" carcajada.

No quiero desviarme del tema, necesitaba a gritos un tinte, ya no podía seguir arrancándome las canas cada vez que se proyectaban como antenas, tiesas, gruesas y blancas, como si lo hicieran a propósito las muy...

Tenía que ser y allí me fui con mi hermana, el collarín, ropa de repuesto por si el lavacabezas se convertía en una catarata que hiciera que me llegara el tinte hasta el mismísimo...,"¡para!, no sigas por ahí, soy tu conciencia". Vale, vale, que no puedo quejarme, que entre la peluquera, mi hermana y la menda procedimos a la colocación del cuello-rígido- con capacidad de dar dos vueltas sobre si mismo y allí lo adaptamos entre un par de "ayyyy, esa es mi oreja" y un "afloja que me ahogo, por tu madre", que era también la misma, todo sea dicho. Así, tiesa como una mismísima bantú, me encaminé al lugar de lavado con cierto recelo porque la intuición nos decía que podía "mascarse la tragedia". Me senté en el sillón, una a cada lado, me tumbaron en bloque, apoyaron el collarín en aquel lavacabezas y !voilá!, encajó a la perfección. Llenaron todos los huecos con toallas para evitar que la temida ducha tintorrera me empapara, tres toallas en el cuello, una en la espalda y otra que sujetaba mi hermana en sus manos para evitar que la piel de mi cara se volviera marrón chocolate de por vida. Agua, champú, agua, suavizante, agua, mascarilla. Mientras mi hermana me cubría la frente, ojos, nariz y boca con la toalla que tenía en las manos. Es cierto que hubiera evitado que mi cara quedase color caramelo, pero el azul de la asfixia no hubiera quedado mas elegante en la foto de la esquela, no, no lo veo. La verdad es que se lo agradezco, pero, !!! lo de que respiro por branquias fue una broma, hermana!!!.

"¿Te doy un masaje en la cabeza?". No pude negarme, hacía tanto tiempo del último masaje capilar que con éste casi me escurro del gusto por el sillón hasta el suelo. De ahí a la silla de corte, puntas, capas a la velocidad del rayo y con el arte del mismísimo manostijeras, secado rápido sin forzar el cuello y lista. Bueno, un poco de laca para darle un aire más actual a mi estilo habitual y listo.

Me cambié de ropa, el agua no había  llegado hasta dónde yo sospechaba, sólo mojó un poco la espalda. Me dirigí a pagar, la dueña del local le preguntó a su socia. "¿qué le cobro, de todo?". Respuesta afirmativa y cuando  empezó a sumar "esto, más lo otro, eso también, un poco de...", me recordó a la lista del supermercado. Cuando me dijo el precio, me quedé boqueando como un pez  fuera del agua y me tuve que morder la lengua para no espetarle un : "!!eeeeeh, de todo no, que el pelo lo traía yo de casaaaaa!!". Nos volveremos a ver por las canas, pero cuando suba la bolsa. 

Por cierto, buen trabajo a las dos.

Buena noche.


martes, 29 de agosto de 2023

TU CHARLA

¿Te acuerdas cuándo te dije que en cuanto llegara a las diez mil lecturas, haría público el blog?. Pues olvídate de eso. Y no, no me da vergüenza que las personas que lo lean descubran quién está detrás de la historia. No creo que encuentren grandes pensamientos, sí quizás reflexiones de momentos un poco abstractos. Lo he estado pensando seriamente y lo que me pide el cuerpo son mil entradas más.

Fuiste uno de los primeros en conocerlo. Aquel día me armé de valor, no estaba en casa, ni tan siquiera en mi ciudad. Hacía calor, mucho calor, y yo, ya sabes que cuando me tomo dos cervezas se vuelve la boca loca. Tú tiraste hábilmente del hilo, yo me dejé liar, y todo esto aderezado con tu labia envolvente, hizo que sin pensarlo dos veces, te mandara el enlace a estos pensamientos tan locamente personales. 

 Cuando te lo mandé tuve un ataque de vergüenza adolescente, quise que la tierra me tragara entera, hasta la propia sombra. Un sofocón de calor por todo el cuerpo, una mordida de uñas nerviosa, un tiempo de reflexión en tenso silencio y me silencié en tu llamada imaginando, pensando como estarías tapándote la boca con las manos para que yo, al otro lado, no escuchara la temida y explosiva carcajada.

Entré en el bar, agarré la caña y le di un soberano sorbo, uno de esos absurdos tragos que acaba provocando que la cerveza baje a la misma velocidad que sube el gas (de primero de física, lo sé). Los ojos enrojecidos y la gente con la que estás, pensando erróneamente que tu reacción  responde quizás a las lágrimas  reprimidas porque tu marido acaba de decirte que le ha comprado un gato al niño, él que juró amarte y escucharte hasta que la muerte os separara, pero que aún no se ha enterado de que su hijo es alérgico al pelo del animalito en cuestión, o cualquier cosa así, yo que sé. Sólo era el gas de la cerveza saliendo por los lacrimales, sólo eso...

!Ay, perdón querido, te he dejado con la palabra en la boca, es que se me están quemando las lentejas!. Sí, ya sé que cocinar lentejas a las once de la noche no es muy normal, me lo has dicho mil veces, pero es que no he tenido tiempo y mañana tengo fisioterapia, se me lía todo y si no, acabaré haciendo los macarrones con tomate de siempre. Además, sabes que ya no uso reloj, me da igual la hora que sea, ya no importa.

Por cierto, no te he contado que me he descargado un tutorial para hacer fotos de la luna, lo tenía desde hace unos días, hoy me he parado y lo he leído con detenimiento. Esto viene  a cuento porque se me han quemado un poco las lentejas, he abierto la ventana de la cocina y ahí en frente, como puesta para mí, estaba tu luna. He corrido hacia el salón y no te lo vas a creer, ni un tropezón, los dedos de los pies enteros, no me he caído, aún no me lo creo.

Me lío, bueno, total que he cogido el móvil, lo he configurado como decía el tutorial, he enfocado a la luna y me ha salido perfecta. A ver, hice todo lo que decía el manual que debía hacer: parámetros, oscuridad, fijar la imagen y de primera impresión, todo perfecto. Demasiado perfecto me parecía cuando vi que la luna estaba en cuarto creciente y la que fotografié era una luna llena. Te juro que a veces parece que los astros se conjuran contra mí, menuda sensación de torpeza, estoy empezando a pensar que últimamente hago demasiadas cosas absurdas en tiempo record. ¿No te parece?.

 !!!Qué mal, qué mal, no te lo vas a creer, menudo error!!!. Pues nada, que al darle al zoom me di cuenta del pequeño, minúsculo , inapreciable error para el ojo humano. ¿Te puedes creer que aquella luna llena tan perfecta, fotografiada con tanto esmero, no era más  que la imagen de una farola de la casa negra de enfrente, esa tan horrorosa, la que decías que tenía un punto tétrico?. Así como te lo digo, "un plagio de luna" por culpa de la vecina y su manía de encender las farolas en noches de luna llena. Total, que no ha podido ser hoy, qué  rabia, pero no te preocupes, mañana lo intentaré de nuevo aunque tenga que manipular su cuadro eléctrico.

Espera un momento, creo que tengo que cambiar las lentejas de tartera, siempre me pasa lo mismo, siempre se me pegan, que manía oye. Vuelvo ahora, espérame, eh.

Ya estoy aquí. Todo arreglado en la cocina, bueno, menos el desorden que dejan mis hijos. ¿Te acuerdas cuando te decía que ellos dos eran mis motivos y que mi vida, si no estaban a mi lado, no tenía sentido?. Pues siguen siendo mis motivos pero creo que fui un poco exagerada con la afirmación, o por lo menos no me hacen sentir en este momento tan necesitada, sobre todo cuando me apetece  hablar con alguno y me espeta un "mamá, no ves que estoy en medio de una partidaaaa". Cuando están enfermos, tienen miedo o necesitan algo, siempre me tienen, aunque esté cansada, rompiéndome la cabeza por mis problemas con la administración o pensando en qué pasará en un futuro cercano, siempre estoy ahí. Ellos no tienen la misma sensación de "falta de tiempo" que siento yo, la necesidad de que me miren y me sonrían , de que me abracen sin motivo alguno, de que hablen conmigo sin que medie un teléfono móvil con el tintineo de sus mil whatsapps que tienen que responder de forma urgente, como si la subsistencia de la humanidad dependiera de ese odioso ruidito. A veces pienso que no existe mucha diferencia entre que estén en casa o no, sólo veo dos sombras que cruzan hacia la cocina en busca de avituallamiento para volver de nuevo a "la gruta". Es inevitable mi enfado, entiéndeme, me hacen sentir que soy transparente para ellos, entonces me sale la vena de divorciada y les propongo que se vayan a casa de su padre, pero la comodidad les puede, aún a consta de ver mi agotamiento físico y moral cada día que pasa. "Son todos iguales" me dicen los padres de sus amigos, pero esa frase tan manida ya no me sirve, no son todos iguales, cada uno es lo que aprende y mama, y yo no les he enseñado a ser así, yo he dedicado toda mi vida a ellos, a los otros y hasta a los que no eran míos, ...,  pero ésta es una historia que no voy a repetir, es demasiado rancia...

Es muy tarde, pero antes de acostarme quiero que sepas de mi consciencia absoluta de que ya no estás aquí, sé que estoy "hablándote" desde el pensamiento y el recuerdo, que seguiré haciéndolo siempre (sigues siendo mi Pepito Grillo), y no porque aún esté metida en un duelo crónico (como piensa alguno que yo me sé), sino porque necesito que sigas "cubriendo" esa parte de mí a la que llamabas "imposible de alcanzar". Fíjate, que tarde te lo permití.

 No te alejes demasiado, que sean los futuros fallos en mi memoria los que te diluyan de mis recuerdos en el tiempo.

Que sepas que las lentejas me han salido buenísimas.

Buena noche, cielo.


martes, 27 de junio de 2023

MÍA

 "La gente buena no se entierra, se siembra", me encanta esta estrofa, es de un músico que me chifla. Me la quedo, con su permiso.

Ella los miraba mordiéndose el labio superior, eran preguntas repetidas, deshilvanadas, cada una de su madre, difíciles de contestar una a una y demasiado espesas para hacerlo de golpe. Pero les estaba escuchando, seguramente con la mente en otra parte, dejando que se mezclaran las preguntas con algún pensamiento fugaz, o quizás intentado recordar el título del libro que aún tenía sin leer. 

Y los dejaba hablar:

"¿Por qué siempre tienes una sonrisa en los labios?. Esa ironía, no es tan sana como haces creer. ¿Cómo puedes mezclar el llanto con la risa?. ¿Pero tú eres consciente de todo lo que te ha pasado?. Vamos a tomar una cerveza. ¿Por qué no hablas de él?. Llevas unos cuantos años de mierda, amiga. ¿Cómo haces para mantenerte en pie?. Es que eres valiente, ojalá yo tuviera la mitad de tu fuerza. Estás muy delgada. ¿Cómo vas a hacerlo más adelante, estás loca?. Tienes que ir a la peluquería. ¿Qué es lo qué siempre te empuja a seguir?. Me agotan tus fuerzas. ¿Cuándo vas a volver?. ¿Pero no te sientes sola?. Bueno, tú y tu soledad buscada. ¿Tienes miedo?. No quiero hacerte daño. !!No puedo creer que te hayas atrevido a hacer eso!!. ¿Qué te has ido de fin de semana así, a las bravas, sin contármelo?. Mi amiga me mandó un whatsapp para decirme que su tumor no ha crecido, !!pero  cómo no voy a querer abrazarla!!. Eres muy especial, sensibilidad y carisma. Formas parte de él, "ese es tu lugar". Sabes hijo, nos quedaremos con tu sueño. Aunque estaba callada, en su mente había un batiburrillo de voces. Los dos compartíamos nuestros mares revueltos. No volví a saber de ella, yo también la echo de menos. Eres un ser de luz".

Erase una vez que se era, no, así comienzan los cuentos y ésta es una historia real. Ella era un ser que nació en un supuesto mundo fácil, lleno de colores, de risas y silencios cómplices, tres hermanos que sólo coincidían en los genes, de padre poco activo y de una madre superada por la vida. Ella era el ser de esta historia, recordaba detalles de hace "for a long long time", y su sonrisa, era una fina capa que le protegía de los fantasmas más temidos. 

Aprendió a hablar mucho y a callar más. Eso le proporcionaba el tiempo suficiente para pensar respuestas absurdas que ocupaban los huecos que no quería rellenar de palabras sentidas, agujeros que eran sólo suyos, y en su contenido, algo de ironía  y mucho más de todo ...

Tal mezcla de sentimientos y tan desordenados, que la risa le hacía llorar y el llanto lo remataba con una sonada carcajada, si la necesitaba, y vaya si la necesitaba ...

Siempre consciente de todo aquello que  había pasado, no le gustaba hablar de ello, por eso sabía manejar las palabras a su antojo. Prefería mantenerse en el hoy, dejando el ayer para otros momentos , para si misma. Era como aquella vitrina llena de cosas heredadas de la que no fue capaz de deshacerse, nunca fue de "tirar recuerdos", odiaba hacerlo, cosa  que le resultaba "tannnn familiar"...

No hablaba de él, o si lo hacía, era de una forma casi imperceptible para todos, menos para ella misma. Su vida, la de ambos, eran muy suyas, no necesitaban demostrarle al mundo "sus sentires", se llegaban los dos solos para serlo todo, había un feedback perfecto entre ambos, una intimidad impenetrable, o quizás eso creía ella, pero eso ya nunca lo sabremos. Y aunque apenas se notaba, todos los días hablaban de mil recuerdos ,y así siguieron haciéndolo incluso cuando él se fue para ya no volver, porque en cierta forma, nunca desapareció ese hilo transparente que los mantenía unidos, incluso tras su muerte. A veces "se miraban", sentados cada uno en una  esquina del sofá y se sonreían con la complicidad que tanta vida le daba a ella ...

Aprendió a caminar sola por todos los caminos, senderos y montañas. Era muy torpe, tropezaba, caía, se levantaba y así en más de cien ocasiones, pero en cada una de ellas, lo hacía con más ansia y más rabiosa. Creo que eso le daba más fuerza para seguir el camino. Es cierto que llegaba llena de heridas, daños y rabias, pero continuaba, nunca entendí por qué lo hacía...

Y la pregunta no era por qué, sino por quién. En realidad, no sé si lo hacía por ella ...

"Luchas contra molinos de viento, eres cómo Don Quijote", no hacía más que repetirle, una y otra vez. "No vas a poder con todo, acabarás con tu salud y tu vida, no sigas haciéndote daño". Un eco chirriante tremendamente molesto hacia su tocada paciencia. No eran buenos momentos, se acercaba peligrosamente la fecha nunca deseada, la del último día en la vida de él y el primero de la triste vida de ella...

Y el que la reprendía, no se daba cuenta de que no era ella el objetivo  de sus críticas. Él era la debilidad, el derrotismo no reconocido, el Sancho de la obra dónde, sin permiso, quiso hacer que ella fuese el personaje. Se retorcía con cada frase como una posesa, se enojaba, pero siempre sacaba de no sé dónde, la suficiente fuerza para ignorar las palabras hirientes y seguir luchando por sus verdades y certezas, defendiendo su realidad, que no era una ilusión como creía su amigo.

Ella era pura lucha y cabezonería, con un carácter modelado por lo injusto y por un incansable deseo de volver a "nacer" para escapar de un pasado doliente y colocar de una vez por todas las piezas del puzzle de su vida en la posición correcta. Así era ella, siempre apasionada y por momentosp loca. Pero una loca sensata.

Pronto pasó el día, un descenso por el tobogán casi vertical de los recuerdos, una llegada al final del día agotada, con la suficiente fuerza aún para cortar una gardenia, ponerla en la mesita en su esquina del sofá y guiñarle el ojo al que siempre se "quedaría con ella". Y así fue.

Buena noche.


miércoles, 8 de marzo de 2023

ABRAZOS

Los abrazos sostenidos, aquellos que por momentos te vacían todo el aire del interior, los que juntan cuerpos con una descarada indecencia, aquellos que cierran los labios pero hablan por si solos. Soy muy de abrazar, sobre todo a la gente que me los saca de dentro, quizás cuando necesito decirle "pensé que me moría", "quizás no vuelva a tener otra oportunidad para dártelo", "quizás me importas más de lo que te hice creer". Pues bien, cuando existe un "aprecio mutuo unilateral" y se ponen excusas año tras año, de esas que parecen  una regurgitación, por sentido común acabo por tirar la toalla,y quizás tenga razón y no valga la pena insistir. Imagino que para esas personas se inventaron los tanatorios, para ese tipo de abrazo, mejor los cumplidos allí y no en mí. 

Hace un tiempo, en una reunión de  personas dispares, coincidimos cinco de ellas en una sobremesa en la que yo era la única desemparejada. Eso no influyó para que la comida fuera muy agradable, de charlas cruzadas, de sonrisas silenciosas y quizás de muecas que lo decían todo. Y llegaron las bebidas espirituosas, esas que potencian los sentimientos hasta una sinceridad larga en desvergüenza y rica en contenido, esa que hace que las palabras calen como la lluvia, revuelvan sentimientos e incluso hagan volar cuchillos cortantes e injustos.

Empezó él, no se encontraba bien, tenía la sensación de que lo preparado con tanta dedicación no estaba perfecto, o quizás realmente lo pensaba y necesitaba la aprobación con unos "aplausos vocalizados", no lo sé. Poco después de forma  sorpresiva se desmoronó, sus lágrimas caían al mantel como granizos, no pude evitar intentar borrarlas de su cara con mis manos. Tiempo de calma hasta que empezó a sonar una música nada acorde con la situación, demasiado intencionada, que provocó  que otro comensal comenzara un nuevo llanto, también lleno de emoción poco contenida desde el principio y liberada por desbordamiento más tarde. Nunca le había visto llorar y lo conozco de toda la vida, cosa que provocó en mí una amigable ternura. Fue una reacción en cadena, mis ojos se llenaron de lágrimas, de esas que quieres devolver al interior de los ojos para que no broten y evitar así que se hagan públicas. No lo conseguí, tiré de las palmas de mis manos para secar lo inevitable. 

La conversación que siguió al momento fue perdiendo luz y ganando sombra, estaba cargada de muchos sentimientos distintos en un orden caótico; empezamos hablando de la falta de fe, de por qué no, de un " porque no me da la gana", de un "no sabes lo que dices", de un "sé lo que digo porque yo lo he vivido", de "tienes que creer en algo más que en las personas", de un "no intentes convencerme", de una pérdida de lógica en su argumento, de un agotamiento emocional, de un seguir golpeando dónde me estaba haciendo daño, de un no creo porque lo que le ha pasado "al mío" me ha parecido muy injusto,..., hasta que tuvo una reacción de lo más estúpida al darse cuenta de que su perorata no conseguiría convencerme, pero siendo consciente de la dirección de los cuchillos que estaba lanzando y de cómo me los clavaba con indiferencia. Entonces se levantó de la silla con desaire, la apartó a un lado y se puso a bailar sevillanas, como si allí no hubiera pasado nada, como si la ofensa "al mío", "al que ya la tierra le es leve", mereciera el estúpido taconeo y un airoso movimiento de brazos. Me contuve por un momento, "lo juro por el supremo al que ella defendía", pero no lo pude evitar, y de manera silenciosa y sin modificar la expresión de mi cara, sólo utilizando mi mente, dibujé un adjetivo para ella, y ahí lo dejé flotando mientras intentaba no volver a ahogarme en  lágrimas.

Acabó la jornada, me levanté, despedí al emocionado amigo que había generado en mí una ternura infinita, me acerqué para darle dos besos heridos cuando de pronto, él decidió cambiarlos por un abrazo, de esos fuertes y contenidos, de los que cuesta separarse. Mientras, susurró en mi oído algo que me hizo cerrar los ojos mientras en voz baja me dijo: "sí existe un cielo, cosa en la que creo firmemente, estoy seguro de que TU ÉL está allí". Entonces se separó, me besó la mejilla y se fue. Y allí me quedé yo, tragando lágrimas y entregándome al último sorbo de la copa de vino.

Esta semana he recibido varios abrazos, de todo tipo, de varias intensidades y cada uno de ellos, transmitiendo sentimientos distintos. Todos me han gustado, pero el que nunca olvidaré mientras viva, es el que me dio MI ÉL el último día que nos vimos. Me acompañó hasta el coche, me envolvió en sus brazos con la misma ternura de siempre y escuché su te amo, el último te amo que dejo resonando en mi cabeza una y otra vez. Ese abrazo y su música, para siempre. 

Ahora sigue taconeando todo lo que quieras morena, pero sobre los tuyos, a los MÍOS ni tocarlos.

Buena noche.