martes, 20 de diciembre de 2016

VICTIMA 48

Se llamaba Ana,...una mujer nacida libre, conviviente en un país que presume de ser democrático y seguro, con unas leyes de protección de la mujer frente a la violencia de género supuestamente efectivas. Ana estaba ilusionada con su cena de Navidad, la imagino eligiendo el modelo para esa noche, la sombra de ojos, la barra de labios. Se habrá mirado en el espejo y se encontraría bella. Mal sabía la pobre que se estaba arreglando para que la hiena de su vida le robara lo más preciado unas horas después. Seguro que Ana estaba llena de ilusiones, algún regalo de navidad guardado en su armario, en sólo una semana estaría sentada en una bonita mesa adornada de navidad, ya habría hablado con los suyos para organizar estas fechas..., pero ella no pudo elegir, sólo entró en el portal mientras su lobo feroz la esperaba pacientemente para demostrarle que a él no se le dejaba, que ella no era tan libre como creía, que tenía derecho a matar por un amor enfermizo. Ana decidió dejar aquella relación de gritos y vejaciones, quiso volver a sus abrazos de antes, con la persona a la que quería y al que ella consideraba su amor. El lobo feroz no lo quiso así, "si no eres mía Caperucita, no serás de nadie", así modificó el cuento, a su antojo, de la misma forma que hizo con su vida. Un cuchillo y mucha ira acabaron con la vida de Ana, vestida para la fiesta, sola, en un frío portal, a unos pasos de su cálido hogar. Y su lobo se dió media vuelta y se fue, dejándola en el suelo, al supuesto amor de su vida, ese malnacido que se creyó con el derecho a decidir sobre la vida y la muerte de la mujer que no le quería, y allí la dejó, seguramente pasando por su cabeza la película de esa noche en la que bailó, felicitó y abrazó. Ojalá esos fueran sus últimos pensamientos, los de la noche de su fiesta, de su noche felíz. Ana ha muerto asesinada por una hiena cruel, le arrebató la vida un criminal enfermo de amor propio, no sólo acabó con ella, borró de un plumazo ilusiones, futuro, familia, sentimientos, olores, recuerdos, abrazos..., maldito cobarde. No sólo se llamaba Ana, 48 personas han sido asesinadas este año al grito de "eres mía", demasiadas vidas perdidas, ni una justificada porque el asesinato por amor es contranatura, es lo imposible. Hoy escribo nombrando a Ana, pero lo hago por cada víctima, por cada noche de terror, por cada insulto, por cada lágrima de una mujer valiente en manos de un maldito cobarde. No os calléis, usad vuestra voz para pararlos. Es mejor que tengáis miedo y podamos ayudaros, a que os  calléis y morir en silencio.
Hoy no es buena noche, no, no la es.

domingo, 18 de diciembre de 2016

NO TENGO TIEMPO

Esta mañana leía en el facebook de mi vida, un recuerdo de hace un año, un escrito hecho desde el dolor, la rabia y la impotencia. Sabes, ese tipo de recuerdos que puedes volver a compartir en tu página años después. Leí el texto, lo leí, lo releí y sentí pena, pena por lo que había vivido mi hijo, por lo que habíamos sentido todos, por la tristeza que revolvía mi alma un año después, y tomé una firme decisión: no tengo tiempo.
Casi llegando ya a los 50, he pasado el ecuador de mi vida, he pasado momentos realmente duros, desesperantes, amargos, pero también he disfrutado de otros llenos de vida. Lo he pensado fríamente, lo he recapacitado y he decidido que el tiempo que me quede intentaré que sea un tiempo felíz. Seguramente la vida aún me tiene guardada alguna perrería, esas cosas no son controlables, pero la otra parte, la que yo decido será lo mejor que pueda ser. Quiero ver a mis hijos crecer rodeados de risas y abrazos mágicos, con despertares a su lado, "te quieros" a diario y caricias espectaculares. Quiero tomar unos vinos con mis amigos, con los de verdad, esos que saben quitarte la sonrisa en un día gris, los que saben de qué hilo hay que tirar para sacar lo mejor de cada uno, sin olvidar nuestra particular forma de ser, los que saben que siempre estás con ellos para lo bueno y lo no tan bueno. Quiero trabajar sintiéndome necesaria para mis pacientes, calmar las ansiedades que les produce la enfermedad, tocar sus manos cuando las retuercen en un pañuelo, levantar sus miradas cuando se sientan agotados, y que noten mi compañía en sus pesares.
Quiero que mi familia sepa que yo también soy de carne y hueso, con defectos, muchos y seguramente cometedora de grandes errores, pero con un buen fondo, donde pueden acudir cuando sientan pena, pero también para la risa, los recuerdos y para pasar un cálido momento.
Quiero caminar por la calle mirando al frente, tropezando como siempre, con mi despiste tan habitual, mirando el cielo y los edificios, esos que cada vez me parecen distintos, y correr hacia el muelle cuando vea que el cielo comienza a ponerse rojizo, como si de una carrera al tiempo se tratara.
Quiero desayunar mirando por mi ventana, esa que cada día me da un nuevo espectáculo distinto en cada amanecer, tomándome mi tiempo, parando el reloj de la vida durante un espacio para disfrutar de mi momento.
Quiero escuchar música, como sea, me da igual, en directo, en mi mp, en la radio, en mi cabeza. Quiero bailar en pijama por la casa cuando nadie me ve, inventarme las letras, chapurreando un inglés imposible, reírme cuando me paro delante de un espejo para dedicar el concierto a la persona más insospechada. Me da vida, no concibo un día sin el baile incordiando, sin mi música...
Quiero playa en invierno, mis paseos a solas, recogiendo pensamientos de la arena, buscando mi propio colgante, o tu regalo de cumpleaños, mientras veo como otro día se va, lento pero cálido, como llega la noche, mi noche...
Quiero tumbarme en el sillón y taparme con la manta hasta la nariz, recolocar mi todo en ese espacio reconfortante, y ver películas domingueras, una tras otra comiendo regalices hasta que el sueño acabe con el día.
Quiero mirar mi pared llena de las fotografías de los míos, de los que están y de los que ya no, no físicamente, pero sí en mi pared, en mi alma. Quiero recordar momentos con ellos, situaciones que producen escalofríos, sentimientos de los que no hay caducidad y que se mantienen inalterables a lo largo de los años. Quiero apoyar mi mano allí, como si de aquella pared saliera el calor de sus recuerdos. Lo quiero y te quiero.
Quiero comer lo que me gusta, sin cuestionarme si debo o no debo, si me hará engordar o adelgazar, sólo hacerlo por el gusto que da saltarte las normas, como cuando de pequeño conseguías engañar a tus padres y salías vencedor con la boca llena hasta el ahogo de leche condensada. Es un milagro que hayamos sobrevivido a eso ...
Quiero ir a aquella clase que tantas veces retrasé por entregar el tiempo a los demás, ponerme aquel jersey viejo prohibitivo por normas ridículas de elegancia, salir a la calle con zapatillas de tenis aunque llueva, ponerme aquellos pendientes de araña que asustan a medio mundo y subirme los calcetines hasta las rodillas porque tengo frío.
Quiero reírme hasta llorar, esa risa que tanto sorprende a la gente y que confunden con pena. Quiero mirarte a los ojos, hasta leer en ellos tu interior, hasta sentir lo que te duele y lo que te alivia, así, sin palabras, en silencio.
Quiero tantas cosas, quiero hacer tanto, que a veces creo que ni tiempo tengo ...
Buena noche.

sábado, 17 de diciembre de 2016

VEN A MI CASA EN NOCHEBUENA

Otra vez la navidad, otra vez a vueltas con las buenas intenciones, con el "¿a dónde irás a cenar?, vente a mi casa, que donde cenan quince, cenan doscientos". Otra vez a desear que los pastorcillos lleguen al río lo antes posible para que los puñeteros peces no se beban todo el agua y se ahoguen, a comprar regalos de forma robótica antes de que llegue el 24, día en el que si no haces un regalo te caerá el sanbenito de ser la "cutrefamiliar" del año, otra vez a cocinar toda una tarde para la familia, mientras tragas como un pavo un martini tras otro, te da la llorera de todos los años y contestas a los mil y un whatsapp que recibes, dónde siempre hay unos cuantos a los que tienes que contestar: "mira, no sé quien eres, no te tengo identificado en mi agenda, y además estoy bebiendo martini, cocinando y llorando, pero a pesar de no saber quién eres, te deseo que seas muy felíz y que disfrutes de la navidad con tu familia. ¿Por qué tienes familia, no?. ¿Eres feliz?.¿Estás sólo?. ¿Quieres venir a cenar a mi casa?, porque donde cenan quince cenan doscientos... uno".
El menú de la gran cena, esa es otra. Hay platos que repito año tras año a petición de los comensales. El salmón marinado, una delicia, cuando te lo ponen en un plato delante, claro. Para mí supone ir al supermercado y encargar medio salmón de esos que pesan ocho kilos, explicarle a la pescadera que lo quieres sin espina abierto como un libro, aguantar como te mira de reojo como diciendo: "mira nenita, me vas a enseñar a mi a limpiar un salmón para marinar?". Y va la tía, y después de hacerme sentir como una idiota, te parte el salmón en dos lomos y se queda tan ancha, en fin. Lo marinas durante 24 horas, lo limpias y lo cortas en finas lonchas. Y ya, al 24, lo sirves en un plato delante de los comensales y te quedas esperando con las manos delante de tu nariz, la opinión. Siempre es buena, siempre tardo días en quitarme eso olor a salmón de mis manos, maldita sea...
Las zamburiñas a la plancha, no es por lo que tardas en hacerlas, es por el coñazo de estar abriendo zamburiña tras zamburiña, con esas conchas que son como cuchillas, que te dejan las manos como si hubieras saludado a Eduardo Manostijeras. Con las manos destrozadas, y con tres platos pendientes por preparar, tengo que tratarme las heridas porque soy enfermera y sé de curas: lavo mis manos con agua templada y jabón, me enrosco dos paños en las manos y mientras espero que cese la hemorragia, anestesio el dolor con otro martini.
A estas alturas, los camarones que he sacado del arcón congelador, están saltando en el cuenco. ¿Pero qué digo, si están congelados?. Me importa un bledo, si Disney se congeló para volver a la vida, por qué mis camarones no pueden hacerlo si quieren los pobres..., voy a beber un poco de agua, sí, será mejor...
Mientras, las almejas que he dejado lavándose en la bañera, se han dedicado a echar chorros a diestro y siniestro, como si tuvieran la obligación de beberse todo el agua. Las miro con cara de enfado, las miro, las mir..., para qué coño las miro, si no tienen ojos, ni boca, y a ellas les importa un bledo mi cara de enfado, si no tienen cerebro, me ignoran...a veces me enfado más y como venganza echo una avellana en el agua y miro como se pillan la lengua con sus conchas. Me río como una bruja por la maldad de mi acto en esta noche de paz..., a estas alturas ni me acuerdo de por qué estoy cocinando...
¿Y cómo se hacen las almejas?. Pues a la marinera, con cebollita bien partida. Yo no sé que les pasa a las cebollas en navidad, pero sólo con mirarlas me hecho a llorar. Ahora es cuando tengo que ponerme el traje NBQ para pelar las cebollas: mandil plastificado, guantes, gafas de bucear con nariz de plástico y mucha paciencia. Lo sé, lo sé, soy muy exagerada, pero os juro que aún vestida de esa forma mis ojos se irritan y lloro hasta que las lágrimas alcanzan un cierto nivel en las gafas, en el que tengo que parar.
Una vez que todos los platos se están cocinado, que mis manos apestan a salmón, que mis ojos están llenos de churretes de rimel por los llantos, que mis muslos están llenos de moratones debido a los golpes con los tiradores de la cocina, que mi cabeza no encuentra la estabilidad óptima, y que he mantenido una conversación con las almejas como si fueran mis mejores amigas, llega la familia. Llaman  a la puerta y  los recibo con una enorme y cálida sonrisa, "Feliz Navidad, por qué estamos en navidad, no????". Del resto, ya os contaré.
Buena tarde.

domingo, 16 de octubre de 2016

CASI MIS CINCUENTA

Casi cincuenta años, medio siglo, esa edad en la que te califican de señora, ya eres una madura, edad en la que se supone que ya por fin has recuperado tu tiempo y en la que se supone que ha llegado la hora en la que disfrutarás de todo lo que tanto has deseado. !!Una leche!!. Aquí estoy yo a unos meses de llegar a esas edad que no marca, sino más el hartazgo acentuado de una vida en la que no te permiten cambiar. Ayer alguien me dijo: "Oye, para tu fiesta de cumpleaños sorpresa, quién quieres que venga, tus amigos o tu familia?". Juro que me quedé sin palabras por unos segundos, luego pensé mi respuesta y me la tragué, como he hecho mil y una vez. Paso, no quiero una fiesta, ni sorpresa, ni organizándola yo, como siempre. Quiero largarme a un hotel de cinco estrellas, alojarme en una suite, que me den un masaje desestresante, cenar dos quilos de camarones, beber un buen ribera y estar SOLA.
Si revuelvo la memoria, me acuerdo cuando quería estudiar inglés, ir a clase de manualidades, clase de canto, guitarra, ir a un gimnasio, estudiar, diseñar abalorios, dar clase,..., siempre me convencía de que pronto lo haría, sólo tenían que crecer un poco mis hijos y ganaría ese tiempo. Tengo casi cincuenta y ni inglés, ni manualidades, ni canto, ni..., nada de nada. Ser la única mujer en una casa de "machos" es lo más aburrido, frustrante, aislante y exasperante que hay para una mujer. Todos dan por supuesto que la casa es tuya, no el mejor sillón, ni la mejor porción de comida, ni los mejores momentos, no, eso no, la casa física con su limpieza, su orden, su avituallamiento y todo lo que implica cuidado de su continente, donde por supuesto, tú no ocupas un lugar destacado, o ni siquiera ocupas un lugar.
Tengo casi cincuenta años y lo único que quiero es ser una persona individual, con una vida va propia, con ilusiones, con sueños, con dignidad, CON TIEMPO. Ahora muchos estaréis pensando "coño, qué egoista", sinceramente, me importa un bledo. Con casi cincuenta reivindico lo que os he entregado de forma altruista y fantástica a todos vosotros, y enfermiza para mí. Ya no recuerdo cuando fue la última vez que pensé en mí, que me cuidé, que respiré sin pensar antes en vosotros, que hice lo que realmente me daba la gana, que hablé sin enfadarme, que salí de compras exclusivamente conmigoisma, que cociné el plato que realmente me apetecía, que elegí libremente un viaje, que disfruté de "mis vacaciones", que me regalé un fin de semana, que me he dedicado una tarde a mi cuerpo, que he dormido de un tirón....Ya no lo recuerdo...
Pues ahora, casi con cincuenta voy a hacer temblar vuestros pilares, esos que habéis ido afianzando desde hace años a base de cementar mis ilusiones. Y esto no significa que no os quiera, que sí, que lo hago con toda la intensidad posible, pero eso no justifica que me ahogue en vuestro cariño. Así que empezad a despertar de vuestro jardín de las delicias, desperezaros de una puñetera vez porque "mamá" va a empezar a vivir lo que le quede de vida con la misma intensidad que tenía que haberlo hecho hace ya muchos años. Y no, no me he vuelto loca, sólo voy a recuperar lo que la vida me debe por derecho.
Una cosa más: esto me lo he prometido, y lo que prometo lo cumplo. Dicho queda. Buena noche.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

TÓPICOS TÍPICOS

Tenía que comprarles ropa, crecen demasiado rápido y allí nos fuimos. Que conste, antes de seguir contando mi experiencia, que odio las tiendas de deporte, pero esta me divierte especialmente. Pues bien, allí nos sumergimos. Reconozco que tengo la manía "cuasi enfermiza" de buscar mentirosos en las tiendas de deportes. Es sorprendente las contradicciones que te puedes encontrar. ¿Cómo puede ser posible que la mayor concentración de personas oliendo a sobaquillo se encuentre en la zona de natación?. Juraría sobre mi propia tumba que los que se prueban las gafas de mosca, las pinzas nasales, las aletas de competición, los bañadores "compresores"... , no han tenido contacto con el agua en las últimas décadas, y que tampoco saben nadar, no sé, que no me cuadra agua y sobaquillo apestoso.
¿Alguien me puede decir por qué SIEMPRE, en este tipo de tiendas, te encuentras a niños y padres vestidos con equipaciones de fútbol?. Te dan ganas de cogerlos de los hombros, agitarlos y gritarles : "!Pero que haces, descerebrado, ¿quieres que piense que vienes de hacer deporte?, ¿no te das cuenta de que no hueles a sudor?. !!!Vete a la sección de natación y aprende, por diosssss!!!!".
Alta montaña, sección donde las criaturas de las señoras que van a la tienda con zapatos de tacón (debe ser por lo de la altura), se dedican a desenroscar las cuerdas que aseguran nuestras vidas a los arneses en las escaladas, y dónde los muy ¿inocentes? deshilachan sus extremos con el fin de ... , me voy a callar, no voy a llamarlos pequeños asesinos...
Sección de atletismo, ingenua de mí siempre busco el atlético comprador que de forma casi lasciva sobetéa las zapatillas con las que va a sudar su cuerpo musculado... !!!Alto!!!, aquí están los grandes mentirosos, aquí los cazas a casi todos. Los ves de espalda, cuerpos 100-100-100 embutidos en una camiseta blanca, larga, hasta la cadera, colgando por encima de un pantalón de chándal azul brillante y calzado con aquellos zapatos marrones de cordón que le son tan cómodos pero que ya no tienen forma. Siempre tengo la necesidad de ver la parte  delantera de dichos cuerpos y giro a su alrededor como un eje: sin afeitar (es fin de semana, para qué), palillo amarillo en la comisura de la boca, embarazo de 9 meses sin fecha de parto previsto, calcetín color vainilla de fibra, de esos que van soltando chispas en cada roce con los zapatos...
 !!!Mataría por un Usain Bolt, pero mataría!!!.
Seguimos hasta la sección de tenis, los complementos al alcance de todos: raquetas de mil precios, equipaciones, zapatillas... y por qué habiendo tanto que mirar se dedican a probar los calcetines (con un calcetín grapado al otro, nunca deja de impresionarme), abrir los tubos de pelotas para comprobar como botan, ponerse las muñequeras y comprobar como absorben las gotas de sudor, con suerte de sus frentes... en fin.
Y por último, la sección donde se me ponen los pelos como escarpias essss... la de aparatos de gimnasia en casa: cintas para caminar, banco de abdominales, pedaleador, tensores... todos con un gran cartel en el que reza la leyenda de : "por favor, no subirse" y en la que todos, todos, todos se suben de forma sistemática. Reconozco que me gusta acercarme a esta gente sólo por escuchar en que idioma hablan, por que tienen que ser extranjeros, no entienden lo que hay escrito en esa enorme nota. Pues después de un estudio retrospectivo he llegado a la conclusión de que "todos son terruños", hablan perfectamente el idioma oficial, no sé, debe ser un problema de iluminación...
Reconozco mi alivio cuando llego a la línea de cajas y la cajera acumula mi compra en una montaña casi insostenible y me pregunta: ¿le pongo una bolsa?. No bonita, trabajo en un circo, soy acróbata, me gusta llevar la compra entre mis brazos y mis pies.
Buena noche.

sábado, 9 de julio de 2016

ESPECIALIDADES MEDICAS

No hay personas que mientan más que los médicos, y no me refiero a que lo hagan con sus diagnósticos, pero sí es cierto que mienten de forma descarada con lo poco molestas que son las pruebas a las que nos someten. Vamos a ver, te vas al Otorrino, ese hombre que explora todos y cada uno de los orificios que tiene tu cabeza. Te recibe con una lámpara de minero colocada en su frente, eso ya da mucho que pensar. Te dice que abras la boca y te mete un palo de madera hasta el mismísimo esófago, que te provoca un reflujo ácido que hace que voluntariamente cierres el esfínter estomacal para no vomitarle allí hasta la primera papilla. Y todo para decirte que la garganta la tienes bien. Coño, pero si no me dolía y ahora la tengo en carne viva por el ácido. Después la trompetita del oído. No duele, tranquilo, y te engancha la oreja y te la sube y te la baja como si fuese independiente al resto de tu cuerpo, te provoca más dolor que tus amigos en el día de tu cumpleaños, y todo para decirte que tienes cera. ¿Coño, que esperabas encontrarte ahí dentro, una perla?. Y por último, las fosas nasales, esas que creen que se pueden estirar hasta el infinito cuando te meten ese material de tortura llamado rinoscopio. Y todo esto con la luz de minero cegándote los ojos durante 15 minutos, rozando la quemadura corneal. Y de ahí te vas al Oftalmólogo, que te echará unas gotitas, sólo un par en cada uno de los ojos, que pican como si te hubiesen untado dos cayenas. Cuando cede el picor, empieza la ceguera. Primero no ves los dedos de tu mano, después no distingues tu codo del codo del paciente vecino, para al final no ver ni las paredes del espacio en dónde esperas pacientemente a quedarte ciego. Y llegada esa situación te avisan para que pases a la consulta 4, te levantas, miras a tu alrededor buscando el perro que te guíe hasta ese salvador espacio, palpas las paredes, tropiezas con el resto de los ciegos de la sala de espera hasta que te das un cabezazo contra una puerta, que se abre tras el empujón y divisas allá a lo lejos el que parece ser el oculista que confirmará tu "invidencia". Te sentará en una silla, que al tacto parece una silla eléctrica, y te calzará en la punta de la nariz unas gafas de 20 kilos, que ajusta hasta que entras en apnea, y así, ciego, anóxico, con cara de panoli, te pone unos cristalitos y te pregunta si ves mejor o peor con cada uno de ellos. Juro por mis huesos que nunca sé que contestar, !!!pero si me has dejado ciega con esas gotas y mi cerebro no recibe ni una triste pompa de oxígeno, coño!!!
Llega el momento del dentista, con estos hay que tener cuidado. Te reciben y te saludan con una sonrisa enseñándote sus dientes perfectos parado demostrarte que serán capaces de ponerte la boca como un collar de perlas. Te tumban en un sillón que parece cómodo, pero realmente adoptas la postura de gamba congelada: sólo apoyas la cabeza y los pies, el resto del cuerpo lo dejas en el aire, por si acaso hay que irse. Con voz dulce te dicen que abras la boca. Te meten un abrebocas, un aspirador de mofletes, unos algodones entre las encías y los dientes, un espejo, un instrumento acabado en punta que rodea tus encías, un poco de aire con agua para irrigar y cuando piensas que ya no puedes tener más aparatos metidos en tu boca, tienes el aspirador arrancando parte de tus mucosas, el agua se te cuela hacia la garganta y estás a punto morir ahogado, va y te pregunta, como si nada, que qué tal en el trabajo. Todos, indefectiblemente te hacen la misma pregunta, se lo enseñan en la facultad en la asignatura de Tortura. Cuantos pacientes habrán muerto ahogados al contestar a esa pregunta... Y si sobrevives, te clavará una aguja en la encía. No puedo evitar el pensar que se le romperá la aguja y tendré metralla metálica para el resto de la vida en mi interior. Y lo peor, pitaré en todos los aeropuertos,supermercados y "chinos" del país. Y para cuando acabe su trabajo, tendrás el labio y la lengua dormida, y te durará tres horas ese efecto, se te caerá la baba y parecerá que en vez de venir del dentista, vienes de "cocerte a copas".
Vayamos al ginecólogo, indescriptible. Pase detrás del biombo, quítese la ropa y túmbese en la camilla. Pero vamos a ver, para que coño tienes el biombo si en un minuto voy a estar como he llegado a este mundo delante de un desconocido que te mirará por el resto de los agujeros que no ha examinado el Otorrino. Pon una pierna aquí, la otra allá, relájate... ¿Este tío pretende que me relaje en serio cuando estoy espatarrada a diez centímetros de su cara, le enseño hasta el carnét de identidad y tiene todo tipo de artilugios en esa mesa de al lado?. Ciertamente creo que el Otorrino y el Ginecólogo son primos hermanos.
Y aún queda el Cirujano. Los más sádicos entre los sádicos. El único orificio que te queda sin examinar es suyo, "su tesooooro". Si te duele el abdomen, si tienes problemas con tus evacuaciones, si te duele la zona lumbar, si sufres de hemorroides, pase lo que te pase, es casi imposible salir de su consulta sin el temido "supertacto rectal". Los Cirujanos tienen una característica anatómica muy importante y temida: tocan todos el piano, de ahí que sus dedos midan el doble que los de una persona normal. Te harán un tacto rectal que te llegará hasta las amígdalas, de ahí la mala relación entre los Cirujanos y los Otorrinos.
Podría seguir, pero quiero que esta noche durmais tranquilos. Buena noche, si podéis.

lunes, 4 de julio de 2016

MIL PALABRAS

Había sido un día complicado... no había luna llena, no podía verla...el silencio a veces duele...la soberbia acaba matándolo todo... mis hijos son mis motivos para siempre... cuando necesitaba un apoyo, ni ellos supieron ponerse de acuerdo... el invierno fue cálido, aunque siempre temblabas... te prometí una rosa y allí estaba yo, no ella, la llorona... los niños y los borrachos no mienten... me acusaron de querer hacerle daño... ella siempre ha sido así, hasta cuando nuestras camas eran gemelas... la echo de menos todos los días, era mi madre... que lejos queda la plaza de las aspas y cuanto dejas que se aleje... volver a mi trabajo me dará vida... aquel coche me separó de ella, se la llevo para siempre, maldito día... el color de sus ojos cambiaba según la luz, eso me decía... un día me regaló la luna, después se fue... he aprendido a como no quiero ser... estaré hoy, no para el día siguiente... él le ha dado una lección a todos los dioses de blanco... necesitaba volver a ser el primogénito, no por el orden, por ser simplemente él, mi niño... cada día intenta salvar a Martita, su chica, y eso me emociona... el sillón les cura las penas y los dolores... me gusta nuestra complicidad, los tres luchadores... necesito tiempo, aún no están preparados... tenía los labios perfectamente perfilados, se reía cuando se lo decía, era verdad... lo mejor, hablarle en carne... un paseo de madera que hace temblar... aquella complicidad en los sueños callados... despertares tempranos que buscan a su madre... navidades llenas de faltas insoportablemente queridas... notas de agradecimiento y calor... ventanas abiertas por las que no entra ni pizca de aire... días sin palabras, sin sentido, sin letras... terrazas vacías de lo que hubo ayer y no hoy... preguntas sobre el interior y el "corazoncito"... mis hijos, mi vida, mi todo... un vino cada seis meses para conservar una de mis amistades preferidas... no expresa, solo habla en silencio... la mecí en su cuna y luego la vi crecer, ahora es "mi niña"... yo también pasé miedo, no se nace, se hace... no me mires, mira hacia el cielo... deja de flotar en el mar como si fuese tu medio natural... no te calles, no me calles nunca... largas charlas que te reconfortan... no debí dejarla ir aquel día... tengo miedo a no ser capaz... a veces voy allí a sentirlos cerca... y cuando ya no sea, búscame allí donde pensaba. Mil palabras. Buena noche.