Es la edad de la revolución, en la que las hormonas se vuelven locas en todos los sentidos.
Le llaman menopausia, yo lo llamo el "síndrome del ahora mando yo".
Hablando con mujeres de edades similares, la gran mayoría pensamos lo mismo, que es la hora de importarnos un poco, que hasta ahora hemos vivido para casa, hijos, trabajo...
¡Y ya está bien!.
Queremos volver a sentirnos sexis, atractivas, ilusionadas... y por qué no, deseadas, pero no cómo se desea a una quinceañera con un cuerpo espectacular, deseadas con nuestros cuerpos maduros, marcados por caderas redondeadas que deja la maternidad, con una tripita que hace que tus nalgas se marquen más, con pechos que se mueven cuando bailamos y escotes sin fin que ya les gustaría a esas pavisosas quinceañeras.
Tenemos claro lo que pensamos, ideas maduras sobre política, microeconomía de la casa, macroeconomía del mercado, nos sentimos capaces de sobrevivir en un mundo lleno de ideales machistas-clasistas marcados desde la cuna, sentimos la necesidad de desmarcarnos de los típicos tópicos de ser la señora de, la esposa de, la mujer de...
Somos mujeres con nombre y apellido, sin ser posesión de nadie, ni pertenecer a ninguna familia que no hemos elegido, ni querer que las normas cambien nuestro apellido de soltera. Tengo una edad de madurez libre, porque así quiero sentirme, con capacidad para coger aire fresco cuando lo necesite, sin tiranteces ni explicaciones del por qué quiero respirar, ni decisiones que vayan en contra del tiempo que me quede por vivir. Quiero disfrutar de mi edad por que ya es hora de que lo haga, sin juicios de valor, sin críticas innecesarias y con una conciencia más que tranquila.
Que nadie se eche las manos a la cabeza, que nadie piense que esto es la locura de los cuarenta y tantos, que nadie crea que la vida para nosotras es rutina. Todo lo contrario, ahora es cuando empezamos a vivir.
Buena noche.
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