martes, 1 de octubre de 2024

PUDO HABER SIDO

Alejarse de los recuerdos no es la solución, es huir de un momento de la vida, de momentos vividos, sean buenos, malos o peores, un mal intento pora borrar todo lo que la mente se empeña en devolver a la consciencia una y otra vez. Y con una valentía comedida, la mejor opción es aceptarlos. 

Hoy hace tres años de un mal momento que casi acaba con mi historia de vida. No es un aniversario, es tan sólo un mal recuerdo. 

Hace un tiempo mi hijo me contó un sueño, quizás premonitorio o tal vez esperanzador, en el que Juan me llevaba hacia un certero final, mientras mis dos motivos me agarraban firmemente para retenerme. 

En esta guerra de fuerzas, él lo entendió  y me soltó. El impulso de mis hijos hizo que volviera hacia el lugar seguro y me quedara con ellos. 

No hubo palabras, sólo una mirada y su dulce sonrisa, fue suficiente motivo para entender que no quería dejarles. Quizás quería medir sus amor, quizás arrancarme de la vida para no volver a perderme, quizás mi hijo necesitó sentirlo así, quizás nunca lo sabré ...

Fuimos a la conferencia un lunes y yo de vuelta, mi hijo me preguntó, ¿quién quieres que venga buscarte cuando te mueras?. Le contesté que... , sin dar tiempo a mi respuesta y sin apenas coger el aire necesario para contestar algo sensato, se adelantó a mí respuesta y me dijo que él querría a Juan o a su abuela.

Le sonreí con complicidad y susurré guiñándole un ojo que mi hermano y Juan serían mis dos elegidos, que ambos me transmitirían la serenidad precisa para soltarme de lo material y sentir la paz necesaria para olvidar lo que un día gris perdí.

Unos días después se lo comenté a un buen amigo y me afirmó quién sería mi tercera persona. No, le respondí, esa persona no. Me sorprendí a mí misma con la rapidez de la respuesta. No, le repetí varias veces. Su cara fue de sorpresa, mi contestación me hizo volver a tiempos muy lejanos, tiempos ocultos en un lugar profundo al que no quiero volver. No, no sería mi tercera persona, estoy  segura...

Mi hijo menor, siempre quiso hacerse un tatuaje, y la semana pasada se lanzó a ello. Me mandó una fotografía, su primer tatuaje sería dedicado a Juan. Quería llevarlo en su piel para siempre y eso me emocionó. Juan jamás se hubiera imaginado todo lo que dejó sembrado en este mundo, todo lo que nunca había tenido antes de llegar a nuestras vidas. Lloré en silencio,  he aprendido a hacerlo hacia dentro, sin que nadie lo perciba, a hablar de y con él susurrando en soledad, siempre prudente, como él era..

Mis hijos se acuerdan de él sin dolor. Uno se tatúa su guitarra en el brazo, la que acariciaba con cariño y respeto. Mi otro hijo quiere que sea él quién le dé serenidad cuando se vaya. Y yo, yo sólo quiero que lo recuerden como ellos deseen, de seguir amàndolo ya me encargo yo.

Pudo haberse acabado mi historia un veintinueve de septiembre de hace tres años, un momento en la que mi vida poco me aportaba, en el que me pesaba más la pena que la felicidad, en el que una simple brisa podría haberme derribado. 

Hoy camino sola recordando en cada paso a quién me daba tranquilidad, sosiego y paz en mis tormentas, he aprendido a hacerlo de forma lenta para no perder el equilibrio que él  me proporcionaba, teniendo claro que no habrá jamás una persona que me demuestre tanto amor, admiración y agradecimiento como él lo hizo. 

Sigo viendo el brillo de sus ojos en mis recuerdos, algo que no dejaré apagarse nunca, que se quedará conmigo para siempre.

Pudo haber sido el final de mi historia, pero ellos tenían más fuerza y él dejó de luchar por un amor que  vive en su sueño eterno. Gracias por entenderlo. 

Te quiero para siempre, pequeñuelo.

Buena noche.

Buena noche.